Una transmisión para la historia
Durante las primeras horas de los incidentes del 9 de enero, emisoras de radio impidieron a algunas víctimas de la represión de la policía zoneíta informar lo que estaba sucediendo al borde de la Zona del Canal Testimonio de Victor Acosta Umaña
Especial para La Prensa
planas@prensa.com
| LA PRENSA/Archivo |
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El funeral de los estudiantes que murieron en el enfrentamiento de ese día fue transmitido desde la Iglesia Don Bosco. Los familiares estuvieron acompañados por una multitud.
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El día 9 de enero de 1964, al terminar mi primer turno
en R.P.C. –después de las 2:00 de la tarde– fui
a visitar a mis colegas de la Emisora 1100, ubicada en Avenida Cuba,
al lado del edificio de la Lotería Nacional, que para entonces no se había
construido. La 1100 era una emisora pequeña, de limitado alcance.
Las primeras noticias
A eso de las 5:30 de la tarde llegaron a informarnos lo que acontecía en la Escuela de Balboa en la Zona del Canal. Con pesar y enojo nos dijeron que ellos querían informar al país el ultraje de que fueron víctimas en el Colegio de Balboa, por los estudiantes norteamericanos y sus padres, así como por la policía zoneíta, y lo que era aún más grave: que rompieron y pisotearon las banderas panameñas. Habían ido a dos emisoras a quejarse, pero fueron rechazados en ambas, por ello recurrían a la 1100.
Nos comunicaron que el Circuito R.P.C. los había rechazado pues el único que podía autorizar que ellos hablaran por dicha emisora era su director, Alberto Arbesú, a quien no pudieron localizar. Luego fueron a Radio Mía. Allí también los rechazaron afirmando que ese era un movimiento comunista.
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Un grupo de estudiantes arregla la bandera panameña
que sería izada en la Zona del Canal.
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Andrés Pérez Fajardo, locutor de turno en la emisora 1100, me pidió que por mi experiencia profesional evaluara la situación y entrevistara a los jóvenes estudiantes. Enfrentándome a una segura destitución, si accedía a hablar por dicha emisora, consideré que la Patria estaba por encima de todo y entré a la cabina de radio para comenzar la entrevista, Fajardo y yo.
Conforme se iba desarrollando, los estudiantes narraban todos los vejámenes, humillaciones, golpes y vulgaridades de los zoneítas, quienes aseguraban que la Zona del Canal era parte de Estados Unidos; además de impedirles a la fuerza izar nuestra bandera al lado de la estadounidense en el asta del colegio de Balboa.
La bandera de Panamá, por el derecho que le daba un acuerdo firmado con Estados Unidos en el año 1962, podía flamear en la Zona del Canal. El acuerdo especificaba que debía ser enarbolada conjuntamente con la norteamericana en las escuelas, cuarteles, bases militares y en otros sitios de la Zona del Canal.
La Comisión Negociadora del acuerdo estaba integrada por el licenciado Galileo Solís, ministro de Relaciones Exteriores; Octavio Fábrega, ex ministro de Relaciones Exteriores; Joseph Ferland, embajador de Estados Unidos en Panamá, y el general Robert Fleming, gobernador de la Zona del Canal.
El lunes, 30 de diciembre de 1963 el propio general Fleming, gobernador de la Zona del Canal, anunció que la bandera de Panamá sería izada al lado de la de Estados Unidos –en determinados sitios– a partir del 1 de enero de 1964. También dijo que la bandera de Estados Unidos no se izaría más frente a las escuelas reservadas para estudiantes estadounidenses, ni en otros lugares públicos en donde habitualmente era izada.
Al conocer este acuerdo entre Estados Unidos y Panamá, los estudiantes zoneítas, sus padres y parte de la Policía se opusieron y desafiaron incluso al propio gobernador de la Zona del Canal, general Robert Fleming.
El martes 7 de de enero de 1964, los estudiantes de la Escuela Superior de Balboa izaron la bandera de Estados Unidos frente a ese plantel, sin acompañarla de la bandera panameña, en un acto de provocación.
También se rebelaron físicamente contra las propias autoridades civiles y policivas norteamericanas, quienes se opusieron a que la bandera norteamericana se izara en ese sitio, siguiendo instrucciones del gobernador Fleming.
Frente a este desafío de los estudiantes y sus padres y al no acatamiento de el acuerdo entre Panamá y Estados Unidos, firmado por su presidente, Lyndon B. Jonhson, solo cabía que Fleming arrestara y sancionara a los que subvertían el orden y la ley. Pero no lo hizo.
Al finalizar la entrevista con los estudiantes del Instituto Nacional, a quienes le habían roto la bandera panameña los estudiantes zoneítas del Colegio Superior de Balboa, quedé tan preocupado que le dije a mi colega Fajardo que se desencadenarían impredecibles acontecimientos. Horas después mis presentimientos se cumplirían.
