Panamá, 15 de diciembre de 2004
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¿La reforma del Estado?

Jorge F. Marengo H.

En las últimas décadas, muchos gobiernos han iniciado procesos de modernización, reconversión, reingeniería, fortalecimiento o reforma de la administración del Estado. No importa cómo se les denomine, en el fondo todos son procesos positivos que buscan básicamente los mismos objetivos.

Recientemente, funcionarios del Gobierno nacional han expresado la intención de realizar una serie de cambios o modificaciones a la estructura gubernamental que tienen como objetivo, de acuerdo con lo publicado en los medios de comunicación social, una administración pública menos burocrática, más ágil, más transparente y honesta, más moderna, etc., lo cual constituye, en mi opinión, una aspiración de una gran mayoría de panameños.

He leído o escuchado a menudo declaraciones que señalan lo siguiente: vamos a reinventar la institución, se va a reformar tal institución, se va a revisar el servicio exterior, vamos a propiciar cambios en los patronatos, debemos reducir la planilla estatal, vamos a crear ventanillas únicas, etc.

El Gobierno nacional tiene, a no dudarlo, un equipo de gobierno capaz, con deseos de trabajar, de hacer cambios, de lograr metas y objetivos, pero todo ese esfuerzo, por lo menos en materia de reforma administrativa del Estado, debe estar articulado dentro de un proyecto de tal suerte que lo que se han propuesto se logre y tenga éxito.

Una reforma de la administración del Estado requiere que la formulación e implementación de esta se dé en forma dirigida, coordinada y supervisada, o sea que haya un ente rector que garantice la coherencia necesaria de las acciones y no mediante iniciativas o hechos que parecieran aislados, que pueden tener las mejores intenciones, pero que necesariamente no garantizan los resultados que el país espera. También debo señalar que si bien sus lineamientos, principios y recomendaciones se pueden encontrar en la propuesta de un plan de gobierno, ello no constituye por sí solo un plan o proyecto de reforma.

Es importante una propuesta formal de reforma de la administración del Estado, si es que se desea llevar a cabo. Este no es el momento de escribir largos tratados teóricos que al final o cuando se terminen pasó el tiempo, o su momento, y van a parar a alguna gaveta. El Gobierno nacional tiene en su haber estudios, diagnósticos, propuestas, etc., de cómo reformar la administración del Estado, los cuales han sido financiados por instituciones internacionales en el pasado, y recientemente, que pueden utilizarse y ser útiles. No creo que muchos de los problemas pasados sean muy diferentes a los actuales; además las propuestas de solución que hay en dichos documentos deben contener un abanico de alternativas que pueden aprovecharse, o por lo menos ser consideradas como opciones.

Ahora bien, como los principios de la administración sea pública o privada no han cambiado, es importante y fundamental que en dicha propuesta se establezcan estrategias, prioridades, programas, proyectos, metas, objetivos, y especialmente fechas y responsables, para tener la certeza de que se va a cumplir con lo programado y nos aseguremos de sus resultados. Como ya he señalado con anterioridad, ello constituye las veces de una partitura de una melodía que todos los integrantes de una orquesta pequeña, mediana o grande, deben conocer por igual y bien.

Una reforma de la administración del Estado debe tener la categoría de una política de Estado. Una política que debe comprender temas como el ya iniciado de la anticorrupción, la transparencia, la descentralización, la revisión de los procesos y de toda la estructura gubernamental, la coordinación interinstitucional, la calidad de los servicios, un nuevo modelo de gestión basado en resultados, la capacitación del funcionario, la incorporación de nuevas tecnologías en todos los niveles, etc. Además, y ojalá se pueda lograr, el inicio de una cultura de calidad y productividad, y especialmente la de rendición de cuentas.

Es necesario tener presente que dicha reforma es un proceso que en sus primeras etapas puede durar varios años y que una vez iniciado debe tener la capacidad de producir ella misma los cambios que sean necesarios en forma permanente para mantener una administración pública eficiente, eficaz, con capacidad de innovar y ofrecer servicios de calidad, entre otros. Si ello se logra, se habrá tenido éxito por lo menos en ese aspecto.

Una reforma de la administración del Estado tiene la obligación de considerar al usuario o ciudadano como el centro de ese universo denominado administración pública, y no al revés, como es usual.

El autor es abogado y administrador público
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