Un día sí y un día
no
Si te equivocas en las cosas pequeñas,
los lectores no confiarán en ti para las grandes
Mileika Bernal
mbernal@prensa.com
Un lector de La Prensa le hizo una
observación a la defensora, porque notaba un exceso de
aclaraciones y réplicas en el periódico. La observación
fue analizada en su momento, pero desde el punto de vista ético
y la obligación de reconocer los errores y publicarlos,
lo que no se analizó fue las consecuencias que tiene para
un medio de comunicación cuando de manera reiterada tiene
que hacer las mismas aclaraciones, un día sí y
un día no.
La carta del lector decía: ¿Qué le
pasa a La Prensa?... Soy lector de muchos años del
llamado "periódico más serio" de Panamá, pero
desde hace un buen tiempo se están publicando "aclaraciones" y "derecho
a réplica", cada vez más frecuentes, de noticias
infundadas, de noticias no bien investigadas y comprobadas, de
falta de conocimiento técnico de los temas".
La Prensa siempre ha tenido la política
de publicar las cartas de réplica que llegan a la Redacción,
por ello se designó un espacio permanente en la plana 4
para publicar erratas y aclaraciones, además de dos páginas
a la semana para las cartas de los lectores. Sin embargo, hoy solo
me concentraré en las aclaraciones de la plana 4.
En mi carácter de defensora, y por la responsabilidad
que me han confiado, me tomé la tarea de revisar cada periódico
del 2004 y encontré que La Prensa publicó 158
notas entre aclaraciones y fe de erratas. Y aunque el número
de veces que rectificamos tiene que ver más con la responsabilidad
del medio, y no de generar incomodidad ni entre los periodistas,
ni una percepción equivocada en los lectores, no se puede
olvidar el efecto que esto puede tener en la credibilidad del diario.
Como la cantidad no es lo que cuenta, se vale echarle
una mirada al tipo de error y la cantidad de veces que hay que
aclarar lo mismo.
De esas 158 aclaraciones tienen el primer lugar
los nombres mal escritos, apellidos equivocados y cargos incorrectos.
Le siguen las fechas, los números errados y en menor cantidad,
información imprecisa y los nombres de lugares.
Nadie dice que hacer un periódico todos los
días y con una hora de cierre acechando es tarea fácil.
Por el contrario, tener cada mañana en nuestras manos el
diario es casi un milagro. Pero esto no exime a los periodistas,
editores, directores del periódico de la responsabilidad
de hacer el trabajo con mayor rigor.
Echemos un vistazo al tipo de aclaraciones que se
hacen en la plana 4:
El 8 de enero del 2004 se publicó que: "En
la edición del 7 de enero en la página 32A en la
nota titulada "Nuevo presidente en la CLICAC" se informó que
el nuevo presidente de la Comisión de Libre Competencia
y Asuntos del Consumidor (CLICAC) es Gustavo García de Paredes.
Lo correcto es Gustavo Paredes Moreno, quien ha fungido como presidente
de esta entidad en 1997 y en el año 2000.
Una aclaración común fue la que se
publicó el 16 de febrero: "En la plana 6 de la edición
de ayer, 15 de febrero, se informó que en el Ministerio
de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia hay trabajadores
domésticos, instructores y conductores con salarios mensuales
inferiores a 200 dólares. Debió decirse, "...con
salarios inferiores a 300 dólares"."
Equivocaciones en fechas. "En la edición
de ayer, 15 de febrero, en la plana 2, se publicó lo siguiente: "Cuando
en 1989, el entonces presidente Ernesto Pérez Balladares
designó al abogado y copartidario Gerardo Solís como
nuevo Fiscal Electoral. Debió decirse: "Cuando en 1998..."
Información imprecisa. Un ejemplo
fue el 15 de marzo. La noticia titulada "Ir a la escuela cuesta
caro", publicada en la portada de la edición de ayer,
14 de marzo, informó sobre el gasto que tienen que hacer
los padres de familia para enviar a un hijo a la escuela (130 dólares,
en el sector oficial, y 700 dólares en el privado). La cifra
se refería al gasto hecho al inicio del año lectivo,
no es el gasto anual.
Falta de verificación: el 30 de abril
se publicó que: "En el suplemento "Weekend" que
se publicó en la edición de ayer de La Prensa se
anuncia -en la página 17- que una serie de bares y centros
de diversión ofrecerán cervezas y licores el sábado
1 de mayo. Aclaramos que tal y como lo establece la ley seca, a
partir de ese sábado al mediodía no se puede vender
ni tomar licor. Además, estarán cerradas bodegas,
cantinas, centros de diversión y salones de baile. La ley
rige hasta el mediodía del lunes 3 de mayo.
