Panamá, 15 de diciembre de 2004
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El prensista que venció el tiempo

Ismael Marín comenzó con los ‘tipos’, la plancha y el negativo. Ahora pulsa botones para ordenar la impresión

JOSE QUINTERO DE LEON
jquintero@prensa.com

LA PRENSA/David Mesa

En plena faena. Con un cuentahilo, Marín verifica que los puntos, en una trama, y el registro del color, en una impresión, sean los adecuados.

Cuando Ismael Marín comenzó a trabajar, hace 39 años, como técnico prensista, la labor de levantar textos podía tomarle hasta ocho horas.

En esa época escribía el material en tipos, que iba componiendo línea por línea hasta armar cada columna del diario. Cinco años después tuvo que aprender el sistema del negativo y la plancha (offset) y, luego, la impresión digital.

"Cada cambio de tecnología le da agilidad al trabajo", dice Ismael, al recordar aquellos años.

Como muchos viejos tipógrafos, Ismael Marín se graduó en el Instituto Técnico Don Bosco, en 1965, bajo los preceptores salesianos. Allí aprendió a manejar el componedor, los lingotes, las interlíneas; a armar los bloques con tipos de plomo y echar a andar, desde las románticas platinas a las poderosas rotativas Heildelberg.

Marín pertenece a una generación que presenció el fin del reinado de la tipografía. De la vieja maquinita de composición con la cual preparaba los lingotes de plomo, sólo quedó el recuerdo.

Ahora, desde un ordenador Marín programa los tiros y el número de ejemplares que serán impresos en la madrugada. Desde el balcón donde domina el desempeño de la rotativa Urbanite 50, observa cómo uno de los pupilos puede manejar, con facilidad sorprendente, el fluido de las tintas en un tiraje que puede alcanzar 50 mil impresos por hora.

Para Marín es conmovedor cómo quedó atrás la mística y la prolijidad que exigía el trabajo tipográfico. Antes, dice, el artesano tenía que traer consigo los conocimientos y disponerse a aprender para desarrollar un trabajo de calidad.

Hoy, añade, la tecnología lo ha simplificado todo. "Siempre se requerirá el talento del hombre, pero la destreza manual está siendo desplazada minuto a minuto", indicó.

Marín cree que la figura del héroe anónimo que fue el tipógrafo ha perdido su protagonismo frente la tecnología.

"Ya se está imprimiendo desde el ordenador a la plancha y muy pronto será desde el ordenador a la rotativa. En un mes un joven puede adquirir la destreza básica para manejar tan poderosa impresora", afirmó.

En la actualidad, Marín es superintendente de talleres de Corporación La Prensa y uno de los socios fundadores del diario libre de Panamá.

No pocas satisfacciones acompañan a Ismael Marín. A sus 56 años se siente realizado por haber podido transmitir sus conocimientos a nuevas generaciones y porque fue parte de la lucha que desde las rotativas desarrolló el diario contra la dictadura militar.

Día Nacional del tipógrafo

Hoy, 15 de diciembre, los tipógrafos panameños celebran su día. En esta fecha, hace 87 años, se fundó la Sociedad de Tipógrafos. En 1955 la celebración salió del ámbito gremial, al aprobar la Asamblea Nacional de ese entonces la fecha, mediante la Ley 87 de 1952.

Desde la irrupción de Juan Gutemberg, en 1450, con sus primeras impresiones en Maguncia, Alemania, el tipógrafo se distinguió como el artesano disciplinado y meticuloso que dedicó sus esfuerzos a difundir la cultura masiva, lo que contribuyó a terminar con al obscurantismo medioeval. Desde entonces, el tipógrafo, trabajador de las artes gráficas, se unió en gremios que constituyeron agentes de cambio en sus respectivas sociedades.

En Panamá, los tipógrafos participaron de la lucha libertaria que recorría la América en 1821, con la Miscelánea del Istmo. Luego, también lo hicieron en el Panamá colombiano al lado del liberalismo. En el amanecer de la República, el gremio evolucionó de la Sociedad Tipográfica de Protección Mutua (1898) a Sociedad de Tipógrafos de Panamá (1918), bajo los vientos ideológicos y sindicales que recorrían Europa.

La Sociedad de Tipógrafos de Panamá fue uno de los gremios que insufló fuerza y beligerancia a la Federación Obrera en defensa de los derechos de los trabajadores, huérfanos de justicia laboral y social. Hasta hace sólo dos décadas, la pujanza del Sindicato de Tipógrafos y Trabajadores de las Artes Gráficas se mantuvo vigente.


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