Panamá, 6 de enero de 2005
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Desnutrición, el nuevo enemigo en Puerto Obaldía

Guerrilleros y paramilitares transitan aún por la zona, pero han empezado a dejar de ser un problema

ROBERTO LOPEZ DUBOIS
rlopez@prensa.com

LA PRENSA/Jihan Rodríguez

Años atrás, las enfermeras debían lidiar con el miedo, la incertidumbre y el peligro que significaban las incursiones de los irregulares colombianos. Hoy ven cómo aumentan los índices de desnutrición, y nada pueden hacer.

"El nuevo enemigo de Puerto Obaldía es la desnutrición, y los estragos que vienen asociados con el flagelo, especialmente en los más débiles: los niños y ancianos", denunció Gloria Griselda de Gutiérrez, quien desde 1993 se desempeña como enfermera jefa en el centro de salud de esa comunidad de la comarca Kuna Yala.

Durante su ejercicio en la región ha visto crecer los índices de desnutrición en la población infantil y adulta, y no ha podido hacer nada para solucionar el problema.

De hecho, los niveles de desnutrición infantil en el área sobrepasan el 37% y constituyen una de las principales causas de muerte entre los moradores.

Tal como ocurre en otras poblaciones fronterizas como Jaqué, al menos la mitad de los habitantes de la zona sufre los embates de este flagelo.

Antes, la situación más difícil por la que tuvo que atravesar fue el ataque de irregulares colombianos a la población de La Bonga, en 1996.

Los paramilitares asesinaron a varios pobladores y causaron heridas a otros que huyeron.

Luego, ante las amenazas de un ataque de los grupos insurgentes a Puerto Obaldía, muchos de sus pobladores abandonaron el área y huyeron hacia otros lugares del país.

"Las pangas rápidas pasaron frente al pueblo e hicieron tiros contra la comunidad. Fue un momento bastante difícil. Llegaron a la comunidad de Armila (cercana a Puerto Obaldía) y amenazaron al auxiliar, quien luego pidió su traslado", recordó.

"Nosotros estábamos nerviosos y estresados. Decían que ellos querían entrar aquí, pero gracias a Dios nunca concretaron sus amenazas", agregó.

Hoy, La Bonga es un pueblo fantasma. Los pobladores huyeron y la maleza se apoderó de todo lo que quedó.

En Puerto Obaldía, la situación regresó a la "normalidad" de manera muy lenta. Ahora es muy distinta a la que imperaba en esos días: ya no se habla de la posibilidad de ataques de los insurgentes.

La policía panameña ha reforzado su presencia en el área y por cada 1.3 habitante hay un policía. El ejército y la policía colombiana han hecho lo propio en su frontera, lo cual ha garantizado la seguridad del área.

Ahora se puede hablar sin temor en el pequeño parque, ubicado a orillas del mar. La fresca brisa hace un tanto más amena la conversación con Gloria, quien advierte que en Puerto Obaldía las condiciones no son las mejores. Falta agua y luz, y la alimentación no es suficientemente buena.

Agregó que incluso el centro de salud no está en las mejores condiciones, lo que hace necesario mejorar la estructura. También hay que renovar la casa médica, "porque ni nosotros mismos tenemos un lugar donde podamos sentirnos cómodos".

Gloria tiene una niña, que vive en Panamá con su esposo (de Gloria). La extrañan mucho, ya que ella solo puede venir durante sus días libres y muchas veces tiene que pagar el pasaje de avión.

Graduada en la Universidad de Panamá hace 14 años, la enfermera comenta que su faena es intensa. "Hay que viajar hacia otras áreas. A veces no tenemos embarcaciones, a veces falta gasolina y por eso en otras muchas ocasiones no podemos trabajar adecuadamente", dijo.

Luego de más de una década de trabajar en la población, Gloria siente que tiene derecho a un traslado. Lo ha solicitado, pero le ha sido negado por las autoridades.

Vea El sitio de Puerto Obaldía

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