La hora de la
locura
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
Hasta hace más de dos años era
una utopía pensar en estar en un mundial de fútbol.
Sonaba ilógico. El simple hecho de imaginárselo
era un disparate. Un mito, una ficción, una fantasía.
Cualquier cosa que estuviera alejada de la realidad.
Por muchos años se pensaron disparates hasta
romperse el hielo con la histórica clasificación
al Mundial Juvenil de los Emiratos Arabes del 2003. Allá se
jugó, no se ganó, pero tampoco se hizo el ridículo.
A un año casi de haber estado en nuestro
primer mundial el equipo mayor alcanzó a clasificarse entre
los seis mejores de la CONCACAF. Con las mismas esperanzas de estar
en el Mundial de Alemania 2006 que el resto de sus cinco rivales.
Entonces ¿es utópico pensar ahora en una clasificación
para el Mundial del 2006?
Claro que es difícil pero no imposible.
Miremos detenidamente. Si uno se pone a valorar lo que fue la eliminatoria
para Panamá no se puede discutir que estuvo complicada.
El solo hecho de haberse enfrentado a tres países mundialistas
en un grupo en el que se tuvo que definir el segundo clasificado
en la última jornada, eso lo dice todo. Nadie regaló nada.
Por eso hay que pensar en grande. No conformarse
por el simple hecho de haber cumplido clasificándose entre
los seis mejores del área. Entonces, ¿de qué valió tanto
esfuerzo? Si nunca antes se había estado tan cerca de pelear
por un boleto a una Copa del Mundo.
Lo admito. En un principio tuve mis dudas, sobre
todo por lo difícil del calendario, haber comenzado los
dos primeros partidos de visitante y el tercero en casa con el
gigante de Estados Unidos. No era fácil. Ni para nosotros
ni para cualquiera.
Fueron seis partidos difíciles. Sin fogueo.
Con un equipo que no despertaba confianza. Porque esa era la realidad
que se palpaba. Pero los muchachos respondieron.
Se vio la mano del técnico José Cheché Hernández
y su asistente Jorge Amado Nunes, dos entrenadores con mucho recorrido
y maña. Lo que da confianza y esperanza para la etapa difícil
que se avecina.
A mí en lo particular me asombró lo
que se consiguió. Haber pasado por encima de países
con tradición y que invirtieron más que Panamá como
Canadá, Honduras, Jamaica y El Salvador. ¡Por favor!,
es loable. Y todavía hay gente que no le da crédito
a lo que se consiguió.
¡Imagínense!, caros lectores. Un
país sin infraestructura, con un torneo de ANAPROF en pañales,
y aún así se consiguió tal hazaña.
Por eso hay que darle crédito a los jugadores y a su cuerpo
técnico que hizo el milagro.
Ahora lo que viene es pura estrategia. Esperar
el sorteo del martes 30 para que la federación y ANAPROF
se pongan de acuerdo para el próximo torneo, porque este
equipo necesita tener facilidades en su preparación para
aspirar a mayores cosas.
Por estos momentos no queda pensar sino en la locura
del mundial, seguir soñando en que se puede alcanzar el
objetivo.
No es una locura. Hace un año se dijo que
el loco era el Cheché Hernández por afirmar
que el objetivo era el mundial. Y miren, ahora nos tiene cerca.
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