Panamá, 9 de enero de 2005
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Una apuesta por lo autóctono

MARIO A. MUÑOZ
andresm@prensa.com

LA PRENSA/Tito Herrera

Desde hace 30 años, doña Tita vende polleras, sombreros y cutarras en Salsipuedes.

El aroma a cuero es el olor predominante. El espacio es reducido y el calor asfixia. El ir y venir de los transeúntes no se detiene.

Allí, en el comienzo de la bajada del famoso Salsipuedes, un largo bazar ubicado en el corazón de Santa Ana donde se exhibe toda clase de chucherías, revistas y libros de segunda a precios módicos, dos locales destacan por su vistosidad y variedad.

Entre la mercancía reluciente esparcida desde el fondo de un depósito escondido, que repleta las paredes y termina colgada del techo, hay hermosas polleras, sombreros penonomeños y cutarras de todos los tamaños. Nada falta para el vestido típico nacional.

Al frente de este negocio está Siddya Flores de Sosa, una mujer ágil y solícita, que atiende estos dos locales desde hace 30 años. Algo nerviosa y tímida al principio Siddya– o "Tita" como la conocen afectuosamente sus clientes y compañeros del mercado– no se siente muy a gusto con entrevistas y las cámaras. Pero después se deja llevar por la conversación y confiesa orgullosamente que ha sido consultada en sondeos televisivos, gracias a lo cual muchas personas la reconocen.

Tita está convencida de que las piezas folklóricas son el futuro porque mientras "exista Panamá existirán consumidores para estos productos".

Después de tres décadas en este negocio, Tita cree firmemente en la cultura panameña y valora su ropa y artículos autóctonos sabiendo que no hay mejor manera de enfrentar la temida apertura de mercados.

"Vender lo que se hace en Panamá con mano de obra panameña, eso es lo lindo", afirma.

Como pequeña comerciante, Tita es una para temerle al libre comercio o a la globalización. Nada de atrincherarse o cerrar filas. Ella sabe competir. ¿Qué otra cosa mejor que comprar en Panamá sino artículos típicos? Por eso, confiada espera a los turistas. Ya tiene experiencia en tratar con ellos. Entiende bien el inglés porque tuvo unos patrones estadounidenses que tuvieron la paciencia de enseñarle inglés.

Panameños residentes en Estados Unidos que no olvidan sus raíces, miembros de conjuntos típicos que revitalizan la música en la capital y turistas deseosos de llevar un recuerdo de Panamá son atraídos y atrapados por estos productos que guardan el mejor espíritu vernacular.

Además de Calidonia, Salsipuedes es sinónimo de buhonería. En medio de la multicolor oferta, la mercancía interiorana brilla y seduce a los consumidores. ¿Pero, miembro de la economía informal? Para nada.

Tita paga un alquiler mensual de 300 dólares y trabaja en asociación con un grupo de artesanos del interior y de Panamá que le suministra sus productos.

Treinta años es mucho tiempo y no han pasado en vano. Tita entra en confianza y recuerda los tiempos buenos y otros difíciles. El 2003 fue la mejor época para los artesanos, zapateros y costureras dedicados a confeccionar artículos panameños. Fue también el mejor año para ella.

¿Y el peor? Durante el régimen militar, con las protestas callejeras, cuando los estudiantes pasaban corriendo tirando las cosas y los "tongos" atrás abriéndose paso con bombas lacrimógenas. Después, para evitar los saqueos durante la invasión, su hermana alcanzó a esconder la mercancía.

Pero Tita no se ha escapado de los robos. Varias veces ha sido víctima de los malandrines. Por eso mientras hablamos no descuida un minuto sus productos. Hace un tiempo una mujer se llevó un par de zapatos sin pagarlos, pero tuvo que regresar porque los dos eran del mismo pie. Tuvo el descaro de pedirle que se los cambiara.

No todos han sido obstáculos. Tita no oculta su bien más preciado, su hija única, Mimsy Sosa, a quien apoyó para que emprendiera una carrera profesional. Actualmente está cursando un postgrado en Computación, y Tita ve el fruto de todos sus esfuerzos reflejados en el futuro prometedor de su hija.


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