La historia de Adrián
ROBERTO LOPEZ DUBOIS
rlopez@prensa.com
La tragedia en Darién tiene rostro y personalidad. Refleja a un pueblo olvidado por el tiempo y por quienes tienen en sus manos la solución para ese descuido.
La tragedia en Darién es como el niño Adrián Pacheco, quien vive en las tinieblas debido a una supuesta enfermedad de nacimiento, pero en sus 11 años de vida jamás ha sido visto por un médico.
Adrián, uno de los más de siete mil afectados por las inundaciones, hasta hace tan solo unos días vivía con su madre y sus hermanas en un tambo de la comunidad de El Salto, uno de los lugares más apartados del Darién, que hoy, paradójicamente, es recordado por propios y extraños al convertirse en noticia por la tragedia.
La comunidad de Adrián ni siquiera cuenta con un puesto de salud, pues el que existía fue cerrado en 1974.
El niño nunca ha sido examinado por un médico especialista que determine si, en efecto, el mal que sufre es o no reversible por medio de un tratamiento, o si al menos se le podría practicar una operación que le permita ver la luz nuevamente.
A Adrián le gustaba pasar los días en su tambo, jugar con sus amigos, pero ahora ni eso podrá hacer momentáneamente, pues, como se dijo, su pueblo fue arrasado por las aguas.
Hoy, su madre pide ayuda para subsistir, pero también para atender al niño, pues ella no cuenta con los recursos económicos a los fines de traerlo a la capital, donde un especialista pueda examinarlo.
Por otro lado, la madre pide ayuda para que el niño reciba educación especial, ya que nunca ha asistido a ninguna escuela, por lo que no sabe leer ni escribir, a pesar de que hay muchas posibilidades para los ciegos.
Pero, la escuela le ha quedado vedada, porque la que existe en el pueblo no puede atender a niños con estas características; además, ahora está cerrada.
Y es que con tantos adelantos que hay para ayudar a los invidentes, el niño vive en el olvido, en una tierra alejada de todo.
Adrián es un niño que le encanta jugar. Quiere crecer para ir a Metetí a construir ranchos grandes, y le gustaría venir a Panamá, pero en helicóptero, pues los carros le dan mucho miedo.
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