Tres
años en cautiverio
La congresista Gloria Polanco de Lozada, es la única del caso Miraflores que permanece secuestrada NUBIA APARICIO S.
Enviada especial
naparicio@prensa.com
| Cortesía La Nación/Neiva |
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Los residentes del edificio Miraflores, quienes hoy
son como una gran familia, estaban de fiesta. Todos esperaban a los hermanos
Jaime Felipe y Juan Sebastián Lozada, después de tres largos años
de ausencia. Fueron liberados hace cinco meses.
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NEIVA, Huila (Colombia). –Juan Sebastián y Jaime Felipe Lozada se convirtieron en adultos mientras permanecían secuestrados. Ambos cumplieron los 18 años de edad en cautiverio, en la montaña, lejos de sus padres y demás
seres queridos.
Los dos jóvenes, que fueron sacados de forma violenta de su hogar junto con su madre, Gloria Lozada de Polanco, cuando apenas eran unos adolescentes, han sufrido grandes cambios en sus vidas y están marcados por las huellas que fue dejando el prolongado correr de los años. Fue una dura experiencia de tres años que hoy, en libertad, no le desean a nadie.
Pese a todo lo sucedido, aman al género humano, a Neiva, su ciudad natal, y al edificio Miraflores, de donde fueron llevados abruptamente la noche del 26 de julio del 2001.
Cuando echan el casete para atrás y recuerdan lo sucedido, aún les parece mentira lo que vivieron, "fueron como escenas sacadas de una película", recuerda Jaime Felipe (Pipe), el mayor de los dos jóvenes, quien tenía 17 años cuando fue secuestrado. Ahora tiene 21.
Jaime Felipe guarda silencio. Da la impresión de que pone en orden sus pensamientos y recuerda: "Nos sacaron del edificio y nos introdujeron en unas camionetas que adecuaron como si fueran de la Policía, nos llevaron acostados hasta un punto donde nos bajaron y nos hicieron formar". Luego de eso le preguntaron el nombre a cada uno de los secuestrados. Después empezaron a caminar hacia el primer campamento.
Recuerda que los secuestrados (en total eran 15) del edificio Miraflores caminaron alrededor de seis horas por la montaña hasta llegar a un campamento grande y rudimentario donde había muchas "caletas" (especies de dormitorios improvisados con palos y plástico).
Pareciera que a Jaime Felipe no le gusta recordar mucho su experiencia en la montaña durante esos tres años de cautiverio. Pese a ello, al hablar un poco de lo que hacía cuando permanecía secuestrado, señala que no había mucho que hacer en el campamento. "Hablábamos constantemente para desaburrirnos; cuando se presentaba la oportunidad de leer, lo hacíamos. Tratábamos de estar juntos, de recordar experiencias vividas cuando éramos libres y de asimilar el problema por el que estábamos pasando", relata.
Otra cosa que hacían era soñar; soñaban despiertos, hablaban mucho sobre lo que harían una vez fueran liberados... "manteníamos una relación muy estrecha", señala. No obstante, vivían una agonía permanente porque no sabían si se iban a salvar, si los iban a dejar vivir.
En cuanto a la alimentación, expresa que les daban comida cuando había. Hubo una época en que los alimentos escasearon bastante. Fueron tiempos muy difíciles que duraron más o menos tres meses. La comida era un poquito de arroz con dos papitas, nada más. Aunque trataban de darles las tres comidas, la ración era muy pequeña. "En esos tres meses todos nos adelgazamos y nos enfermamos", afirma.
Para Jaime Felipe, lo más desgarrador de toda esa experiencia fue cuando a los seis meses de estar en cautiverio se llevaron a Gloria, su madre, del campamento donde todos permanecían juntos. "Llegaron por ella... y se la llevaron", expresa el joven mirando fijamente hacia una gran zona montañosa que se deja ver desde el balcón de su apartamento en el edificio Miraflores.
Los jóvenes permanecieron seis meses junto a su madre, y dos años y medio sin su presencia, tiempo durante el cual no han tenido ningún tipo de comunicación con ella. Gloria fue lanzada a candidata a congresista estando en cautiverio y ganó con creces. Fue entonces cuando su caso adquirió un cariz político.
Cuando ocurrió el secuestro, Jaime Felipe estaba en el último año de bachillerato y aunque le faltaban seis meses de clases, el colegio lo graduó estando ausente. Ahora está en la Universidad del Rosario, en Bogotá, y estudia mercadeo de negocios internacionales.
–¿Qué significó toda esa experiencia para ti?
