Personaje
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El socorrista global
El secretario de Asuntos Humanitarios de la ONU, Jan Egeland, debe coordinar la distribución de ayudas más grande de la historia
JOSE SOMARRIBA H.
ESPECIAL PARA LA PRENSA
planas@prensa.com
A Jan Egeland, subsecretario general para Asuntos Humanitarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), su frío actuar lo hace parecer un muñeco de hielo.
Esa característica es quizás la que le permite permanecer tranquilo –al menos por fuera– incluso cuando dice frases como: "el número de muertos sube hora a hora", para referirse a la catástrofe provocada por el maremoto en el sur de Asia.
Noruego de nacimiento y con 25 años de experiencia en asuntos humanitarios, Egeland no pierde los nervios ni cuando el presidente de Estados Unidos (EU), George W. Bush, lo ataca públicamente.
Y eso que las diferencias de opiniones podrían significar el estallido de un nuevo conflicto entre la ONU y EU, justo cuando se coordina la ayuda humanitaria para los afectados por el cataclismo.
El disgusto de Bush surge a raíz de que Egeland le recordó a los países ricos que, pese a su disposición a la ayuda de urgencia, se habían quedado muy por debajo del objetivo de la ONU. Es más, calificó las contribuciones como "tacañas".
Expertos de la ONU también dijeron que la crítica estaba dirigida a todo el mundo.
Para esa fecha EU había anunciado un aporte en ayuda de urgencia para las zonas afectadas de 35 millones de dólares, 7 millones de dólares más que un país más pequeño como Alemania. La Unión Europea había aportado 40.8 millones de dólares y España había anunciado su donación por 68 millones de dólares.
Luego de las críticas, el aporte estadounidense aumentó a 350 millones de dólares.
Días después de las declaraciones de Egeland, Bush dijo que "el hombre de la ONU está muy mal informado".
En respuesta, otro miembro de alto rango del organismo de Naciones Unidas, indignado por las críticas del presidente norteamericano, dijo que "los ataques de Bush contra la ONU entran para nosotros en la rúbrica de ladridos de perros molestos".
Al final, Egeland dijo que la cantidad de ayuda ofrecida no es el problema; que "lo prioritario es ahora coordinar el esfuerzo humanitario".
Al europeo, y a expertos en asistencia de la oficina de la ONU que dirige, le preocupa que muchas acciones puedan empeorar la caótica situación en lugares remotos de los países afectados.
"Pedimos urgentemente que los voluntarios acudan sólo cuando lleven consigo todo para sí mismos, alimentos, medios de comunicación y medicamentos, ya que, sobre el terreno las infraestructuras están destruidas", aseguró Egeland.
Los funcionarios de la ONU quieren evitar que se repita el "caos humanitario" de hace un año, tras el terremoto en la ciudad iraní de Bam.
En aquel momento, equipos de salvamento abarrotaron las calles y a veces se estorbaron unos a otros, al llegar de muchos lugares del mundo, sin ser requeridos.
El lunes, luego del terremoto, Egeland había dicho que la catástrofe en el océano Indico exigiría el mayor esfuerzo de ayuda que el mundo haya visto.
Quizás muy pocos duden que pueda lograrlo. Su trabajo previo en cargos de gobierno y en organizaciones no gubernamentales lo respaldan. El actuó como facilitador por Noruega para los contactos entre la Organización para la Liberación Palestina (OLP) y el gobierno israelí, que llevaron a los acuerdos de Oslo. También fue auspiciador de los convenios de paz para un acuerdo de cese al fuego y lideró la delegación anfitriona que negoció el acuerdo para la eliminación de las minas terrestres.
Entre los cargos que ha desempeñado destaca el de Consejero Especial del Secretario General de la ONU para asuntos de Colombia. También fue Secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega, donde comenzó dos Sistemas de Atención de Emergencias, que han provisto de más de dos mil expertos y trabajadores humanitarios a organizaciones internacionales. Fue presidente de Amnistía Internacional y vicepresidente del Comité Ejecutivo Internacional del organismo.
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