Parlamentando
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
En realidad, me he quedado sin palabras frente al espectáculo de ayer en la Asamblea. Cuando uno cree que ya se tocó fondo con los honorables, pues resulta que aún se puede ir más abajo. Claro que cuando se abre la puerta del abuso, se cuelan por allí todos los que pueden. Y, desde mi perspectiva, la primera nota discordante la dio el máximo jerarca de la Iglesia católica aquel 1 de septiembre, durante los actos de toma de posesión del nuevo gobierno.
Por eso, frente a la nueva realidad de que, entre principales y suplentes, existen unos 15 diputados evangélicos en la Asamblea, junto a la falta de entereza del resto que, ni impidió ni protestó por el abuso de ayer, no hay que extrañarse de lo sucedido. Incluso, como informó este diario, se ha llegado al extremo de proponer que cada sesión de trabajo de la Asamblea se inicie con una invocación religiosa. Y como la cosa ha caído en extremos francamente ridículos, el cuerpo de abogados de las secretarías técnicas tendrán que pronunciarse sobre la legalidad o constitucionalidad de la descabellada propuesta. Pero hay más.
Uno de los nuevos diputados, que parece que ha confundido la curul con el púlpito, el molirena Vladimir Herrera, tuvo la osadía de proponer un proyecto de ley para que se establezca el mes de septiembre como, "el mes de la Biblia" (además se propone el 7 de septiembre como el "día de la Biblia en la República de Panamá").
El artículo 3 de la norma propuesta podría haber sido escrito por el gran inquisidor Tomás de Torquemada. Veamos: "Se ordena a las distintas instituciones del gobierno central, municipal, escuelas públicas y privadas del Estado, a promover el mes de la Biblia, con la finalidad de elevar y mantener los valores que nos señalan la palabra de Dios".
Si seguimos así –y les aseguro que hasta en las empresas privadas y en las familias están dándose casos terribles de oscurantismo religioso– lo próximo serán los autos de fe y la obligación de utilizar los sambenitos, para quienes nos mantengamos en nuestra postura de libres pensadores, defendiendo la libertad religiosa y el laicismo.
Tal vez algunos crean que el tema no es grave y que no hay nada de qué alarmarnos. "Sí, la Asamblea no es el lugar para ello, pero no hay nada malo en unas oraciones", les he oído a algunos. A esos les digo que lo que está en juego es la libertad, la tolerancia, el respeto a las ideas de los otros y, al final de cuentas, la democracia. Ojo, pues.
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