Panamá, 9 de enero de 2005
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FRASE DEL DIA
Podemos delegar la autoridad, pero no la responsabilidad.
Autor: Stephen Comiskey

Mileika Bernal
mbernal@prensa.com

A quien concierne
LA PRENSA/Víctor Arosemena
En la vía Simón Bolívar, El Cangrejo 130, hay un hueco enorme. Esta es una calle muy transitada, por lo que fácilmente puede ocurrir un accidente lamentable. Ante el peligro para los conductores, una persona tomó la sabia decisión de ubicar allí objetos que alertaran a los que por allí pasan, pero el problema debe ser resuelto de forma definitiva por las autoridades responsables.

El debate de las ideas

Para un periódico todo debate es una oportunidad de hallar nuevos aspectos de la verdad

Mileika Bernal
mbernal@prensa.com

El defensor del lector es un "punto de encuentro" entre los periodistas y sus lectores, y su deber es atender los reclamos por una "aparente o real violación de sus derechos". Es quien los representa en el seno de la Redacción para exigir esos derechos, o para demandar la reparación debida por esa violación, cuando esta se ha comprobado en una investigación que incluya todas las partes.

Por tanto, los lectores normalmente están de acuerdo con su Defensora. En ocasiones los reclamos se resuelven de manera privada, aunque la mayoría de las veces van al ámbito público en la página Cartas del Lector, que se publica los lunes y jueves. Sin embargo, el 30 de diciembre de 2004 recibí un correo electrónico de una lectora que tenía un tono diferente, lanzaba un reto: que me atreviera a publicar su carta. Según entiendo, su petición era ver publicada la carta al día siguiente, ya que el 31 de diciembre volvió a insistir con ella, aunque esta vez le añadió una línea que decía, "tremenda objetividad de la que habla La Prensa, y no se atreven a publicar mi carta".

Este tema, a mi juicio, debía quedarse en lo privado, y no por temor, sino por respeto a los lectores del diario, por el tono de la misiva. Sin embargo, encontré en ella la oportunidad servida en bandeja de oro, para hablar de la importancia que tiene para un periódico la opinión de sus lectores y su participación en las páginas de la Defensora. Principalmente porque es para ellos para quienes trabaja el periodista.

Para un periódico todo debate es una oportunidad de hallar nuevos aspectos de la verdad. Para el periódico son más importantes los avances en el conocimiento de la verdad que los retrocesos o los estancamientos; lo que importa es descubrir el error y poner en evidencia al equivocado. Esta norma de conducta permite mantener las discusiones en un alto nivel de ideas y apartadas de la discusión estéril, de las ofensas y del ataque personal.

Es tan importante escuchar lo que nos tienen que decir los lectores que esto llevó a La Prensa a designar a una persona que los represente, porque reconoce el derecho que tienen de opinar y criticar el contenido del periódico, siempre que esta opinión sea emitida con respeto. Siento que cualquier tema que se publique en el periódico generará opiniones a favor y en contra, pero la discusión que se haga en torno a cualquier punto debe llevar un nivel de altura.

Precisamente la página 11a (de los lunes y jueves) se designó para que los lectores expresen su opinión sobre el contenido editorial del periódico, y por ningún motivo este espacio se debe convertir en un sitio donde se publiquen textos que no aporten a la discusión de las informaciones que aparecen en las páginas del periódico.

Todos los temas ganan en altura cuando deliberadamente se sustraen del ambiente de la ofensa y del ataque personal, sea cual sea el punto de vista que se esté defendiendo. La ofensa como argumento deja la sensación de que encubre la debilidad de un razonamiento, pues un argumento sólido no necesita de este artificio.

Los periódicos en sus manuales de estilo, y entre ellos el de La Prensa, proclaman el rechazo a las ofensas porque su ideal es que todas las opiniones se sientan cómodas en sus páginas. Que cuando un lector lea un artículo o una carta piense que es un punto de vista que vale la pena leer y analizar.

La libertad de opinión no debe ser entendida como una licencia para ofender. No publicar ofensas personales, que tienen que ver con la vida privada de los individuos, no significa falta de objetividad, y no publicar las cartas llenas de ofensas tiene que ver más con el respeto a los lectores del diario, que con la falta de valentía.

El reconocido periodista Jorge Ramos escribió un artículo que publicó La Prensa, sobre la esposa del Presidente de México, que decía en su primer párrafo: "No me importa si Marta Sahagún, la primera dama de México, cree en la brujería. Tampoco me importa cómo se ligó al presidente Vicente Fox ni quién le corta el pelo y le arregla las uñas. Esos son asuntos privados".

Al diario llega todo tipo de informaciones, y esto no solo ocurre en La Prensa, lo mismo pasa en todos los medios de comunicación, pero muchas de estas informaciones se quedan en la Redacción, ¿saben por qué? Porque sencillamente hay límites entre lo que tiene interés público y lo que corresponde a la vida privada de las personas. Aquí es donde radica la esencia del trabajo del medio: escrutar el material y publicar lo adecuado.

El deber de un defensor es hacer que se cumplan los derechos de quienes representa: los lectores de La Prensa. Pero también tiene la responsabilidad de hacer docencia, con los periodistas y con los lectores. El ideal es que las páginas de la Defensora se conviertan en un espacio que aporte a la práctica democrática, que sea pluralista y que conceda un trato justo y equitativo. Para lograr esto es de obligación tener una discusión de altura y civilizada.

También le corresponde al defensor tramitar los reclamos donde quiera que encuentre razones. Por ello no será extraño ni cuestionable que la mayoría de las veces esté de acuerdo con los lectores. Lo que no quita que en ocasiones tenga que aceptar que las quejas no tienen sustento. Es parte de la equidad que debe imperar.


