Panamá, 6 de enero de 2005
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Sida y derechos humanos

En Panamá, muchas veces la discriminación es aceptada y fomentada; es indispensable marcar diferencias según el género, la edad, la preferencia sexual, la condición física o mental, el estatus migratorio y la situación jurídica

Lorena Edmondson García

El resultado más funesto de la epidemia es la discriminación que sufren las personas que viven con el VIH/SIDA, lo cual, además de una lesión social, representa una violación a su dignidad, al negar o limitar los derechos que tiene todo ser humano.

A esta etapa, no hemos sido capaces de comprender que el sida afecta la salud del ser humano, pero deja invariables su dignidad y sus derechos.

Sin temor a equivocarnos, en Panamá, muchas veces la discriminación es aceptada y fomentada; es indispensable marcar diferencias según el género, la edad, la preferencia sexual, la condición física o mental, el estatus migratorio y la situación jurídica.

Cuando se considera diferentes a nuestros semejantes, se establece una marcada división que separa a la sociedad, la segrega en grupos e impide que se fomente un verdadero sentimiento de solidaridad.

Actualmente, el sida refuerza los prejuicios de ciertos individuos, quienes intentan justificar una conducta discriminatoria, siempre con el pretexto de proteger la salud. Son la discriminación y el estigma los principales obstáculos contra los esfuerzos para controlar la propagación de la epidemia.

Frente a una enfermedad que comprende aspectos tan complejos, la defensa de los derechos humanos de las personas que viven con el VIH/SIDA y su protección contra las conductas que pretenden segregarlos, constituyen sólo dos respuestas cuya importancia radica en evitar su propagación; es evidente que el riesgo de contraer la infección aumenta en aquellos lugares en donde no se protegen los derechos de estas personas. Garantizando los derechos humanos, se protege la salud de la sociedad en su conjunto, se evita la marginación de quienes viven con el virus y de sus familiares, y se garantiza el pleno respeto de la dignidad humana.

Es un reto despertar el interés de la sociedad para que se informe sobre aspectos de la epidemia; involucrar a sus integrantes en tareas de prevención y desarrollar estrategias que permitan, a partir de la defensa de los derechos fundamentales de las personas con el VIH/SIDA, el control del virus. Es importante también, promocionar campañas de mejoramiento de la aplicación de programas de educación y concienciación para proteger los derechos humanos relacionados con el VIH/SIDA.

A su vez, es de suma consideración establecer políticas y programas nacionales coordinados, participativos, transparentes y responsables contra el VIH/SIDA, especialmente con la participación de organizaciones no gubernamentales y comunitarias y personas viviendo con VIH/SIDA.

De manera particular, es fundamental que tengamos presente, como miembros de una sociedad, los derechos de las personas que viven con el virus, en este sentido, la ley protege a todos los individuos por igual, en consecuencia, las personas que viven con el VIH no deben sufrir discriminación de ningún tipo.

Tengamos claro que, las personas que viven con el virus no están obligadas a someterse a la prueba de detección de anticuerpos del VIH ni a declarar que viven con VIH o han desarrollado sida. Los resultados de la prueba de detección de anticuerpos para el VIH deben manejarse de manera anónima y confidencial.

En ningún caso pueden ser objeto de detención forzosa, aislamiento, segregación social o familiar, por vivir con VIH o haber desarrollado sida. A su vez, tenemos que tener presente que las personas que viven con el virus y sus familiares, no se les podrá restringir su libre tránsito por el territorio nacional.

Cuando una persona que vive con el virus solicite empleo, no podrá ser obligada a ninguna de las pruebas de detección del VIH. Si vive con VIH o ha desarrollado sida, esto no podrá ser motivo para que sea suspendido o despedido del empleo. Tampoco, se le puede privar del derecho de superarse mediante la educación formal e informal que se imparta en instituciones educativas públicas o privadas.

Una persona que vive con el virus tiene derecho a la libre asociación, o a afiliarse a instituciones que tengan como finalidad la protección de los intereses de quienes viven con VIH o han desarrollado sida. A su vez, tiene derecho a buscar, recibir y difundir información precisa y documentada sobre los medios de propagación del VIH y la forma de protegerse.

Si una persona vive con VIH o ha desarrollado sida, tiene derecho a recibir información sobre su padecimiento, las consecuencias y los tratamientos a que puede someterse. Asimismo, tiene derecho a los servicios de asistencia médica y social, que tengan como objeto mejorar la calidad y tiempo de vida. Tiene derecho a una atención médica digna, y su expediente clínico deberá manejarse en forma confidencial.

Y como bien se ha enunciado "responder al sida es sustituir la vergüenza por la solidaridad y el miedo por la esperanza".

La autora es abogada
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