Panamá, 27 de noviembre de 2004

 
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La hora de la locura

CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com

Hasta hace más de dos años era una utopía pensar en estar en un mundial de fútbol. Sonaba ilógico. El simple hecho de imaginárselo era un disparate. Un mito, una ficción, una fantasía. Cualquier cosa que estuviera alejada de la realidad.

Por muchos años se pensaron disparates hasta romperse el hielo con la histórica clasificación al Mundial Juvenil de los Emiratos Arabes del 2003. Allá se jugó, no se ganó, pero tampoco se hizo el ridículo.

A un año casi de haber estado en nuestro primer mundial el equipo mayor alcanzó a clasificarse entre los seis mejores de la CONCACAF. Con las mismas esperanzas de estar en el Mundial de Alemania 2006 que el resto de sus cinco rivales. Entonces ¿es utópico pensar ahora en una clasificación para el Mundial del 2006?

Claro que es difícil pero no imposible. Miremos detenidamente. Si uno se pone a valorar lo que fue la eliminatoria para Panamá no se puede discutir que estuvo complicada. El solo hecho de haberse enfrentado a tres países mundialistas en un grupo en el que se tuvo que definir el segundo clasificado en la última jornada, eso lo dice todo. Nadie regaló nada.

Por eso hay que pensar en grande. No conformarse por el simple hecho de haber cumplido clasificándose entre los seis mejores del área. Entonces, ¿de qué valió tanto esfuerzo? Si nunca antes se había estado tan cerca de pelear por un boleto a una Copa del Mundo.

Lo admito. En un principio tuve mis dudas, sobre todo por lo difícil del calendario, haber comenzado los dos primeros partidos de visitante y el tercero en casa con el gigante de Estados Unidos. No era fácil. Ni para nosotros ni para cualquiera.

Fueron seis partidos difíciles. Sin fogueo. Con un equipo que no despertaba confianza. Porque esa era la realidad que se palpaba. Pero los muchachos respondieron.

Se vio la mano del técnico José Cheché Hernández y su asistente Jorge Amado Nunes, dos entrenadores con mucho recorrido y maña. Lo que da confianza y esperanza para la etapa difícil que se avecina.

A mí en lo particular me asombró lo que se consiguió. Haber pasado por encima de países con tradición y que invirtieron más que Panamá como Canadá, Honduras, Jamaica y El Salvador. ¡Por favor!, es loable. Y todavía hay gente que no le da crédito a lo que se consiguió.

¡Imagínense!, caros lectores. Un país sin infraestructura, con un torneo de ANAPROF en pañales, y aún así se consiguió tal hazaña. Por eso hay que darle crédito a los jugadores y a su cuerpo técnico que hizo el milagro.

Ahora lo que viene es pura estrategia. Esperar el sorteo del martes 30 para que la federación y ANAPROF se pongan de acuerdo para el próximo torneo, porque este equipo necesita tener facilidades en su preparación para aspirar a mayores cosas.

Por estos momentos no queda pensar sino en la locura del mundial, seguir soñando en que se puede alcanzar el objetivo.

No es una locura. Hace un año se dijo que el loco era el Cheché Hernández por afirmar que el objetivo era el mundial. Y miren, ahora nos tiene cerca.

 






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