Panamá, 10 de enero de 2005
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Análisis
Evolución de la violencia en Colombia

NUBIA APARICIO S.
naparicio@prensa.com

La violencia en Colombia tiene orígenes muy complejos, y no todos obedecen a las mismas causas. Hay causas concurrentes en el tiempo y en el espacio, y aparte de eso no guardan relación entre sí. Un buen ejemplo es la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, el célebre caudillo liberal que fue asesinado el 9 de abril de 1948, en plena carrera séptima, en el centro comercial de Bogotá. Con ese hecho comienza una era de violencia entre liberales y conservadores, que no terminaría sino hasta mucho después con los acuerdos del Frente Nacional y la reforma constitucional que se llevaron a cabo en el año 1957.

Pero eso no significó que hubiese acabado la violencia; simplemente lo que terminó fue la pugna entre los dos partidos señalados. La violencia continuó con otro nombre y bajo otro ropaje, porque había una generación nueva que no tenía estudios formales de ninguna especie, ni primarios ni secundarios, ni tampoco tenía experiencia laboral alguna, pues por razón de la violencia había estado sustraída de todo el proceso normal de formación de la sociedad colombiana; así las cosas, lo único que sabía era matar y sus credenciales en esa materia eran incuestionables.

Fue así como se formaron unos grupos de bandoleros que realmente eran asaltantes de camino, que sembraron el terror en las zonas campesinas de Colombia y contra las cuales el ejército regular era absolutamente impotente.

La naturaleza de la guerrilla exige ser siempre nómada al que participa en ella, andar de un lugar a otro y no establecer vivienda fija en ninguna parte; esa es la razón por la cual los chiquillos no iban a la escuela y, por lo tanto, no podían obtener educación ni experiencia laboral.

Con el transcurrir del tiempo, y obligados por las circunstancias, se forma una respuesta de los grandes ganaderos y terratenientes para poner a salvo sus bienes, y esto lo hacen más o menos empleando las mismas tácticas de la guerrilla; pero la indumentaria cambia y así surgen las Autodefensas Campesinas, un grupo paramilitar de derecha que se enfrenta a la guerrilla sin las inhibiciones formales que tenían las tropas regulares de Colombia, entre las que estaba rendir cuentas de sus actos ante el poder civil, que a su vez estaba condicionado por tratados y obligaciones en materia de derechos humanos.

La situación se complicó aún más, porque el ejército y los políticos colombianos usaron a las fuerzas paramilitares de las Autodefensas Campesinas para realizar todas las tareas sucias que no se atrevían a confiarle al ejército, y eso les dio a las últimas una especie de estatus semi-oficial y la complicidad abierta del ejército, cosa complicada porque cómo se le va a reclamar a Colombia una matanza hecha por las Autodefensas Campesinas, si ellas no tienen embajador ni representante en las Naciones Unidas. Así es que cuando había que hacer una tarea sucia, llamaban a las Autodefensas Campesinas. Estas lo hacían y no pasaba nada.

Luego se presenta una fase complicada por la intervención originalmente de Cuba, en forma directa, y posteriormente de Pekín y de Moscú, en lo que se podría llamar el período de la guerrilla ideológica, cuando se utiliza la experiencia adquirida de los grupos guerrilleros para infundirles un componente ideológico y pedir el reemplazo de las autoridades civiles y militares colombianas por un grupo guerrillero que tomaría las decisiones políticas; en pocas palabras, derrocar al Gobierno colombiano.

Pero el gran problema sobrevino con la desintegración del bloque soviético. La caída del muro de Berlín y la desaparición de la famosa cortina de hierro que produjo cambios políticos, sociales y económicos muy importantes. Entre esos cambios el más notable fue la falta de apoyo económico a ese tipo de movimientos insurgentes y, como consecuencia de eso, se produjo una unión informal entre el narcotráfico y la guerrilla: el primero proporcionaba los recursos y la segunda la protección, explicó el coronel colombiano Carlos Arturo Beltrán.

Esa asociación de los grupos guerrilleros con el narcotráfico, era, por supuesto, muy incómoda de explicar para los guerrilleros, por lo que desesperadamente buscan algún sistema de autofinanciamiento de fuentes más ortodoxas, y efectivamente tratan de organizar un sistema tributario basado en las recaudaciones forzosas hechas por ellos mismos. De esta manera se establece el secuestro como una fuente importantísima de autofinanciamiento, al extremo de que se le ha llamado "la principal industria de Colombia", afirma el coronel Beltrán.

Luego vienen intentos infructuosos de incorporar la guerrilla a la vida política del país, como los hechos por los presidentes Belisario Betancourt y Andrés Pastrana, y que fueron exitosos en Centroamérica, particularmente en Guatemala y El Salvador, pero no en Colombia.

Hay estimados de las recaudaciones por conceptos de secuestro y las sumas aproximadas que se han pagado por el rescate a los secuestradores. Aunque por lo general la persona que paga por la liberación de alguien no quiere revelar la cantidad, se ha conocido que hay quienes han pagado sumas millonarias por el rescate de alguna víctima.

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