Error de geografía: "En la edición
de ayer, 8 de septiembre de 2004, en la página 4A, en el
recuadro de la noticia titulada "Todo listo para las elecciones
en Darién", se escribió por error que el distrito
de Las Minas está ubicado en la provincia de Los Santos.
Lo correcto es que ese distrito pertenece a la provincia de Herrera.
Todos estos errores pudieron evitarse si se hubiese
aplicado más rigor periodístico.
Expertos y credibilidad
Me voy a permitir reproducir lo que Jack Fuller,
autor del libro Valores periodísticos, incluye en
su libro sobre la precisión, él se apoya en uno de
los grandes del periodismo, Joseph Pulitzer. Cuenta que Pulitzer
convirtió en su lema la frase "precisión, precisión,
precisión", y él se refería a la precisión
en las cosas pequeñas: nombres, edades y direcciones.
Dice Fuller que Pulitzer cometió su cuota
de "pecados" contra las verdades mayores. Sin embargo, con las "verdades
menores" mostraba una gran sabiduría práctica: si
te equivocas en las cosas pequeñas, los lectores no confiarán
en ti para las grandes".
Fuller asegura que "hay tantas razones por
las cuales hay estos errores como ocasiones: desorden, escuchó mal,
entendió mal, malas intenciones. Pero al lector de las noticias
no le importan las razones, tanto como al conductor de un carro
nuevo; le importa por qué se soltó la manigueta de
su puerta. Los errores son responsabilidad de los periodistas,
independientemente de la causa".
El defensor del lector del New York Times,
Daniel Okrent, también hace suya esta preocupación,
al punto de que escribió una columna refiriéndose
al tema. En su opinión las correcciones, que para muchos
no tiene ninguna importancia, para los afectados sí la tiene.
El encontrar que el cargo y el nombre mío está errado
en el periódico más importante en el país,
no es agradable para nadie. Y reitera que la apertura de los reporteros
a las correcciones mejora su credibilidad.
Otra experiencia que vale la pena reproducir es
la del periodista Eduardo Ulibarri, ex director del diario La
Nación de Costa Rica, cargo que ejerció por muchos
años. El dice que "la precisión de los datos, nombres,
referencia y ortografía es fundamental para la credibilidad
de los diarios".
Sostiene que "en la relación cotidiana con
un periódico, la falta de precisión es, quizá,
lo que más se hace evidente para los lectores (o, al menos,
un grupo importante de ellos), porque es más fácil
de detectar su carencia. Cuando el número de aclaraciones
es tan grande (lo cual, a su vez, quiere decir que el número
de imprecisiones ha sido igual o mayor), la impresión que
se le puede quedar a muchos lectores es de descuido, lo cual, a
su vez, afecta la credibilidad".
Un estudio de la Sociedad Estadounidense de Directores
de Periódicos (American Society of Newspaper Editors) realizado
entre 1998 y 1999, identificó a los errores de precisión,
gramática y ortografía como la primera de seis causas
por las cuales el nivel de credibilidad del público estadounidense
en los periódicos era entonces muy bajo.
Ulibarri afirma que "lo inconveniente no son las
aclaraciones, sino los errores. Hay que evitar estos últimos,
pero, si se producen, es un deber aclarar".
Códigos de ética y precisión
La discusión sobre el tema de precisión
en los textos periodísticos no solo es preocupación
de La Prensa, los códigos de ética del mundo,
incluyen el tema.
El código albanés de Etica Periodística
dice con respecto a la "precisión": "Los periódicos
y revistas tienen que ser cautos y no permitir la publicación
de inexactitudes, información confusa o material que pueda
ser malinterpretado" e insiste en que "si se publica
algún error en la información, es necesario publicar
su corrección inmediatamente".
También el código del Centro Latinoamericano
de Periodismo, en el punto 7, dice que: "Debemos rendir culto a
la precisión con que presentamos las informaciones. Cuando
se cometan errores deberán ser rectificados con prontitud.
De la forma como se acepten la réplica y la rectificación
dependen en gran medida su prestigio y credibilidad".
Y el Código de ética de Japón
indica que: "Los periódicos son los primeros redactores
de la historia, y la misión de los reporteros se basa en
la búsqueda constante de la verdad. La divulgación
debe ser exacta y justa, y nunca se debe ver afectada por la convicción
personal o diagonal del reportero".
El código de ética de Le Monde de
París, en un apartado sostiene que: "un periodista se esforzará por
asegurarse de que la información que él difunde es
justa y exacta". Agrega que "un periodista rectificará puntualmente
las inexactitudes perjudiciales y se asegurará de que la
corrección y la disculpa reciben la importancia debida y
permiten el derecho a la réplica de las personas criticadas
cuando la edición es de suficiente importancia".