–Aprendí muchas cosas. Maduré bastante. Ahora comprendo mejor los asuntos del acontecer nacional. He aprendido a valorar muchas cosas que antes no valoraba, como por ejemplo, la familia, los amigos... aprendí a tener prioridades. Antes lo más importante para mí eran los amigos, las muchachas, las fiestas, ahora es mi familia, estar pendiente y cerca de ellos... y después, lo demás.
En fin, uno madura mucho, a los golpes, pero madura.
–En cuanto a tu madre, ¿qué piensas?, ¿la dejarán libre?, ¿tienes esperanzas?
–Estoy seguro de que muy pronto la tendremos de vuelta en casa, aunque la situación no es tan sencilla, porque los procesos para lograr un acuerdo humanitario no se han cumplido como quisiéramos.
Lo más triste para Jaime Felipe, su padre y sus hermanos es que no tienen pruebas de supervivencia de Gloria; "no sabemos nada de ella, aunque suponemos que está viva, nos preocupa mucho su salud". Los guerrilleros no han dado pruebas de supervivencia desde hace mucho tiempo... "eso es lo más duro", expresa el joven visiblemente consternado.
A Jaime Felipe le preocupa mucho cuando piensa en su madre, una mujer delicada y muy citadina. Piensa en las largas caminatas que tiene que realizar en la montaña y también en la angustia que está seguro le produce estar lejos de sus seres queridos.
Además, Gloria sufre de la tiroides, y si no le suministran el medicamento tiroxina, se le sube la presión, además de que se le afectan los riñones.
Jaime Felipe, junto a su padre y hermanos, piensa mucho en la situación en la que pudiera estar su madre: ¿le estarán dando la medicina? Esa es una de las tantas interrogantes que los atormenta día tras día. Expresa que han tratado de soportar toda esta situación con mucho estoicismo y de tener mucha fortaleza, "pero si tuviéramos una sola comunicación de parte de ella, la incertidumbre sería menor, porque al menos tendríamos la seguridad de que está viva".
Ellos le mandan mensajes casi a diario, con el convencimiento de que por la emisora ella escucha, pero tampoco están plenamente seguros de que es así.
El hecho de que no haya una prueba de que ella está viva, "nos mantiene tristes, nostálgicos... llegó la Navidad... ¡y nada! Cada vez que sonaba el teléfono el día del nacimiento de Jesús, en sus mentes solo había un pensamiento: "¡puede ser mamá!", pero al final... ¡nada!
‘Veo la vida de una forma muy distinta’: Tatán
Juan Sebastián (Tatán) tenía 15 años cuando se lo llevaron de su casa los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pocos meses antes de ser liberado, cumplió 18. El joven habla con propiedad, como lo hace un hombre hecho y derecho.
Para él, toda esta odisea es una experiencia extremadamente dura en todos los sentidos, pero que a la vez le permitió ver la vida de una forma muy distinta a como la veía antes de ser secuestrado.
A Juan Sebastián le duele reconocer que en su país hay mucha indiferencia y poca solidaridad con las personas que son víctimas de este flagelo.
Indica, empero, que no todo fue malo. Por ejemplo, señala que fue enriquecedor para él estar tanto tiempo junto a las personas con las que permaneció en cautiverio. Fue importante para él, el vínculo aún más fuerte que mantuvo y mantiene con su hermano Jaime Felipe. El hecho de compartir tres años junto a él la misma angustia, el mismo dolor y la misma tragedia, hizo que se quisieran mucho más.
Los conocimientos que tuvo la oportunidad de adquirir a través de Aníbal, Jaime, y de todas las personas con las que permaneció en cautiverio, los está poniendo en práctica ahora que está en libertad.
–Vi unas cartas que tu papá recibió de parte de ustedes cuando estaban en cautiverio, ¿cómo fue que se las dejaron enviar?
–La cosa no fue tan fácil. Nosotros fuimos secuestrados y a los pocos días nos permitieron escribirle una carta a nuestro padre. Nuestras familias no sabían nada. Si nos habían matado, si estábamos heridos... Así es que nos dejaron escribir la primera carta y logramos enviarla.
Después de dos años, una vez nos sentimos muy desesperados y tristes, porque escuchábamos a mi papá por la radio, muy angustiado por nosotros y por mi mamá. Lo escuchamos y su voz nos decía que estaba desesperado, porque no sabía nada de nosotros. Y mi hermano y yo, allá en la montaña, sin poder hacer nada... ¡qué impotencia! Fue entonces cuando empezamos a molestar y a insistirles a los guerrilleros para que nos permitieran escribirle a nuestro padre; y de un momento a otro, nos dieron la autorización para que le escribiéramos una carta. Eso fue después de dos años de estar en cautiverio.
