Marcada
de por vida
‘Era muy difícil tener que bañarse delante de tantas personas, la mayoría de las cuales eran hombres’
NUBIA APARICIO S.
naparicio@prensa.com
| LA PRENSA/Nubia Aparicio S. |
 |
Jaime Felipe, Natalia y Juan Sebastián. El
cautiverio los ha llavado a quererse como hermanos.
|
Estar en cautiverio es como estar muerto en vida. Es como
tener una enfermedad incurable, cuyos síntomas son la desesperación,
la tristeza, la impotencia y la soledad.
Así lo considera Natalia Rodríguez Briñez, otra víctima del secuestro masivo del edificio Miraflores, quien tenía solo 15 años cuando los facinerosos de las FARC se la llevaron.
Al igual que Jaime Felipe y Juan Sebastián, Natalia cumplió su mayoría de edad en cautiverio.
Ella vive en el piso de arriba de los Lozada, a quienes considera parte de su familia.
Juan Sebastián le avisó que una periodista de Panamá estaba en su casa conversando con ellos y le preguntó si quería bajar... luego de consultar con sus padres, respondió que sí.
Al rato aparece. Se arregló especialmente para la entrevista. Se veía linda, pero a la vez triste y muy delgada.
De aquella niña que se fue una noche sin despedirse, poco ha quedado; tal vez es más reflexiva, seguramente más fuerte física y mentalmente, pero con un dolor por dentro, que aunque no lo refleja, cuando frunce el ceño es perfectamente perceptible que los tres años, tres meses y tres días que estuvo en cautiverio la marcaron para el resto de su vida.
Natalia fue secuestrada junto a su padre, Aníbal Rodríguez, y su tío, Jaime Andrés Briñez, un prominente arquitecto de Neiva, en julio de 2001, y fue liberada hace solo dos meses.
Al hablar de su experiencia en el cautiverio, Natalia dice que el cambio fue brutal, porque "uno vive controlado las 24 horas del día, sin poder moverse libremente y hasta se pierden los momentos de intimidad. Confiesa que para ella era muy difícil tener que bañarse delante de tantas personas, la mayoría de las cuales eran hombres. Cuando uno está lejos de las personas que quiere todo se complica y hasta se llega a pensar lo peor, dice Natalia, aunque señala que para ella fue muy importante contar con la compañía de su padre y de su tío en el cautiverio. "Ellos fueron una pieza clave para que yo pudiera sobrevivir en esa situación tanto tiempo; me ayudaron a fortalecerme mentalmente y a nunca perder la esperanza de volver a casa", señala.
–¿Podrías explicar cómo era tu rutina diaria en cautiverio?
–Me levantaba un poco antes de las 6:00 de la mañana para escuchar algo de radio y esperar el desayuno que generalmente era a las 6:15 de la mañana; luego me ponía a tejer y a jugar naipes u otro juego de mesa; a eso de las 9:00 de la mañana los guardias nos llamaban para ir al baño, lo cual era por turnos de dos a tres personas. Ya cerca de las 11:00 de la mañana quedábamos desocupados y nos poníamos a escuchar radio y a esperar el almuerzo, que era a las 11:30 de la mañana. Al mediodía escuchábamos el noticiero "El Imparcial", de la emisora HJKK, en el que teníamos un espacio en donde nuestros familiares y amigos nos enviaban mensajes que nos llenaban de mucha fortaleza para soportar la dura prueba que nos había puesto la vida.
Una vez finalizado el noticiero, volvíamos a retomar los juegos de mesa y a conversar entre los secuestrados; esperábamos que dieran las 5:00 de la tarde para cenar y luego rezar el Santísimo Rosario en grupo. Después no nos quedaba otro remedio que ir a la cama a escuchar radio y a dormir, pues cuando va cayendo la tarde los mosquitos se vuelven insoportables.
Los días eran monótonos, llenos de mucho dolor e incertidumbre; pero teníamos que levantar la cabeza con mucha fortaleza y dignidad, porque sabíamos que nuestras familias estaban haciendo todo lo humanamente posible para tenernos de regreso en casa.
A veces pensaba que no iba a volver a la libertad, pues pasaban los años y no tenía claro el estado de las negociaciones.
