Panamá, 27 de noviembre de 2004
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El caso de las importaciones de carne

Dejemos que las autoridades y los científicos panameños hagan su trabajo, atendiendo la normativa internacional que hay

Euclides Díaz

El principal sostén del leseferismo es el postulado de que los mercados libres y competitivos logran el equilibrio de la oferta y la demanda, y así garantizan la mejor asignación de los recursos. Esto está ampliamente aceptado como verdad indiscutible; no obstante, en nuestros tiempos hay otras consideraciones de orden sanitario que se ubican por encima de esta verdad, correspondiéndole a los Estados la administración inteligente de ciertos controles a fin de salvaguardar la sanidad del patrimonio productivo y humano de que dispone.

Esto es así desde el momento que los Estados contratantes del Acuerdo de Marrakech resolvieron en el Acuerdo sobre la Agricultura "lograr compromisos vinculantes específicos en cada una de las siguientes esferas: acceso a los mercados, ayuda interna y competencia de las exportaciones"; y, en el caso de las medidas fito y zoosanitarias, tan solo a llegar a un acuerdo.

De allí que, en su primer enunciado, el acuerdo sobre la aplicación de las medidas sanitarias y fitosanitarias "Reafirma que no debe impedirse a ningún miembro adoptar ni aplicar las medidas necesarias para proteger la vida y la salud de las personas y los animales o para preservar los vegetales, a condición de que esas medidas no se apliquen de manera que constituyan un medio de discriminación arbitrario o injustificable entre los miembros, en que prevalezcan las mismas condiciones o una restricción encubierta del comercio internacional".

En este sentido mal pueden los importadores panameños pensar que porque son actores importantes del comercio internacional, todas las importaciones de productos de origen vegetal o animal que ellos decidan realizar deben entrar al territorio nacional; asimismo, mal podrían los exportadores panameños pensar que por el solo hecho de participar del comercio internacional, todas sus exportaciones deberían automáticamente entrar al territorio de cualquier país importador.

Para cualquier persona medianamente informada en Panamá esto constituye una verdad de perogrullo, por lo que las manifestaciones hechas públicas en los periódicos nacionales por las restricciones a las importaciones de carne de ganado vacuno no dejan de ser irresponsables y tendenciosas, cuando lo que está en juego con esas importaciones de carne de Estados Unidos es la vida de los panameños y el patrimonio ganadero nacional. Con toda seguridad, los daños irreparables que sufren los ganaderos estadounidenses por haber permitido la importación de productos o subproductos de origen animal contaminados con la enfermedad de la vaca loca, fue un campanazo que continúa martillando en la conciencia de los que administran las disposiciones sanitarias relativas al comercio internacional de productos vegetales y animales de Estados Unidos.

Luego, entonces, dejemos que las autoridades y los científicos panameños hagan su trabajo atendiendo la normativa internacional que hay en la materia, porque de darse la contaminación de alguna persona o animal en Panamá, los primeros en ser criticados, juzgados y sentenciados serán los responsables de otorgar los certificados de importación (v.g. los físicos del ION). Por otra parte, de estarse dando una anomalía por parte de las autoridades sanitarias panameñas en el caso que nos ocupa, no nos cabe ninguna duda de que el Gobierno de Estados Unidos no tardaría un minuto en consignar una reclamación en la OMC.

Por todo lo anteriormente señalado, y tomando en consideración un sabio refrán popular que dice "nadie aprende en cabeza ajena", es necesario que prevalezca la serenidad y que las decisiones que se adopten sean bien razonadas y calculadas para no tener pérdidas que este país no puede darse el lujo de sufrir.

El autor es economista y secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Ganaderos


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