El secuestro, flagelo sin fronteras
ROBERTO LOPEZ D.
rlopez@prensa.com
A diferencia de Colombia, donde se dice –con estadística en mano– que el secuestro es la "la mejor industria del país", en Panamá este delito tienes dos fines primordiales: tumbe de drogas y deudas por juegos de azar.
De acuerdo con el director de la Policía Técnica Judicial (PTJ), la mayoría de los secuestros se da por las causas antes señaladas y muy pocos son motivados por razones económicas.
El año pasado fueron secuestradas siete personas en Panamá. Solo en dos de los casos los plagiadores pidieron dinero para liberar a las víctimas.
Entre los secuestros más sonados está el de Sam Kardonsky, en 1984, un banquero panameño que apareció sano y salvo un año después en Ecuador, luego que su familia pagó el rescate. También se recuerda el del empresario Takashi Ota en 1992, quien fue asesinado por sus captores.
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