Para Natalia, estar secuestrado es algo muy denigrante para un ser humano, es de las peores cosas que le pueden ocurrir a un ser humano... "lo que mis compañeros y yo vivimos no se lo deseo ni a mi peor enemigo, pues no le veo justificación alguna a este delito de lesa humanidad; pero igual uno tiene que sacar las cosas positivas de sus tragedias, pues ayudan a tener una percepción clara y distinta de la vida, y ayudan a madurar y a crecer como ser humano... eso pasó conmigo". Aparte de que "en cautiverio aprendí a tejer manillas y a bordar, lo cual me ayudó muchísimo a distraerme", señala con orgullo.
–¿Cómo fue tu relación con Pipe, Tatán y Gloria?
– Fue una relación muy linda, llena de respeto, solidaridad y amor. Ellos para mí son muy importantes, los considero como de mi propia familia, pues siempre me tendieron la mano y me ayudaron mucho. No tengo, sino sentimientos de agradecimiento y cariño para ellos que son unos guerreros, y es de admirar la fortaleza y la dignidad con que siguen asumiendo esta dura prueba, pues Gloria, su madre, sigue, desgraciadamente, en cautiverio.
La falta de mi madre fue una de las situaciones más dolorosas de sobrellevar durante el secuestro. Mi mamá siempre ha sido mi mejor consejera y mi confidente. En el tiempo que Gloria Polanco estuvo con nosotros, ella se portó muy bien conmigo, como una verdadera mamá. Me ayudó demasiado y me instruyó para que pudiera manejar cierto tipo de situaciones. Cuando la separaron de nosotros, a mí se me partió el corazón.
–¿Hasta qué punto tenían ustedes contacto con sus captores?
–El contacto con nuestros captores era un poco restringido, pues a ellos no les gusta entablar mucha conversación porque piensan que mucho acercamiento se puede prestar para una fuga de los secuestrados o para una deserción de la tropa. En lo que a mí respecta, algunas veces hablaba con ellos. Sentía curiosidad por saber qué pensaban y hasta dónde quieren llegar con lo que hacen. El trato fue respetuoso y cordial, pero con cierta distancia; además, lo que nos estaban haciendo no ameritaba en lo absoluto un acercamiento más que para lo estrictamente necesario.
–¿Cuándo te enteraste de que ibas a ser liberada?
–Me enteré de que iba a ser liberada junto a mi padre y a mí tío el 9 de octubre. Ese día nos sacaron del campamento en el que llevábamos tres meses. Empezaron a movilizarnos por carro, lancha, a pie, a caballo y a lomo de mula, travesía que duró 21 días, pues estábamos muy metidos en la selva.
Nuestra liberación se produjo después de intensas negociaciones, las cuales terminaron en un arreglo económico, cuya suma fue bastante alta. Finalmente, el día 30 de octubre fuimos entregados a un sacerdote, quien nos llevó a una zona segura para poder regresar a nuestro hogar.
–¿Qué ha significado toda esa experiencia para ti?
–El secuestro te deja marcado de por vida. Mi corazón no guarda rencor porque sería hacerme más daño a mí misma, mucho más del que me hizo la guerrilla, pues hay que asimilar esa terrible experiencia de una u otra forma y entender que ello es solo un reflejo de la confrontación que vive mi querido país, Colombia.
–¿Qué planes tienes?
–Mi prioridad es terminar el bachillerato, porque me interesa ser una persona útil para mi país. Creo que la mejor manera es validando, ya que mis compañeras de colegio no me quisieron esperar.
Mi familia y yo nos quedaremos aquí, en nuestra adorada Colombia, porque amamos nuestro país y creemos profundamente en él; y sé que tarde o temprano habrá una recompensa para el sufrimiento de todos los colombianos.
Además en portada
• El agua arrasa Bocas • Inician proceso de depuración en la Fiscalía Auxiliar • Comercio al por menor se estanca en el TLC • Reformas fiscales se conocerán hoy • Museo flotante • Eisenmann aconseja a Torrijos • Expectativas por reformas fiscales • Moscoso asegura que no renunciará • La disputada presidencia del MOLIRENA • Descifran ADN de bacteria mortal • Fallece ex diputado Arias Espinosa • Aclaración • Cementerio de tinacos • Déficit de 25.2 millones en programa de IVM • ANFACSS: ‘Con este sindicalismo, perdemos’ • Apertura del Tapón pondría en riesgo a la región • Aceite de oliva protege de cáncer • Cinco muertos en el asueto • Fox rechaza críticas por candidatura • Discapacitados asistirán a clases regulares
• Reportaje: Tres años en cautiverio • Reportaje: Marcada de por vida
|