Equiparación ilegal e inmoral
4 de enero 2004

Es escandaloso leer la noticia publicada en La Prensa el martes 4 de enero, donde se reporta la entrega de más de dos millones de balboas, que como despedida de su cargo el ex procurador general de la Nación, José Antonio Sossa, repartió entre sus subalternos en el Ministerio Público, para supuestamente "equiparar" los salarios de los fiscales y otros funcionarios allegados.

Este hecho tiene tintes aún más escandalosos al provenir de un Procurador que por 10 años se mantuvo quejándose del aparentemente limitado presupuesto del Ministerio Público, situación que según él impedía investigar a fondo y con efectividad las numerosas denuncias sobre delitos y casos de corrupción.

Ahora no habrá en Panamá nadie que deje de pensar que ni el Procurador ni sus fiscales hicieron su trabajo con integridad y que dejaron de investigar a funcionarios del gobierno anterior a la espera de que éstos le aprobaran la referida "equiparación" en el Consejo Económico Nacional (CENA).

Es bochornoso que en este asunto se encuentre involucrada la ex procuradora de la Administración, Alma Montenegro de Fletcher, y el ex contralor general, Alvin Weeden, quienes opinaron a favor y refrendaron ese pago, respectivamente.

Todos los que recibieron esos dineros deben devolverlos al Estado con prontitud, pues una simple opinión de la ex procuradora Fletcher, sospechosamente implementada a última hora, no tiene fuerza de ley.

Que comiencen dando el ejemplo el defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada, y el "zar" anticorrupción, Cristóbal Arboleda, quienes recibieron más de cien mil balboas cada uno. De no hacerlo, sus figuras se verán desprestigiadas ante una sociedad panameña frustrada por la falta de justicia y reinante deshonestidad, y ante una administración gubernamental que dice estar comprometida con la "cero corrupción".

Carlos Alberto Moreno


No juzgo a Remón, sólo expongo los hechos
2 de enero del 2005

No soy historicista, pero pido respeto por la Historia y los valores que se derivan de sus enseñanzas. Lo que no entienden ni llegarán a entender los que la tratan banalmente es que los intentos de tergiversarla, además de vanos, son repugnantes.

En el "Hoy por Hoy" de La Prensa del domingo 2 de enero, el editorialista no repara en agredir a la Historia y la inteligencia de la gente. Así, traído de los cabellos, intenta, maliciosa e intencionadamente, hacer una distinción entre un militarismo "bueno" como el de Remón y un militarismo perverso como el de los otros. No juzgo a Remón, sólo expongo los hechos.

Que no haya usado el uniforme militar después de asumir la presidencia no es un "valor" como insinúa; podría ser, cuando mucho, un atenuante. Remón "ganó" la presidencia por uno de los más escandalosos fraudes electorales de la historia republicana, apoyado por el aparato militar que comandaba. Aparato que siempre estuvo al servicio de sus intereses y de los grupos y familias poderosas a las que servía. Este "buen" militarismo, convertido en poder castrense, según el editorialista, como parte de un proceso iniciado por Remón "evoluciona hasta convertirse en el poder absoluto cuando la fuerza pública adquiere y ejerce poder político".

La comandancia de Remón quitó y puso presidentes a su antojo y al de sus mentores; persiguió, encarceló, hirió y mató a periodistas, obreros, estudiantes y a simples ciudadanos. El periodo de 1931 a 1952 fue tenebroso, sobre todo durante el mandato en la Policía de Remón. En 1941 derrocaron a Arnulfo Arias con complicidad foránea; en 1947 reprimieron a los patriotas que rechazaban el tratado de bases militares norteamericanas; en 1948 los militares le robaron las elecciones a Arias; un par de años después lo instalaron en la presidencia, luego de un "recuento" vergonzoso de votos. En 1951 lo derrocan y desconocen a sus vicepresidentes electos; en cuestión de una semana o de horas tuvimos tres o cuatro presidentes. Uno de ellos le pidió la renuncia; éste "accedió", lo invitó al cuartel para entregársela y en vez de ello, lo derrocó y le comunicó arresto.

Para ilustrar la conducta característica de esos "ejemplares", "inocentes" y "gloriosos" tiempos, como los recuerda el autor del "Hoy por Hoy", revisen la historia del asesinato de Remón, en esa misma edición. Todo apunta a que fue una conspiración interna por las pugnas de poder de los grupos que lo dominaban. No repararon en matar, encarcelar o hacer desaparecer a todos los que conocieron de los hechos. Hasta el propio Rubén Miró parece que fue víctima de esa conspiración cuando, años después, fue ultimado, tal vez, por mandato de sus antiguos cómplices, si fue cierto que él hizo los disparos que segaron la vida del presidente o por venganza de familiares de éste en complicidad con sus asesinos durante el régimen de los otros militares.

Después de la muerte forzada de Remón, poco cambió. Se produjo la matanza por francotiradores de casi 30 ciudadanos inocentes al final de la década del 50, lo mismo que la represión estudiantil y de obreros que causó varios muertos y heridos en el mismo periodo. Eran los tiempos en que cuando moría un estudiante en una manifestación decían que no entendían cómo había pasado, si ellos solo "hicieron unos cuantos disparos al aire", lo que no especificaban era que los disparos fueron hechos al aire de los pulmones de esos inocentes. En esos tiempos se crearon los grupos paramilitares tristemente célebres como los "Leones del Sótano", "Los Varrilleros de Cucho" y otros, que hicieron tanto daño, apadrinados por políticos y militares de entonces.

La sana conclusión de que evitemos el desarrollo o el retorno del militarismo, en cualquiera de sus formas, no es excusa para tergiversar la historia, demonizar a unos y absolver a otros.

Ricardo Bermúdez A.






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