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El trabajo según el capitalismo financiero

Los líderes sindicales pueden emplear incentivos financieros para proteger a los trabajadores

Robert J. Shiller
Especial para Negocios
negocios@prensa.com

BLOOMBERG/Amit Bhargava

Un trabajador de la construcción se prepara para ir a casa al final de la jornada. Más que nunca, los lideres sindicales deben conocer más íntimamente las opciones financieras disponibles en las negociaciones para mejor proteger los intereses de los trabajadores.

La hostilidad tradicional entre sindicatos y el mundo de las finanzas no debe ocultar su interés común en utilizar instrumentos financieros de forma expansiva y creativa.

Vivimos en una época de capitalismo financiero y la única manera inteligente de avanzar —para los sindicatos y otras asociaciones de trabajadores— es que estas agrupaciones ayuden a sus miembros a hacer un uso cada vez más sofisticado de las herramientas de gestión del riesgo.

Las fronteras tradicionales entre trabajo y capital se están borrando. Por ejemplo, las empresas incluyen con mayor frecuencia opciones sobre acciones en sus paquetes salariales normales, incluso para los empleados de base.

En Estados Unidos, el Departamento del Trabajo informa de que en 2003 al 14% de los trabajadores en empresas con 100 o más empleados se les ofreció opciones sobre acciones. Es de esperar que haya más de esos paquetes en el futuro.

Teoría del conocimiento

El problema es que la mayoría de los empleados no entiende bien las acciones y no saben cómo evaluarlas.

Un trabajo reciente de los profesores del MIT Nittai Bergman y Derk Jenter indica que los directores tienden a otorgar opciones a los empleados cuando éstos se muestran excesivamente optimistas sobre las perspectivas de las acciones de la empresa —y así, de hecho, sustituyen de manera oportunista opciones sobrevaluadas por salario completo—.

Los sindicatos y las asociaciones de trabajadores son los vehículos naturales para vigilar este tipo de conducta, pero deben invertir en los conocimientos para hacerlo de manera eficaz.

No deben obstaculizar las compensaciones que incluyan opciones sobre acciones o que creen de alguna forma riesgos financieros para los empleados.

Pero deben asegurarse de que dichos programas estén administrados tomando en cuenta los intereses de los empleados, porque las empresas que alientan a su trabajadores a recibir opciones o a invertir directamente en las acciones de la compañía les están pidiendo que corran parte del riesgo de las empresas.

Sin duda compartir la propiedad puede contribuir a la moral de los empleados. Pero también crea una concentración poco saludable de los riesgos: ahora no solo el trabajo, sino también los bienes de un trabajador dependen de la suerte de la compañía.

El escándalo durante los últimos días de Enron fue que la directiva impidió que los empleados vendieran sus acciones mientras que los ejecutivos se deshacían de las suyas.

Obviamente los sindicatos tienen que estar alertas ante esas conductas impropias. A nivel más general, deben examinar los programas de propiedad para empleados con una óptica tanto favorable como analítica a fin de poder sugerir formas de limitar los riesgos que crean.

Lo mismo se puede decir de otros instrumentos financieros. Desde hace mucho los sindicatos han señalado con satisfacción los contratos ganados a pulso que especifican planes de pensiones de prestaciones definidas para sus miembros.

Pero esos sindicatos a menudo no tenían la sofisticación financiera para juzgar si la empresa destinaba un capital suficiente para cumplir con sus compromisos años después.

Guardianes laborales

En Estados Unidos el fracaso de los sindicatos en representar adecuadamente los intereses de los miembros contribuyó a un incumplimiento importante de los planes de pensiones en la Corporación Studebaker en 1963.

La AFL-CIO, el United Auto Workers (sindicato de trabajadores de la industria automotriz) y el United Steel Workers (sindicato de trabajadores de la industria metalúrgica) solicitaron al Congreso —ante una firme oposición por parte de los intereses empresariales— que se estableciera la Corporación para la Garantía de las Prestaciones de Pensiones en 1974 con el fin de asegurar las pensiones privadas contra el incumplimiento por parte de las empresas.

Gradualmente, muchos países, bajo la presión de sus sindicatos, cuentan ahora con algún tipo de plan de protección de prestaciones para las pensiones privadas. El ejemplo más reciente es el Reino Unido, donde los sindicatos han promovido la creación del Fondo de Protección de Pensiones que comenzará a operar el próximo año.

Pero no resulta claro que estos planes vayan a ser plenamente exitosos. Las tendencias a la baja en los mercados accionarios y las bajas tasas de interés han dejado a las pensiones privadas en todo el mundo en una situación más vulnerable de lo que se esperaba.

Además, los riesgos para los fondos de pensiones pueden estar relacionados con los riesgos para otros factores económicos que afectan a grupos específicos de trabajadores.

Todos a la mesa

Eso significa que los sindicatos no deben dejarle a los gobiernos los complejos problemas financieros que supone el diseño de las pensiones. Los sindicatos locales tienen que participar, ya que los temas que involucra son específicos de las empresas y los trabajadores, y los gobiernos por sí solos no los pueden resolver.

En efecto, la esencia de los sindicatos es que están al corriente de los problemas únicos de un grupo determinado de trabajadores, ofrecen conocimientos enfocados a esos problemas y así representan de manera inteligente sus intereses.

En las complejas economías financieras de hoy, representar los intereses de los trabajadores no es tan sencillo como luchar con la directiva por una rebanada más grande del pastel. Más bien, los sindicatos deben negociar con la directiva de la misma forma en que lo hacen los ejecutivos de primer nivel con las juntas de directores cuando negocian sus complicados paquetes de compensación.

Desafortunadamente, en lugar de aprender cómo pensar de una forma financiera sofisticada, seguimos viendo que los sindicatos en Europa y otros lugares se ocupan demasiado de la seguridad laboral para los trabajadores.

Pero hacer que resulte difícil para las empresas despedir a los trabajadores solo da un beneficio ilusorio a los trabajadores, ya que pone en riesgo la capacidad de la empresa para competir y debilita sus incentivos para crear empleos.

La alineación de los incentivos está en el centro de la teoría financiera moderna. Los sindicatos deben negociar con las directivas en cuanto a otorgar una gestión apropiada del riesgo en forma financiera a sus empleados: los tipos adecuados de seguros, opciones y otras inversiones que los protejan de manera realista sin garantizar su empleo y sin poner en riesgo la productividad de la empresa.

El capitalismo financiero complejo llegó para quedarse y todos tenemos que aprender a convivir con él. Los líderes sindicales deben estudiar finanzas en lugar de tacharlas de malignas. Tienen que desarrollar un cuadro de profesionales con una comprensión sofisticada de la gestión de riesgo y deben trabajar para educar a sus miembros sobre las sutilezas financieras de sus circunstancias específicas.

El autor es profesor de economía en la Universidad de Yale y autor de Irrational Exuberance y The New Financial Order: Risk in the 21st Century.

Copyright: Project Syndicate, noviembre de 2004. Traducción de Kena Nequiz


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