Los pescadores enfrentan el temor y salen al mar
Por Lars Nicolaysen (DPA)
Kochu Vava
se encontraba jugando cerca de la playa con su nieto Shanthan, cuando fueron
sorprendidos por la ola mortífera. El viejo pescador indio agarró al niño y huyó. Sin embargo, el agua le golpeó con la fuerza de un tren y le arrebató al pequeño. Tres días más tarde, el mar arrojó a
la orilla el cuerpo sin vida de Shanthan.
Kochu Vava había amado toda la vida el mar, pero ahora lo odia y le teme. El mar, al que los pescadores en las costas sureñas de India veneran como a una madre y que todo les da, les ha arrebatado todo, familia, casa, barca.
Tras una semana en un campo de acogida, Vava quería volver a su pueblo, Tharayilkadavu. Alquiló una canoa y se lanzó al agua. "No pesqué. Sólo me dejé llevar por la corriente", explica Vava al periódico The Indian Express. "Estaba sentado, clavé la mirada en la profundidad azul y pensé en el inmenso daño que me ha hecho el mar y, sin embargo, es todo lo que tengo".
También en la provincia de Tamil Nadu, la más afectada por el tsunami, los primeros pescadores salieron ayer a la mar. Los soldados les ayudaron a reparar sus barcas y a recuperar la confianza.
Sin embargo, la mayoría de barcos pesqueros continúan apilados bajo un caos de metales torcidos y madera astillada. Las pocas naves que quedaron intactas se encontraban en alta mar cuando el tsunami pasó por debajo de ellas rumbo a la costa.
Según las autoridades, en Tamil Nadu, donde, según se calcula, murieron 7 mil 921 personas, 85% de los afectados por la catástrofe son pescadores y sus familias. Tras vagar de un lado a otro durante una semana en busca de ayuda, los pescadores luchan contra el trauma y el miedo. Saben que el mar es su única fuente de ingresos. Sin embargo, muchos temen alimentarse de pescado, dada la presencia de cadáveres en las aguas.
Los precios del pescado en todo el país se han hundido. El gobierno de Tamil Nadu aconsejó a los pescadores no faenar cerca de la costa en al menos tres meses, ya que el mar aún arroja cadáveres y animales marinos muertos a la orilla.
En Sri Lanka, donde los más afectados también han sido los pescadores, siete barcas trajeron ayer a tierra una captura simbólica y los pescadores quieren enviar algunos de los peces a la presidenta Chandrika Kumaratunga, con la esperanza de que se coma alguna pieza públicamente para disipar el temor entre la población a la intoxicación, informó la emisora británica BBC.
Según estimaciones de las autoridades indias, aún deberá pasar algún tiempo hasta que los pescadores puedan faenar nuevamente en gran número, en vista de los devastadores daños que causó el tsunami en los pueblos.
Sin embargo, aunque de momento sólo hayan salido pocos, se trata de una señal positiva y sicológicamente importante, porque lo que quizás más necesiten en las regiones afectadas del sudeste asiático es recuperar la confianza.
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