Empresario
con actitud ejemplar
En un acto de corrupción participa tanto el que paga como el que cobra: ¡ambos son igualmente corruptos! I. Roberto Eisenmann, Jr.
Hace algunos días nos enteramos de un ejemplo de lo que debe ser cero corrupción.
Los medios de comunicación destacaron lo actuado por un empresario, a quien un funcionario recién nombrado en el puesto le pidió una coima y participación en el negocio cuya operación dependía de su aprobación.
Lo usual en estos casos es que el empresario pague o se corra, no haga el negocio y se queje ante sus amigos de la "corrupción reinante", pero sin mencionar nombres. Me he encontrado a muchísimos empresarios que justifican haber pagado, porque "en este país el que no paga se queda sin hacer negocio"…¡mentira!; esta es sencillamente una excusa inaceptable del empresario corrupto. En un acto de corrupción participa tanto el que paga como el que cobra: ¡ambos son igualmente corruptos! Yo tengo 46 años de vida empresarial relativamente exitosa, y jamás he pagado una coima. Muy temprano en mi vida empresarial me pidieron coima un par de veces; los denuncié y…nunca más. Se corrió la voz "¡con ese no te metas!...y allí terminó el asunto; igualmente, cuando un empresario paga la primera coima se corre la voz "ese cae, así que ¡trábalo duro!".
Pues bien, en el caso que nos ocupa el empresario Enrique Argüelles –de la empresa Mining & Environmental Advisors, S.A.– no pagó, grabó la conversación, denunció, y el coimero está preso. Estoy seguro de que no fue fácil para él y sus socios, pero fue una actitud y acción ejemplares. Si la gran mayoría de los empresarios de este país se decidiera a hacer lo mismo, tendríamos –entonces sí– "cero corrupción". Si cada empresario y cada ciudadano formaran parte de una policía anticorrupción, denunciando y negándose a aceptar a los coimeros, se secaría el mercado de la coima y resolveríamos el problema.
Por supuesto que el ministro Ferrer merece igual felicitación por actuar con firmeza y decisión, a pesar de que siento que para un hombre honrado desde sus raíces que acepta ser servidor público, esto simplemente es cumplir con su obligación; no debería ser de otra manera.
El ejemplar incidente se provocó por la acción del empresario Argüelles. Aun cuando no lo conozco, ni a él ni a su empresa, lo felicito por su acto de honradez, integridad y coraje personal. Tarde o temprano será mucho más exitoso que sus competidores que pagan coimas a diestro y siniestro –algunos muy conocidos–, los que forman parte de lo que en alguna ocasión denuncié como "maleantes de palacio"…de todos los palacios.
Sugiero a mis amigos dirigentes de los gremios empresariales, todos con códigos de ética muy bien concebidos –pero convertidos en documentos de biblioteca– que los apliquen, ejemplarizando acciones como la de Argüelles, y expulsando y denunciando ante las autoridades a sus miembros con actuaciones anti-éticas (por ejemplo, los del sonado caso CEMIS, Panama Ports, PECC, etc.); todos deberían crear comisiones para la aplicación de sus códigos de ética.
Lo de cero corrupción debe ser tanto en el ámbito público como en el privado. ¡Hagan su parte con la misma firmeza y compromiso demostrados en el ejemplar acto Argüelles-Ferrer!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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