La refriega
Me trasladé inmediatamente a calle M y a la Avenida 4 de Julio y la Avenida Nacional. Allí los estudiantes y el pueblo panameño eran violentamente reprimidos por la policía norteamericana, quienes estaban siendo respaldados por los estudiantes zoneítas y sus padres armados con rifles, revólveres y otras armas de fuego. El tiroteo era nutrido contra un pueblo indefenso, que solo respondía con piedras, palos y lo que encontrara a su paso.
Le solicité un teléfono prestado al dueño de una tienda de abarrotes de calle M, frente al Hotel Tívoli. Después de muchos ruegos logré que el dueño de la tienda me facilitara el teléfono, garantizándole que no le costaría nada mi transmisión, pues era para la provincia de Chiriquí.
Le tuve que poner a la supervisora de la empresa Comunicaciones S.A., que tenía el contrato con la Nación de las líneas de Micro Ondas para todo el país. Le conté a Dorita, como se llamaba la supervisora de Micro Ondas, lo que estaba sucediendo y dónde la sangre de nuestro pueblo estaba siendo derramada.
Ella, Dorita, se jugó su puesto de trabajo y me conectó gratuitamente con la emisora La Voz del Barú de Chiriquí, que tenía estudios en la ciudad de David. Así los chiricanos se enteraron de los graves acontecimientos que se estaban viviendo, directamente desde el lugar de los hechos.
El Ejército norteamericano sacó las tanquetas y las ubicó a todo lo largo de la Avenida 4 de Julio y comenzó a disparar con armas de grueso calibre. Se intensificó la represión y cayeron los primeros muertos y heridos. Frente al Palacio Legislativo había un puesto de control del Ejército norteamericano, desde donde coordinaba los ataques contra el pueblo panameño.
La masacre contra el pueblo panameño se extendió los días 9, 10 y 11 de enero de 1964, con un saldo de 22 muertos y más de 300 heridos.
Después de suspender la transmisión para Chiriquí, me tocaba trabajar, a las 9:00 de la noche, en el Circuito R.P.C., que ya estaba transmitiendo las noticias de lo que acontecía. Yo le di instrucciones al locutor de la emisora chiricana La Voz del Barú, que cuando me escuchara en mi turno en R.P.C. se conectara inmediatamente con la señal de esta emisora, pues lo más seguro era que se establecería una Cadena Nacional. Así fue.
Varias emisoras se conectaron con R.P.C. a nivel nacional por la gravedad de los acontecimientos. Las agencias internacionales, entre ellas la UPI, estaban tergiversando las noticias y decían que este era un movimiento dirigido por los comunistas y que Fidel Castro estaba detrás de él.
Mentían y acusaban como agresor a nuestro país. Ante esta situación, un alto directivo de R.P.C., muy disgustado dio órdenes de no transmitir las mentiras de las agencias internacionales y amenazó con suspender los contratos con las mismas.
Fuimos a la Presidencia de la República, a brindarle nuestro respaldo al presidente Roberto F. Chiari y se conformó una gran Cadena Nacional de Emisoras, que comenzó a transmitir todo el sufrimiento del pueblo panameño, con su secuela de muertos y heridos. Aunque un general norteamericano dijo que ellos solo habían utilizado balas para cazar patos.
Se nos dijo que habían morteros apuntando hacia la Presidencia de la República y que nuestras vidas y la del presidente corrían peligro, pero a pesar de ello, allí estuvimos con otros colegas transmitiendo y respaldando al presidente Chiari, quien rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos.
El deber de la Guardia Nacional en esos momentos era defender la soberanía y la integridad de la Patria, sin embargo traicionaron al pueblo panameño, y actuaron con manifiesta cobardía al acuartelarse y dejar que el Ejército norteamericano masacrara a indefensos panameños, que dieron la vida por el derecho a ser libres.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos habrían intervenido de prolongarse la agresión, y ello hubiese detenido el derramamiento de sangre en nuestro país, ante la lucha desigual del pueblo panameño contra la potencia más poderosa del mundo.
El sepelio de los mártires fue impresionante, el pueblo en masa les dio el último adiós a sus héroes y lloró al paso de los féretros cubiertos por la bandera panameña que tanto amaron y por la que murieron. Desde la Iglesia de Don Bosco en la ciudad de Panamá, partieron ellos hacia la eternidad y yo los despedí ese día con una transmisión que fue escuchada por miles de chiricanos con el corazón destrozado y con una oración en sus labios.
Ojalá que el sacrificio de nuestros mártires no haya sido en vano.
La Organización de Estados Americanos (O.E.A.) finalmente le dio la espalda a Panamá. En una resolución afirmó: "Que no hubo agresión" y que no se justificaba la denuncia de Panamá. Las emisoras 1100, en la ciudad de Panamá, La Voz del Barú y Radio David, en la provincia de Chiriquí ya no están en el aire. Radio Mía cubrió los acontecimientos luctuosos y formó parte de la gran cadena de emisoras que transmitió desde la Presidencia de la República estos dolorosos acontecimientos.
(El autor es periodista, locutor y radiocomentarista)
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