El juicio del pueblo
Pariente y la realeza española. Torrijos y las promesas de campaña. Weeden y la corrupción... Fotos: Jihan Rodriguez
TEXTO: JOSE ARCIA
jarcia@prensa.com
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El ex gerente, el Príncipe y su esposa.
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Del humor y el ingenio popular nadie se escapa. De ello pueden
dar fe personajes como Bolívar Pariente, Martín Torrijos y Alvin Weeden. Un paseo por la vía Interamericana por estos días y corroborará lo
dicho.
Un muñeco de trapo del ex gerente del Banco Nacional de Panamá y prófugo de la justicia está en Rodeo Viejo, San Carlos, al lado del heredero de la corona de España, Felipe de Borbón y su esposa, Letizia Ortiz.
La justicia tropical probablemente no alcance a Pariente hasta el otro lado del océano, donde realmente se encuentra. Pero la hoguera del pueblo le caerá el próximo 31 de diciembre cuando sean quemados todos aquellos "judas" que integran el top-ten popular del Año Viejo.
El propio presidente de la República, Martín Torrijos, que hace tres meses estrenó el Palacio de las Garzas, recibió una ráfaga de críticas a través de un muñeco en Chame. A un Torrijos malhumorado le toca escuchar a un campesino y a un delincuente que inusualmente se unen para protestar por la falta de soluciones de la Patria Nueva. "Sí se puede: + desempleo, > corrupción, 0 soluciones ¿qué se puede?", le reclaman los manifestantes por medio de una pancarta.
El autor de los personajes, Rodrigo Rodríguez, considera que el nuevo gobierno no ha dado soluciones, pese a que lo prometió.
Unos 10 kilómetros más al oeste, en San Carlos, una radiante Balbina Herrera —pelo largo, celular en la cintura, tacones altos— comparte momentos con el fogoso dirigente obrero Genaro López. Con sus botas y su casco, López y la ministra de Vivienda son catalogados como "la pareja del año" por su creador, Luis Martínez.
López ha advertido que se opondrá al paquete de reformas fiscales y de la Caja de Seguro Social que propondrá en los próximos días el Gabinete de Martín Torrijos, dentro del cual su figura más visible es la ministra Herrera.
Que no se enoje el contralor Alvin Weeden. En Chame "el contralor de Mireya" —como lo bautizaron— tiene un fajo de billetes en las manos y en los bolsillos de su guayabera. Weeden, quien termina su período el próximo 31 de diciembre, negó con enojo y todo que a él la historia lo pueda juzgar como el contralor que permitió la corrupción.
No podía faltar, por supuesto, la presidenta que se fue. A Mireya Moscoso se le ve, muy bien vestida como era su costumbre, en El Espavé de Chame. No se precisa si el dinero de la ropa era de las partidas discrecionales o qué. Lo que resaltan son sus gustos por los lujos.
Los personajes de la televisión también tienen su espacio en esta lista de personajes que han hecho noticia en el año. Cerca de Weeden, en Chame, se encuentra el comentarista de boxeo, política y variedades Juan Carlos Tapia, quien se calzó los guantes en una nueva cruzada personal: el vicio del cigarrillo.
Y ya tiene una aliada. Elvira Fernández, una mujer de Altos de Capira, hizo un muñeco para advertir sobre los nocivos efectos del cigarrillo en la salud. Se basó en una historia personal. Su cuñado falleció de cáncer. El judas muestra una dentadura amarillenta, afectada por el humo. "Consejo de un viejo: fumar es nocivo para la salud", dice el mensaje.
La lista de judas de diversa índole, con su chispa de humor, sátira y creatividad, continúa a medida que se avanza hacia el interior del país por la Vía Interamericana.
Tradición colonial
Los judas, conocidos como muñecos "Año-Viejo" son fabricados después de la Navidad para sacrificarlos en las llamas exactamente el 31 de diciembre a las 12 de la noche.
Explica el sociólogo Raúl Leis, en su libro Esas formas de comunicación que andan por ahí, que se les llama Judas porque en la época colonial se quemaban los traidores en la Semana Santa. La costumbre-tradición evolucionó a una serie de personajes que van desde los más odiados hasta los famosos de la televisión.
Quizás la costumbre, con variaciones y adaptaciones, llegó a Latinoamérica de la península ibérica, y se hizo popular en varios países del continente.
Aparte de la representación satírica de carácter político o social de los personajes que permite revolver hígados a fin de año o sacar una que otra carcajada, esta actividad representa ingresos para algunos de sus creadores. Existe un concurso para los mejores muñecos del año, que organiza el diputado liberal Arturo Araúz (curiosamente, no encontramos registros de que se haya dedicado una sátira a él). Se le otorga 200 dólares al ganador, 100 al segundo, 75 al tercero y 50 al cuarto. De ahí en adelante se le da un incentivo de 20 dólares a los 25 mejores en la lista según un jurado del equipo de trabajo de Araúz. Al final, muchos logran vender sus muñecos, lo que les da un par de dólares, que premian el ingenio, el buen humor y hasta la conciencia política.
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