El regreso triunfal de Pedrito
Altamiranda revivió todos sus éxitos en la discoteca Next. La noche soñada de los jubilados Flor Mizrachi
Especial para La Prensa
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Pedro Altamiranda
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Pedro Altamiranda es una leyenda viviente. Luego de años de no cantar en público -salvo en julio, cuando presentó su nuevo disco en el Club Unión-, Altamiranda volvió radiante. El jueves pasado, en la discoteca Next, el popular cantante puso a bailar a todo el mundo. Vestido de negro y con su sombrero característico, regalo de su viejo amigo el pintor Juan Carlos Marcos, Altamiranda subió al escenario poco después de las 10:00 de la noche. Enseguida disparó sus clásicos: "Mercado", "Carnaval en la Central", "El huevón", "La salsa de Pedro", "Quince centavos" y "Las Tablas". La mayoría de los presentes, entraditos en años, cantaban las canciones con todo el cuerpo, encantados por el ritmo. Había de todo: gente sola escuchando atentamente las letras de las canciones, otros bebiendo, incluso, había parejas muy acarameladas, coreando y bailando coquetamente cada uno de sus éxitos. Es que Pedro Altamiranda despierta en su público recuerdos felices. Sus canciones son cápsulas de alegría contra el aburrimiento. Pero no solo eso. Brilló su chispa y ácida crítica a los valores tradicionales de la sociedad panameña, uno de sus sellos característicos. Por ejemplo, en su canción "Haz lo que digo no lo que yo hago", donde critica a los políticos
con dureza.
El show siguió a toda intensidad y Pedrito solo se detuvo para presentar a su hijo: "yo mismo, pero mejor". Aunque no son pocos lo que piensan distinto y dicen que a Pedrito hijo le falta un poquito de la picardía que hizo tan grande a su padre. De todas formas, el hijo de la leyenda no se hace problemas y se propone como el gran heredero y por eso el público cantó con él "Relevo generacional", incluido en su nuevo disco. Es más, Pedrito Jr. se hizo cargo de una nueva versión de la conocida "Tutú". "El Buhonero", otro de sus clásicos, tuvo una especial variación cuando Pedrito Jr. participó sacando de una maleta los objetos que su padre iba mencionando. Y, entre ellos, las nuevas adquisiciones, como el "traje de Yeya la andrajosa". Poco a poco la noche fue llegando a su fin. El ícono del carnaval panameño y quien, tal vez, describió con mayor precisión a su pueblo, había regresado a los escenarios. Con el talento de siempre.
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