Un teatro menos
La Cúpula, ubicado en El Cangrejo, será demolido para construir un edificio de apartamentos Roberto Quintero
rquintero@prensa.com
| LA PRENSA/Geovanni Hernández |
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Ya llegó el verano, pero el sol no saldrá para todos.Sobre la comunidad teatral panameña se cierne una gran sombra, producto de un "ambicioso proyecto" de 28 pisos de altura.
Es el Onyx Tower, edificio de apartamentos que impulsa la empresa Inversiones Natasha. Estará ubicado en El Cangrejo, justo donde antes quedaba el Teatro La Cúpula.
Exacto, quedaba. Allí donde subieron a escena un sinnúmero de obras —desde su apertura en 1987—, el telón cerró definitivamente hace algunas semanas. El último montaje presentado se llamó ¿Dónde está Santa Claus? Acaso un presagio desesperanzador, ¿puede ser?
Solo para algunos que aún no terminan de enterarse o salir del shock. Otros ya lo sabían.
Arranca la demoledora
La compra del terreno se dio el pasado mes de abril. Pero todo se manejó en el más estricto silencio.
Según Marko, el propietario —mejor conocido por su trabajo como mago, actor y productor de teatro— solo compartió la noticia con unos cuantos, buscando evitar la especulación.
Por otro lado, explica que la entrega se veía lejos, en aquel entonces. Incluso estimaba que parte del 2005 podría tener el teatro abierto. Pero las cosas cambiaron.
El desalojo definitivo fue hace apenas unos días. La demolición aún no se ha efectuado. La Cúpula sigue en pie. Pero el escenario es desolador.
No quedan más que cuartos vacíos y marcos sin puertas. "He estado vendiendo algunas cosas. Otras se las he donado a iglesias o escuelas", cuenta.
El motor de las demoledoras aún no enciende. Marko calcula que de esta semana no pasa.
Buenos días, tristeza...
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El terreno fue vendido en abril del año pasado. Ahora solo queda el recuerdo.
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Muchos teatristas andan con el moco caído.
Cuando La Cúpula apareció, la única otra sala privada que había era el Teatro en Círculo. Por ende no son pocos los que se iniciaron allí.
"Realmente tengo buenos recuerdos del teatro". Así resume el director Pablo Salas todo un cúmulo de anécdotas.
"Yo hice mis pininos allí. Si no me equivoco, fuimos el segundo grupo que hizo una obra allí: El sistema, con el Teatro Popular Universitario".
Marko no niega la nostalgia que produce el gran paso. Aquello era su vida. El terreno lo heredó de sus padres y el teatro lo construyó con sus manos, "junto a dos albañiles y un peón".
El cuenta que, con el ajetreo, "estoy muy ocupado como para sentir el golpe". Pero sabe que la tristeza no demora en tocar su puerta.
Sin embargo, no se arrepiente de haber vendido. Dice que La Cúpula no causaba pérdidas económicas, pero sí daba complicaciones y le robaba tiempo.
Además, "El Cangrejo ahora es un área residencial, un barrio dormitorio, y el teatro ya había quedado desfasado dentro de él", alega.
Más importante aún, a Marko le hicieron una oferta que no pudo rechazar. Y con ese dinero en la mano y menos responsabilidades sobre la espalda, "ahora me puedo dedicar de lleno a mis proyectos como productor".
Aunque aquello le satisface, prefiere mantener la boca cerrada. Mantener el bajo perfil y no hablar de cifras. Se limita a decir que el terreno es muy valioso y que al final resultó un buen negocio.
Se busca un espacio
Ahora que se tiene un teatro menos todo cambia.
Al menos así piensa el director Edwin Cedeño. "A diferencia del sector comercial, el sector cultura no compite consigo mismo. Entre más espacios existan tendremos más opciones". O sea, lo contrario de lo que está ocurriendo.
Agrega Cedeño —quien además administró La Cúpula hace algunos años— que la evolución de la que habla debe ser como una onda expansiva donde el crecimiento involucre todos los aspectos, incluyendo los espacios y sus condiciones.
"Por ejemplo, accesibilidad para un teatro de formatos más pequeños y económicamente más controlables. En el aspecto de la producción, Marko estuvo anuente a asumir riesgos económicos con algunos productores, lo cual era un atractivo para algunos que necesitaban algún tipo de apoyo", señala.
Por su parte, el director y productor Daniel Gómez Nates concuerda con Cedeño y recuerda al Marko solidario: aquel que tiraba la toalla "ahora que la cosa se pone cada vez más dura".
No solo eso. A Gómez Nates le preocupa que ahora se limitan las alternativas, "sobre todo las más accesibles en términos económicos". Para él eso representaba La Cúpula.
"Hay muchos productores grandes que no se preocupan, u otros grupos estables que podemos pagar otros espacios, pero ese no es el caso de todos los que hacemos teatro", señala.
Sí, están un poco apiñados y podrían asfixiarse. De hecho, Anina Horta cree, al igual que los demás, que la situación es grave, porque "al haber menos salas los grupos tenderán a desaparecer, por lo menos los grupos cometa, esos que hacen una obra de vez en cuando".
Ella sabe de qué habla. El Teatro ABA, el que ella regenta, está reservado este año hasta el 11 de diciembre. O sea, no hay espacio.
Lo que queda no sirve de mucho, en su opinión y experiencia como productora. El Teatro en Círculo lo encuentra muy caro y el Anita Villalaz, que es del Estado, está muy lejos —y, realmente, su tarifa de alquiler es más alta que la del Teatro En Círculo, a pesar de que lo administra el Instituto Nacional de Cultura—.
Anina Horta agrega que el Teatro Nacional, La Huaca o el Teatro Balboa "ni se toman en cuenta a la hora de buscar un espacio para montar una obra de teatro, por el tamaño y lo prohibitivo de sus precios".
También está el Teatro Guild, en Ancón. Pero parece que ese nadie lo recuerda.
Si la cosa está tan fea, ¿qué pasará ahora?
¿Dónde jugarán los niños?
No todo está perdido.
Marko comenta que él, junto a otros productores que prefiere no mencionar, está tras la pista de un espacio para establecer un nuevo teatro.
Lo que se busca es "un lugar céntrico, cómodo. En algún centro comercial o algo, donde haya mucha vida y actividad económica". Este paraíso debe ser encontrado este año, según los cálculos del mago.
Por su parte, Rosario Barrera —productora independiente que trabajó con AlterArte en el Festival Internacional de Artes Escénicas— prefiere mantenerse optimista.
Ella cree que el vuelco puede llevar a la comunidad teatral por nuevos rumbos. "Pienso que nos ayudará a buscar espacios alternativos", opina.
Quién quita y resurja en Panamá el teatro de calle.
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