El
tiempo de las luces
La opinión pública está bien informada y no se traga la imagen purificada de quienes ahora se presentan como ejemplo impecable de honestidad Carlos M. Arango Jr.
"En el tiempo de las bárbaras naciones, de las cruces colgaban los ladrones, y ahora en el tiempo de las luces, del cuello de los ladrones cuelgan las cruces".
Esta sentencia, que nos decía con frecuencia un querido tío ya fallecido, parece que la hubiera formulado mientras pensaba en el Panamá de hoy. Tal vez desde la eternidad nos lo sigue recordando. Por eso comienzo con ella esta opinión.
En efecto, pareciera que a propósito de que se empieza a poner un poco de orden en nuestra sociedad, algunos se empeñan en continuar viviendo a contracorriente de lo que inexorablemente se impondrá en el desempeño ciudadano.
Referente a las denuncias públicas por el supuesto manejo irregular de fondos en instituciones públicas, se alzan las voces altaneras y desafiantes de los denunciados, invocando una pulcritud que todos intuimos nunca hubo. Los rostros desdibujados que inculpan a sus denunciantes no convencen a nadie. Este país es muy pequeño y aquí nos conocemos muy bien. Afortunadamente la opinión pública está bien informada y no se traga la imagen purificada de quienes ahora se presentan como ejemplo impecable de honestidad.
En el sector privado sucede otro tanto, por lo que no están libres de culpa. Lo que a mi juicio parece inaudito es que los gremios profesionales guarden silencio, como si algunos miembros denunciados no tuvieran nada que ver con los sonoros escándalos que se han dado en ese sector. Es necesario que en estos momentos de grandes decisiones y oportunidades se escuche la voz de censura de los referidos gremios.
Cada persona tiene derecho a defenderse ante una denuncia, para lo cual están los abogados. Este es un derecho que debemos defender a toda costa. Sin embargo, hay algunos abogados defensores que dominan las pantallas de televisión hoy, que verdaderamente meten terror.
En el semanario Ellas de este diario, en su columna "Sorbos de buen humor" de hace unas semanas, apareció publicado un pequeño diálogo que encierra una verdad dolorosa, pero que no deja de tener mucho de cierto, salvo por honrosas excepciones. El diálogo dice: ¿Cómo se le llama al que ayuda a un delincuente antes de que cometa un delito? Cómplice, responde el interpelado. Y, ¿cómo se le llama al que lo ayuda después del delito? Abogado.
Duro, ¿verdad? ¡Durísimo!
Me duele aceptarlo porque conozco a muchos abogados íntegros que escapan a esa realidad. Pienso que es hora de que los abogados empiecen a depurar su profesión. El país los necesita capaces y honestos.
Panamá requiere un entendimiento nacional para apoyar el impulso que se le quiere dar a una administración pública eficiente y honesta, y a un repunte esperanzador de que se empiece a hacer justicia a todos los niveles sociales, económicos y políticos.
¿Alguien recoge el guante?
Confío que en Panamá, que quiere asomarse a la época de las luces, no cuelguen los ladrones de las cruces, pero que tampoco las cruces cuelguen cínicamente del cuello de los ladrones.
El autor es ejecutivo retirado
Además en opinión
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