Panamá, 2 de enero de 2005
 
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La salud en el 2005

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Para tener algo de coherencia en lo que escribo en estos días, debo sustraer mi mente de la tragedia del mar Indico provocada por un tsunami que borró del mapa poblacional a más de 120 mil desafortunados que visitaban o vivían en las costas asiáticas aledañas. Mientras se celebraban navidades en el mundo occidental, en un despliegue de consumismo, alabanzas divinas, villancicos, comilonas y jolgorio infantil, la naturaleza vertía toda su despiadada fuerza sobre territorio oriental y, de paso, movía el eje de rotación del planeta. En un futuro, conoceremos las consecuencias de este sutil desplazamiento. Disculpen ustedes esta breve reflexión dominical, pero es la mejor forma que dispongo para liberar mis preocupaciones existenciales.

El sector Salud panameño enfrentará desafíos importantes en este año. El principal escollo será superar, sin significativos traumas colectivos, la problemática del Seguro Social. Ojalá este tema se resuelva pronto ya que cansa escuchar, por un lado, la demagogia populista de líderes sindicales oponiéndose a todo y, por el otro, la inescrupulosa insolidaridad de empresarios que no quieren ceder ni un ápice de sus ganancias potenciales. Aunque comparto la premisa que las personas más humildes deben resultar las menos sacrificadas en las reformas que se avecinan, no hay forma razonable de evitar la ampliación de la edad de jubilación, el incremento en el número de cuotas y la reducción de la cantidad excesiva de beneficiarios adscritos a un solo derechohabiente. Además de estas impopulares medidas, la perniciosa duplicación sanitaria CSS-MINSA debe ser corregida a la mayor brevedad posible y abocarnos a un sistema único de salud para evitar despilfarros económicos y burocracias lapidarias, y para lograr que Juan Perico obtenga la misma calidad de atención, independientemente si es de origen indígena, campesino o rabiblanco.

En el campo ejecutor, el MINSA, a mi juicio, ha empezado con buen pie. La caravana de salud –no necesita haber más de una, ya que se debe reforzar, equipar y dar protagonismo al nivel local– ha podido ayudar a identificar prioridades sanitarias y a atacar urgencias comunitarias. Los esfuerzos iniciales parecen enfocarse en el aspecto preventivo, reforzando la atención prenatal de las embarazadas, promoviendo campañas para evitar el cáncer y el sida, combatiendo el tabaquismo y sensibilizando a la sociedad sobre las causas y problemas de la discapacidad. Urge también actualizar el programa nacional de vacunación, sin esperar los tardíos mandatos de escritorio de la OPS, para incorporar la vacunación contra la gripe en individuos de riesgo (ya una realidad en Costa Rica) y contra hepatitis A y varicela en los niños. Además, México y Nicaragua están tramitando la inclusión de la nueva vacuna contra la diarrea causada por el rotavirus, germen que ocasiona anualmente considerable morbilidad y no despreciable mortalidad en la población infantil panameña.

Es hora también de comprometer a los ciudadanos en la conservación de su propia salud. Las multas anunciadas por el MINSA para quienes no cumplen con las disposiciones de procurar la higiene personal y comunitaria, eliminar los criaderos de mosquitos y reducir la circulación peri-domiciliaria de roedores es una medida atinada y necesaria. Los primeros meses de gestión han estado enfocados a apagar los brotes pasados del virus hanta y la peligrosa urbanización de la malaria. Esta última infección se reactivó con intensidad debido a la supresión de recursos que sufrió el SNEM (Servicio Nacional para la Erradicación de la Malaria) en la década pasada, aunado a la parsimoniosa y tímida atención que se ofreció al aumento sostenido de los casos de paludismo en las regiones Kuna Yala y Ngöbe-Buglé desde el año 2001. El MINSA además no puede descuidar los casos endémicos de tuberculosis de áreas indígenas ni la persistente presencia del dengue en todo el país. Recientemente, para agravar aún más la situación, ha acontecido un nuevo brote de casos humanos de encefalitis equina venezolana en los alrededores del distrito de Capira, que debe ser enfrentado de forma contundente y pública. Si se intenta minimizar su potencial magnitud, la enfermedad cobrará un mayor número de víctimas a corto plazo.

En Salud, la inacción e indiferencia se paga contando enfermos y cadáveres.

El autor es médico pediatra e infectólogo


Además en opinión

Signos en la etapa post-ideológica: I. Roberto Eisenmann, Jr.
La salud en el 2005: Xavier Sáez-Llorens
Ideas para el Año Nuevo: Betty Brannan Jaén
Asignatura pendiente para el nuevo año: Demetrio Olaciregui Q.





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