Panamá, 14 de diciembre de 2004
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Perlas australianas, un milagro marino

Lustre es la característica más importante de una perla, que viene determinado por la luz reflejada en su superficie

Ana Garcia de Barañano
DE EFE

LASERFOTO EFE

Las perlas han sido una pasión femenina durante toda la historia.

A lo largo de la historia las perlas han resultado fascinantes, bellas y místicas.

Se mencionan en el Antiguo Testamento y en otros libros sagrados. En Roma eran consideradas como el más alto símbolo de posición social y en la Edad Media aparecen múltiples veces en el arte religioso, permaneciendo la pasión por ellas hasta nuestros días. En 1800 se descubrió la "Pinctada Máxima", la ostra perlífera más productiva del mundo, y de la cual proceden las reinas de las perlas: las perlas australianas.

Al contrario que la mayoría de las joyas, la perla es una gema orgánica, es decir, proviene de un ser vivo.

Las ostras, que viven en el fondo del mar, se alimentan abriendo ligeramente su concha para dejar paso al plancton del que se nutren, pero si por alguna circunstancia penetra una sustancia extraña (parásito, gusano etc.) y la ostra no puede expulsarla, entonces segrega nácar para envolver al "intruso" y para protegerse de la agresión, formando lo que nosotros conocemos por perla.

Las perlas naturales son una rareza en la actualidad. Requieren la pesca de miles de animales para encontrar tan solo una perla de buena calidad, además, la polución de las aguas y la pesca irracional de ostras.

El cultivo

Gracias a la intervención del hombre, las perlas cultivadas se forman de manera casi idéntica a las naturales, seleccionando las ostras con cualidades superiores para la producción de perlas, e implantándoles intencionadamente el objeto irritante.

Actualmente existen varias clases de perlas cultivadas en el mundo: las blancas australianas, las perlas negras cultivadas en los mares del sur, las perlas japonesas Akoya originadas por las tres variedades principales de ostras Pictada, y las de agua dulce, producidas mayoritariamente en Japón y China.

Paspaley y Kailis son las dos corporaciones marítimas más grandes de Australia dedicadas al cultivo de perlas. Ambas pertenecen a dos importantes familias de origen griego y tienen sus granjas en la zona de Broome y Darwin, en lugares deshabitados de la costa oeste de Australia donde las aguas son absolutamente prístinas e impolutas, proporcionando las condiciones óptimas para la crianza de las ostras.

Después de al menos dos años de crianza, las ostras se sacan del fondo del mar y se trasladan al barco-laboratorio, donde se procede a la extracción de las perlas.

El tamaño de la perla no afecta su calidad, pero las más cotizadas son las de mayor tamaño, las cuales se obtienen de la crianza de las ostras por lo menos durante cinco o seis años.

La calidad

Las características esenciales que determinan la calidad de una perla son las siguientes:

• Lustre, la característica más importante de una perla, que viene determinado por la luz reflejada en su superficie y que está directamente relacionada con la calidad y cantidad de las distintas capas de nácar.

• Superficie libre de manchas, abultamientos, imperfecciones o hendiduras.

• Forma. Las más cotizadas son las que son perfectamente redondas.

• Tamaño. Las más grandes son las australianas, que oscilan entre los 10 y los 20mm de diámetro.

• Color. En esto depende mucho el gusto personal. Entre las perlas de Australia las hay con una ligera tonalidad rosada, blancas-plateadas, de color crema y dorado.

Buen mantenimiento

Para mantener las perlas en perfectas condiciones es necesario:

• Guardarlas siempre en el estuche original.

• Evitar los perfumes y otros productos químicos sobre las perlas.

• Limpiarlas a menudo con una tela suave y húmeda.

• Reenfilar las perlas cada dos años para evitar que el hilo de seda se rompa.

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