Raíces
De los hospicios
Los hospicios acogían a huérfanos, pobres, peregrinos, menesterosos y personas con trastornos mentales Harry Castro Stanziola
Fotografía: Ricardo López Arias
revista@prensa.com
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En esta ocasión nos tuvimos que trasladar —y lo hicimos con placer ya que hay mucha historia para contar— a las oficinas de la Basílica de Don Bosco en donde a su lado y claro que en una edificación aparte hubo un hospicio hasta 1958. El sacerdote Catedral describe lo que se ve en nuestra fotografía de hoy como un oratorio festivo. La mayoría de los seres que aparecen son jóvenes, mas también se ve a unos pocos adultos. A ellos se les ofrecía y en forma gratuita, buena parte de su alimentación, distracciones en forma de deportes y educación cívica y religiosa. La idea era ayudar a forjar mejores ciudadanos. El local que aquí se ve hoy ya no existe. Las edificaciones que siempre estuvieron en la Avenida Central sufrieron muchas modificaciones, lo mismo las actividades que allí se ofrecían que además de las ya descritas, incluyeron talleres para aprender varios oficios tales como sastrería. Hoy todo ha sido trasladado al Instituto Técnico Don Bosco allá en el barrio de Paitilla. Volviendo al hospicio, hubo épocas en que hasta se presentaron funciones de teatro. Cambiando de tema hablemos de nuestra fotografía del domingo 2 de enero. Otro amigo y colaborador, Roberto Reichard y quien representó durante muchos años a compañías que fabricaban equipos similares a los que allí aparecen, nos explicó que lo que aparecía a la derecha de la fotografía era una tabuladora que usaba tarjetas perforadas. Hay también una pequeña sumadora de mano marca Sunstrand y una máquina de escribir Underwood. Las tabuladoras eran principalmente IBM o Remington Rand. Lo que no vemos son los transmisores que se necesitan en las telegrafías. ¿Sería alguna otra clase de oficina diferente? Como siempre, esperamos que nos llegue más ayuda por parte de nuestros fieles y atentos colaboradores. Amables lectores, les deseamos que el 2005 sea como un número premiado de una lotería extraordinaria que nos proporcione honestidad, verdadero amor al país y a su gente, ausencia de la baja politiquería, trabajo, organización, seriedad, no mas improvisación y todo lo que absolutamente todos, nos merecemos a fin de engrandecer al país.
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Los llamados hospicios fueron muy comunes antes. Con el tiempo, aun cuando siguen cumpliendo funciones semejantes, ya casi que no se les llama así.
Ahora se han transformado en asilos y todavía bajo ese nombre quedan algunos en la República de Panamá.
Tales son los casos del Bolívar en la capital; Santa Luisa en Puerto Pilón en la costa atlántica; el Asilo de Ancianos en David y de seguro que algunos más.
Los hospicios de antes acogían a niños abandonados, huérfanos, personas pertenecientes a familias de muy escasos recursos, peregrinos, menesterosos, personas con trastornos mentales. Hubo una época en que también alojaban y cuidaban de los enfermos.
Nuestro Hospital Santo Tomás, con funciones más definidas, en un tiempo y hasta comienzos del siglo XVIII se conocía como un hospicio, hasta que se le concedió en 1702 el nombre de hospital.
También hubo congregaciones religiosas que recibían el apelativo de hospitalarios ya desde 1050 en Jerusalén.
Con posterioridad se organizaron en forma de pequeños ejércitos para poder defender a sus protegidos. Tal fue el caso de los Caballeros Templarios, orden fundada también en Jerusalén. Estos no terminaron muy bien, ya que fueron acusados de obtener ganancias enormes en metálico, originadas en otras actividades y de otros vicios más.
Aun hay que añadir muchas asociaciones parecidas, tales como los hospitalarios de San Juan de Dios, la orden Teutónica, los de Santo Tomás de Villanueva —fundada en 1660 y de la cual deriva un ramo que vino hasta acá y que no tenía carácter militar—.
Nuestros hospicios también tuvieron y han tenido funciones muy diferentes a las del Santo Tomás. Los de acá no han sido de guerreros ni mucho menos financistas con gran capital. El acoger a los que no poseen bienes materiales fueron sus primitivas funciones.
Hoy hay que añadir importantísimas acciones educativas.
Las comunidades de los salesianos aun continúan educando y protegiendo a ancianos y desamparados.
Es así como en lo educacional, hoy existe el Instituto Técnico Don Bosco, continuador de una tradición la cual ha entregado a la sociedad panameña una enorme cantidad de profesionales en las más diversas ramas, todas de enorme utilidad.
Esta comunidad fue fundada en la ciudad italiana de Turín en 1846.
A Panamá llegaron en el siglo siguiente y en gran parte constituida por sacerdotes centroamericanos y españoles de grata recordación.
Carlos Endara tuvo gran predilección por las comunidades mencionadas y por eso hemos hablado de ellos en variadas ocasiones.
Gracias a los sacerdotes Luis Mangana y de manera especial a José Mauricio Catedral, por el tiempo que nos dedicaron tratando de dilucidar nuestra foto de hoy y mostrándonos cómo ha evolucionado todo lo que siguen administrando hoy. Ya que los edificios son diferentes.
Inclusive constatamos los restos del túnel que pasaba por debajo de la actual Avenida Nacional, para que niños, jóvenes y profesores llegaran sin peligro al otro lado a practicar el football o balonpié en un lote cercano. El túnel se clausuró.
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