| PSICOLOGO
EN CASA
La guerra de los sexos
Sin el conocimiento de sus distintas peculiaridades, las parejas esperan que el otro sea como uno mismo
Alicia Rego
ESPECIAL PARA LA PRENSA
REVISTA@PRENSA.COM
Cuando
Tom llega a casa quiere relajarse y serenarse leyendo tranquilamente el diario.
Se siente tenso por los problemas no resueltos de ese día y encuentra
alivio en el olvido.
Su esposa, Mary, también quiere relajarse de su día de tensiones. Sin embargo busca alivio hablando acerca de los problemas de ese día.
La tensión que surge lentamente entre ellos se convierte de forma gradual en resentimiento.
Tom piensa secretamente que Mary habla demasiado, mientras que ella se siente ignorada.
Con este párrafo John Gray ilustra uno de los capítulos de su libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, una obra que aunque lleva tiempo en el mercado no compré hasta hoy. Y no lo hice porque debo admitir que le tengo tirria a todo lo que me huela a psicología barata. Sobre todo si viene disfrazado de manual de autoayuda.
Pero con este documento me equivoqué. Animada por un grupo de colegas con quienes tomo unas clases de Psiquiatría, decidí adquirirlo.
Pude comprobar que no era un texto más sobre superación personal, sino una valiosa guía dotada de rigor científico.
Una valiosa guía que contribuye a la comprensión de los diversos modos de comunicación entre los miembros de la pareja y sus encontradas necesidades emocionales.
En este sentido, Gray explica que aunque casi todos convendrían en que hombres y mujeres son diferentes, la mayoría de la gente no sabe hasta qué punto lo son.
En los últimos 10 años muchos libros avanzaron con firmeza en el intento de definir estas diferencias.
Pero, a pesar de que se han logrado importantes progresos, muchos son parciales y desafortunadamente refuerzan la desconfianza y el rencor hacia el sexo opuesto. De hecho, no son pocos los que consideran que un sexo es víctima del otro.
Sin el conocimiento de sus distintas peculiaridades, varones y féminas tienden a enfrentarse.
Muchos se sienten frustrados con el compañero porque esto se olvida, porque se espera que el otro sea como uno mismo.
Deseamos que quieran lo que queremos y sientan lo que sentimos. Que reaccionen como reaccionamos sin percatarnos de las características intrínsecas relacionadas con el género.
Como resultado, nuestras relaciones se llenan de fricciones y conflictos innecesarios que a veces terminan en guerras tan duras que derivan en divorcios.
En contrapartida, el comprender la naturaleza del otro, su lenguaje y manera de actuar, podría abrir el camino para que el amor pudiera florecer.
Radiografía de nuestras diferencias:
En Venus
• Se expresan sentimientos, emociones (registro subjetivo-afectivo), y se piensa en voz alta: lo que se dice a las 7:00 ya no tiene validez a las 7:30.
• Se enfrenta el estrés hablando abiertamente. • Se usa y se abusa de los superlativos, generalizaciones y otras licencias poéticas. Se usa el "jamás salimos", "jamás me escuchas", "jamás te preocupas por los niños", el "jamás" marcando la intensidad de la frustración sentida.
• Se usa la intuición para "adivinar" las preocupaciones y deseos del otro. Esperan que el hombre adivine lo que ella está sintiendo (para ellas en eso consiste el amor), algo nada fácil para él.
• Se disecan los problemas con una precisión quirúrgica. Esperan manifestaciones de empatía y que se les escuche atentamente.
• Las mujeres enseñan a su pareja que lo quieren haciéndole preguntas.
• Siempre están buscando mejorar a su pareja.
En Marte
• Se transmiten informaciones (registro lógico) y se reflexiona antes de hablar, lo que le da a las palabras un sentido mucho más definitivo.
• Los hombres se meten en sus cuevas cuando tienen un problema.
• Se busca la palabra justa y se entiende lo que dice el otro de manera literal. Por eso, cuando ella dice: "jamás salimos", él contesta: "¡no es cierto, fuimos a cenar hace 15 días!".
• Se contesta solamente a las preguntas explícitas.
• Se piensan los problemas en silencio. Odian hablar del tema antes de tener una solución.
• Los hombres enseñan a su pareja que la quieren dejándola tranquila.
• Muchos creen que una pareja funciona o no funciona.
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