Según el joven, uno se siente morir cuando escucha a un familiar por la radio; es muy duro, pero también gratificante... a veces dan ganas de morirse.
La otra comunicación que los jóvenes tuvieron con su padre fue una nueva carta que escribieron cuando se enteraron de que un compañero iba a ser liberado; "la redactamos y se la mandamos... esas fueron las únicas comunicaciones que él pudo tener con nosotros", dijo.
–¿Cuándo se enteraron ustedes de que serían liberados?
–A nosotros nos separaron del grupo tres semanas antes de ser liberados. Aunque se nos comunicó que nos iban a dejar en libertad, tuvimos dudas por la experiencia que vivimos con respecto a mi mamá... ellos (los guerrilleros) nos mintieron, se la llevaron y nunca más nos dijeron nada sobre ella. Ya teníamos como tres semanas de estar separados de los demás secuestrados, cuando un guerrillero que se había ido la noche anterior a buscar noticias nos comunicó que nos iban a liberar porque ya las condiciones se habían dado... que esa misma noche o en la madrugada nos dejarían libres, pero que tenía que confirmarlo y así fue. Como a las 2:00 de la tarde de ese mismo día se acercó a nosotros y nos dijo que éramos libres. No lo podíamos creer. Inmediatamente empezamos una travesía que duró cinco días. Caminamos mucho, no sé cuántas horas; hubo trayectos en que nos transportaron en bote, otros en motocicletas acuáticas y después en carro.
A Juan Sebastián le impresionó mucho cómo en el camino se encontraron con gente que apoya a los guerrilleros, y asegura que quienes dicen que la guerrilla se puede acabar militarmente es porque no conocen cómo es el terreno allá y cómo se mueven ellos.
"Después de lo que yo vi, sencillamente puedo asegurar que no es posible acabar con los guerrilleros por la vía de las armas. Tienen demasiada gente, demasiado poder, y conocen demasiado sus terrenos. Saben cuándo llega el ejército, por dónde entra. Si el ejército conoce un camino por allá, ellos conocen otro paralelo. Es algo impresionante... muy berraco", asegura el joven.
Fue dejado con su hermano en una región montañosa de la sierra de La Macarena, hasta donde llegó una comisión de familiares y los recibió. Estaban delgados y se sentían muy débiles.
Los jóvenes experimentaron los primeros momentos de libertad en San Vicente del Caguán. Allí se quedaron una noche, pero la emoción de estar libres y de ver a sus familiares no les permitió dormir. En la madrugada salieron en una camioneta rumbo a la capital huilense. Fue un largo y tortuoso viaje que duró varias horas y que intranquilizó a quienes se habían
apostado en la entrada del edificio Miraflores con la firme idea de recibir
a los liberados.
Centenares de personas los esperaban en las orillas de las calles con banderas blancas... los jóvenes describen las escenas como "algo increíble". La comunidad de Neiva había salido a recibirlos, a manifestarles su solidaridad y el profundo respeto por la valentía con la que enfrentaron la dura prueba del secuestro.
–¿Ahora que eres libre nuevamente, temes por tu seguridad o a que te vuelvan a secuestrar?
–La verdad es que no me siento seguro, pero tampoco tengo miedo. Ya pasé por esa experiencia y no creo que vuelva a pasar. Mi padre pagó una alta suma de dinero por la libertad de nosotros, aunque estoy consciente de que de esa gente uno no se debe fiar. Sí me da miedo, por ejemplo, que haya un atentado terrorista, que pongan una bomba y me convierta en víctima.
Cuando Juan Sebastián fue secuestrado le faltaba un año para graduarse de la secundaria. Luego de regresar del cautiverio, le hicieron un plan especial de seis meses, tiempo en el que deberá tomar un curso intensivo para poder graduarse, luego de lo cual planea ingresar a la universidad para estudiar administración de negocios internacionales.
Aunque su hermano Jaime Felipe habló de Gloria, su madre, Juan Sebastián no puede dejar de hacerlo. Al respecto señala que la razón de él y de su hermano de seguir luchando allá en cautiverio fue volver a ver a su mamá, junto a su padre y a su hermano Daniel. "Esa idea nos mantuvo vivos. Si no hubiera sido por ellos, en lo que a mí respecta, me hubiera dejado morir. Ahora mismo la razón de mi vida es mi familia, principalmente mi mamá".
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