Panamá, 3 de enero de 2005
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La educación: he ahí el problema

La lucha por la reestructuración del sistema educativo nacional, después de la derogación de la tan cuestionada reforma educativa en 1980, ha continuado sin éxito hasta el presente

Paulino Romero C.

Un somero estudio acerca de la educación, de hace aproximadamente medio siglo, nos informa que el relativo consenso que hubo durante la década de los años 60 del siglo pasado respecto a la importancia de la educación en el proceso de desarrollo –entendido éste como modernización de la economía y la sociedad, y democratización de las funciones de gobierno– fue, sin embargo, efímero. Desde el punto de vista de los estudios sobre educación, las posiciones y enfoques teóricos cambiaron radicalmente. Pero más radicalmente aún cambió la situación del continente, y con ella la función de la cultura y la educación en el movimiento de la sociedad. Un caso ilustrativo de esa transformación se produce bajo los regímenes militares en los países latinoamericanos. En lo que sigue revisaremos las líneas fundamentales de ese cambio, con particular referencia al caso panameño.

Hace más de 35 años que el servicio de la educación en Panamá viene atravesando por una aguda crisis; y todo parece indicar que tiende a profundizarse con proyecciones de incertidumbre hacia el futuro. Los últimos 40 años de vida independiente denuncian que los poderes del Estado y la escuela, en la república de Panamá, no han hecho lo suficiente para regular la distribución de la riqueza pública y para consolidar en las conciencias individuales el verdadero espíritu democrático (¡ejemplos hay muchos!).

El comienzo de la década del 70 del siglo pasado –época del gobierno militar– trajo consigo una gran inquietud para la actividad educativa, que se vio entorpecida por todos los trastornos sociales y políticos que acompañaron este fenómeno. El gobierno militar, a partir de 1970, inicia un movimiento de "reforma educativa" que, según la percepción de muchos educadores y ciudadanos, por su orientación ideológica de índole marxista provoca justificadas reacciones contrarias a su contenido y aplicación por parte de la mayoría de educadores activos del país, apoyados por los padres de familia y la mayoría del pueblo panameño. Resultado final: La reforma educativa fue abolida.

La lucha por la reestructuración del sistema educativo nacional, después de la derogación de la tan cuestionada reforma educativa en 1980, ha continuado sin éxito hasta el presente. Desde 1980 hasta 1994 laboró en el Ministerio de Educación, por mandato de la ley, pero con profundas diferencias y marcadas dificultades, la Comisión Coordinadora de Educación Nacional. Luego, en 1995, el entonces ministro de Educación, Dr. Pablo Thalassinos, emprendió un movimiento nacional con el propósito de modernizar la educación nacional, el cual culmina con la promulgación de la Ley 28 de 1997. Mediante esta ley se dieron algunos cambios: la descentralización administrativa y la eliminación de las jubilaciones especiales, un derecho que disfrutaban los educadores desde la promulgación de la Ley 47, Orgánica de Educación, de 1946.

El período del desgobierno mireyista (1999-2004), desafortunadamente significó un "lustro perdido" en cuanto al mejoramiento y normal desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Fue algo más, un período miserable de politiquería en la administración de la educación nacional. En suma, un lamentable revés.

Ciertamente, aquí puede bastar la simple referencia histórico-política, según la cual son escasos los gobernantes que comprometen sus elementos ejecutivos en la proyección e iniciación de obras de hondo y distante alcance social, llamadas a consolidar por sus cimientos la vida futura de la nación, y más escasos aún son los que se resignan simplemente a empezarlas para que sean terminadas por sus sucesores. He aquí algunas razones por las cuales nuestra educación pública carece, desde hace más de 40 años, de un sistema educativo nacional científicamente concebido, detenidamente meditado, abundantemente informado, sólidamente fundamentado, suficientemente amplio, reflexivo y previsor, como para que no haya necesidad de incurrir en frecuentes reformas, en derogaciones parciales, en descuidos y olvidos groseros.

Y para concluir, una nota más: la educación democrática no se agota en la instrucción ni en la formación y capacitación de profesionales y técnicos para el acceso exclusivo a un puesto en el mercado de trabajo, y menos aún, en las convulsiones políticas y sociales causadas por las acciones de un determinado tipo de gobierno. Apostamos por la educación integral de los panameños y panameñas. Por eso, los educadores hemos de seguir la marcha hacia un futuro, con la desasosegada esperanza con el vigía del castillo medieval miraba alejarse por los caminos polvorosos la inquieta expedición de los caballeros en busca de la gloria de una incierta cruzada.

El autor es pedagogo, escritor y diplomático

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