Los mártires no merecían
perder sus vidas
Ningún gobierno ha pretendido jamás salvaguardar por lo que se luchó en aquel tiempo y por los que pocos hablan hoy Lía Escobar
Si Ascanio Arosemena hubiese visto el futuro, creo que no se hubiese tomado la molestia de morir un 9 de enero. Si le hubieran dicho que América Latina sería remilitarizada por los estadounidenses (como asesores solamente), que la universidad del pueblo estaría por desaparecer, nadie hubiera hecho ninguna gesta patriótica; pero para los que vivieron en esa época, el amor a la patria era más importante, incluso mucho más que sus propias vidas. Ellos creían en algo, en un futuro mejor para las futuras generaciones.
Pero lo que ellos no sabían era que las generaciones que habrían de venir, serían un montón de vende patria, blandengues y chupamedias de los yanquis, contra quienes tanto lucharon. Que para dichas generaciones es más importante el dinero que se recibe por dar al pueblo más pobreza y hambre.
Dejar en números rojos el país, y comprar bonos para aumentar nuestra deuda externa, quedar sin seguro, y para rematar nadie es culpable. ¡Qué pérdida de tiempo y vidas se dio ese 9 de enero, pues ningún gobierno ha pretendido jamás salvaguardar por lo que se luchó en aquel tiempo y por los que pocos hablan hoy! Definitivamente que el que no conoce la historia está condenado a repetirla, y hoy estamos pagando ese error.
Panamá está envuelta en una telaraña de corrupción y ficticia democracia; en tiempos dictatoriales al menos no nos mentían; todos sabíamos quiénes eran, y quienes se atrevían a denunciarlos eran lo que conocemos hoy como desaparecidos que también perdieron el tiempo y sus vidas para nada. Pero hoy, todo lo que ocurrió en la época de la dictadura vuelve, con un nombre más lindo que sería lo que conocemos como "democracia", en la que te dicen que tienes derecho de expresarte, y de acusar a los que violan esa forma de gobierno, pero igual no les hacen nada. La única diferencia con la dictadura es que ahora no desapareces... te demandan.
Como institutora estoy orgullosa de mi alma mater, pero así mismo he de reconocer que muchos cuando salen de tan ilustre colegio, que quienes protestaron un día en las calles por las violaciones de los derechos del pueblo, se volvieron parte de los violadores que existen hoy contra este pueblo que tanta sangre ha derramado en solo 100 años de existencia.
¿Que será de nuestro país en un futuro, con un TLC en la puerta que promete más para los gringos que para nosotros los panameños? ¿Qué será de nosotros sin un seguro, sin una ilustre universidad, que vele por una educación acorde con nuestros tiempos actuales? El país está lleno de una política mediocre y falaz que ha hecho que el pueblo pierda la fe y solo vaya a las urnas cada cinco años por inercia, ya que a veces da igual quién gana o pierde, pues seguirá siendo la misma cosa.
La dictadura causó un efecto sicológico en Panamá, pues el temor a atreverse a cuestionar las acciones del gobierno al que nosotros dimos el poder hace que la pobreza no importe, pero a ese gobierno al que damos poder, también podemos quitárselo, porque al fin y al cabo la democracia es el poder por y para el pueblo.
La
autora es estudiante de derecho y ciencias políticas de la Universidad
de Panamá
Además en opinión
• Panamá, listas negras y sanciones: Claudia Martáns • Los mártires no merecían perder sus vidas: Lía Escobar • Temas para el 2005: Betty Brannan Jaén • Insistencia o injerencia: Rubén Darío Paredes
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