Para reflexionar
Michelle McLellan publicó, el 23 de julio
del 2002, un texto al que tituló: "Un tema de detalles:
La precisión". El artículo se trata de un reportero
educativo del Fort Worth Star-Telegram que escribió una
pieza corta, dirigiendo a los residentes de una barriada del suburbio
a una reunión de la junta del colegio la noche siguiente
en la escuela primaria de Parkview. A la mañana siguiente
se dio cuenta de que había cometido un error. La reunión
era en la escuela primaria Park Glen.
El periódico Star-Telegram podía
publicar una corrección al día siguiente. Pero esto
sería muy tarde para las personas que dependieron del periódico
para ir a dicha reunión.
Así, esa noche en 1996, Bowen fue a Parkview
(la escuela equivocada) para darle la dirección de Park
Glen (la escuela correcta) a las personas que llegaron para asistir
a la reunión, a solo unas cuadras.
El error del periodista fue que dependió de
su memoria cuando debió haber verificado sus notas y en
consecuencia ocasionó un perjuicio a los lectores del diario.
Una pregunta que vale la pena es que cada periodista
piense antes de publicar que si la información es para beneficio
de la sociedad debe ser precisa.
El presidente de Urban & Associates, Christine
Urban, dijo que "Aún los errores que parecen pequeños
alimentan el escepticismo sobre la credibilidad de los periódicos".
Bill Kovach y Tom Rosenstiel, del Proyecto para
la Excelencia del Periodismo, listan la verificación como
uno de los nueve elementos del periodismo: "La esencia del
periodismo en la disciplina de la verificación".
Por supuesto que los periódicos siempre van
a tener errores. Pero la inevitabilidad no es responsable de todos
los errores. Los errores también ocurren cuando los miembros
de una sala de redacción no tienen el entrenamiento y recursos
que necesitan para hacer las cosas bien. O cuando los miembros
del personal no comprenden completamente sus responsabilidades.
O cuando los editores jefes no enfatizan la precisión como
una prioridad y detallan sus expectativas. Entonces, un valor fundamental
del periodismo es atropellado por la presión de producir.
El público mantiene a los periódicos
como los responsables de los errores, sin importar la razón.
Después de todo, el trabajo de un periodista es conseguir
y verificar la información, no solamente pasarla sin ningún
escrutinio.
Aclaraciones por sección
- Planas: 97 aclaraciones
- Negocios: 22 aclaraciones
- Revista: 12 aclaraciones
- Nacionales: 8 aclaraciones
- Deportes: 6 aclaraciones
- Martes Financiero: 6 aclaraciones
- Suplementos: 5 aclaraciones
- Mundo: 2 aclaraciones
Total: 158
Responden Hoy por Hoy
27 de diciembre de 2004
Era de esperar su "respuesta" editorial de hoy.
Personas que no han tenido el éxito que quisieron en sus
vidas son dables a envidiar, y tratar de destruir, a los que lo
han logrado y, claro, se consuelan haciendo ver que los que hemos
triunfado lo hemos hecho de mala manera.
Yo regresé al país en 1970 después
de que mis padres me pagaran y mantuvieran ocho años en
las mejores universidades de EU, de donde me gradué con
honores y no fui, como Roberto Eisenmann, expulsado por deshonesto.
He trabajado toda mi vida y sigo haciéndolo, no como alguno
de sus "editorialistas", que es un alcohólico conocido,
al cual se le puede encontrar con mucha frecuencia ebrio en restaurantes
locales antes de medio día.
Igual que mucha gente en este país, veo recompensados
mis esfuerzos porque he trabajado duro y porque me preparé.
Las copias de las facturas del uso de las partidas
discrecionales (que existieron también en la administración
del presidente Endara, bajo otro nombre) sí están
en mi poder y a buen recaudo, no en mi casa como malintencionadamente
menciona su editorial. No es a ustedes a quienes les tengo que
enseñar facturas; ni darles explicaciones de mi patrimonio,
aunque sé que se creen un gobierno paralelo. No tienen ustedes
la autoridad legal ni mucho menos moral para pedir ni cuestionar
nada. Ligados a La Prensa hay personajes vinculados a actuaciones
que riñen con la ley y con la moral, que todo el país
lo sabe pero, por si se les ha olvidado, en su debido momento se
lo recordaremos públicamente.
Mi patrimonio es producto de mi preparación
académica, de la herencia de mis padres, de mi trabajo y
la bendición de Dios. Nunca he engañado a nadie,
ni a ningún banco (cosa que tanto en el pasado como en el
presente algunos de sus directores o ex directores no pueden decir)
y no tengo por qué ocultar lo que es bien habido. Lamento,
eso sí, que les produzca tanta envidia. Eso sólo
demuestra lo poco que valen, a pesar de que hacen uso de un medio
de comunicación para protegerse, proteger a aquellos que
bien les sirven y denigrar a los que no se han dejado manipular
por ustedes.
Ernesto Pérez Balladares
Ex presidente de
la República
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