Dejad que los niños sueñen
Algunos niños ven su mundo de fantasía desvanecerse ante amiguitos que, sin reserva, les dicen que Santa Claus, simplemente, no existe Roberto Quintero
rquintero@prensa.com
La época de regalos oficialmente termina hoy, Día de Reyes. No quedó ni
el rastro de un lazo.
Pero aún hay un tema sobre el tapete que tiene intranquilo a más de un niño: ¿quién trajo los obsequios?
En la guardería de la señora Lili la discusión es diaria.
Los infantes disparan apasionadamente desde tres trincheras: los fieles a Santa Claus (o Papá Noel), los devotos del Niño Jesús y los más pragmáticos que dicen que son sus padres los que compran los juguetes.
Y aunque son niños, el tema se aborda con seriedad y se sustenta en las más férreas convicciones. La señora Lili funge como mediadora, pero el papel no es sencillo.
Ella, de 49 años y madre de tres, aboga por los fieles a Santa, que usualmente son los más pequeños. Eso con el mayor tacto, para no ofender a los pragmáticos ni desplazar a Jesús del papel protagónico que tiene en esta fiesta.
"Yo les explico que Santa sí existe y, a los que no creen les digo que no están equivocados, pero que sí existe como parte de la ilusión de Navidad, sin mezclarlo con la tradición de celebrar el nacimiento de Jesús", comenta.
La señora Lili a veces llega a preocuparse. "Algunos niños se ponen muy tristes cuando los otros les dicen que Santa no existe, y me abrazan y me dicen ‘¡Lili, no puede ser!’, al ver que otros menosprecian su ilusión", agrega.
Aunque muchos padres piensen lo contrario, para ella no hay nada de malo en alimentar la imaginación de los niños con fantasías.
Por el contrario, se pregunta qué pasará con el mundo cuando los seres humanos pierdan la capacidad de soñar.
"Seguro que el resultado será muy triste. Perderemos toda esperanza", concluye.
No tiene nada de malo
La psicóloga Noemí Castillo sostiene que las fantasías no dañan a los niños. Por el contrario.
"Debemos estimularla. Es la base del pensamiento creativo que se opone al pensamiento lógico y lineal que desarrolla la escuela. Por eso debemos soñar y alentar la fantasía en las edades en que corresponde al pensamiento", sostiene.
Explica Castillo, quien además es rectora de la ULACIT, que el psicólogo cognoscitivo Jean Piaget (1896-1980) descubrió la existencia de un periodo de pensamiento pre operacional en niños pequeños (2 a 7 años) que se caracteriza por una fase —primero— de descubrimiento de si mismo y luego de fantasía, amiguitos imaginarios y pesadillas.
"El pensamiento del niño es plástico, fantasioso y creativo. Por esta razón, la edad preescolar se caracteriza por juegos fantásticos y por lecturas que alimentan la fantasía y sacan al infante de la cotidianidad".
Luego de eso viene el periodo escolar que marca el inicio del pensamiento operacional o concreto.
"Así que Santa Claus —y otros personajes—, más tarde o más temprano va a desaparecer. Aunque los padres no alienten la fantasía, el desarrollo cognoscitivo sigue esa evolución", señala.
Entonces no hay peligro. Por el contrario, aquellos padres que no alimenten la fantasía en sus hijos pueden influir negativamente en el desarrollo creativo del niño.
"El pensamiento abstracto es el que nos permite volar, soñar y tener esperanza, que creo que es uno de los componentes valiosos de la creatividad. Leer sobre personajes fantásticos y lugares que no existen alienta el espíritu aventurero y el sentido de búsqueda, que es lo que nos hace investigar, conocer y crecer", concluye la psicóloga.
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