Fijan plazo para desalojo de terrenos en Barú
En los terrenos funcionaban las fincas Ceiba, Malagueto y Guayacán FLOR BOCHAREL N.
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Balbina Jiménez, quien levantó una casa con cañazas y zinc en los terrenos invadidos, no sabe adónde irá con sus hijos.
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FINCA MALAGUETO, Chiriquí. —Un plazo de tres meses dio el Gobierno a los más de 100 invasores de los terrenos de la Cooperativa de Servicios Múltiples de los Trabajadores de la Puerto Armuelles Fruit Company (COOSEMUPAR) en el distrito de Barú.
Oscar Carrera, vicepresidente de COOSEMUPAR, señaló que muchos de los invasores son personas foráneas que han querido "jugar vivo" y obtener ganancias en las 500 hectáreas de tierra que están en descanso, apuntó Carrera.
Señaló que la proyección de la cooperativa es sembrar las 500 hectáreas de terreno con banano u otros rubros para la exportación y de esa manera abrir más plazas de trabajo en el lugar.
Alvaro Muñoz, abogado de los trabajadores, explicó que durante una reunión celebrada con los representantes del Gobierno se estableció un plazo de tres meses para desalojar las tierras, pues en ese tiempo los invasores pueden cosechar los productos que sembraron.
Destacó que esas tierras, aunque no estaban produciendo banano, son parte de un acuerdo marco firmado entre el Gobierno Nacional, la transnacional Chiquita Brands y la COOSEMUPAR, por lo tanto, no pueden utilizarse sin el permiso de la cooperativa.
Las 500 hectáreas de terreno que fueron invadidas pertenecieron a las fincas Ceiba, Malagueto y Guayacán. Allí los precaristas, que no tienen un trabajo fijo, habían sembrado maíz, plátano, palma de coco, de aceite y otros rubros, para luego comercializarlos.
El caso de Balbina
Tras la orden de desalojo algunos de los precaristas no saben qué va a ser de ellos. Ese es el caso de Balbina Jiménez quien levantó una casa con cañazas y zinc para habitar con sus hijos.
Balbina es consciente de que el terreno donde levantó su rancho es de la cooperativa, pero dijo que se vio en la necesidad de invadir, porque el padre de sus cuatro hijos los sacó de la casa donde vivían.
Mayuri, de 13 años de edad, la más chica de los cuatro hijos de Balbina, padece problemas de la vista y discapacidad. Solo se le escucha decir "mamá" y "papá", cantar algunas canciones y emitir otros sonidos que nadie entiende.
"No tengo dónde meterme, quisiera ofrecerle otra situación a mis hijos, pero no tengo los recursos económicos para ello", exclamó.
La dieta diaria de la familia consiste en arroz y frijoles, de vez en cuando una sopita de paquete y en muy pocas ocasiones, carne.
Balbina está dispuesta a trabajar hasta en el "monte", si se le ofrece la oportunidad, pues aunque reconoce que no sabe leer ni escribir, asegura que sí tiene mucha disposición para el trabajo.
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