Panamá, 7 de noviembre de 2004
 
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Un sentimiento patriótico

En este Mes de la Patria, visitantes de ‘La Prensa Web’ seleccionaron las poesías que más evocan su amor patrio

Redacción de La Prensa
[email protected]

Para Mónica, ninguna poesía de autor panameño se iguala a Patria. "Es tan sentida, el corazón se me hincha de orgullo cuando la escucho o la leo". Para ella, de 34 años de edad, esta poesía evoca lo que significa ser panameño, "de esta tierra rica y fértil, de gente positiva y alegre; un país pequeño en dimensión territorial, pero con un espíritu inmenso".

Mayi, de 32 años, quien vive en Estados Unidos, piensa igual. Ella recuerda aún cuando estaba en la escuela y todos los años la recitaban. "Tanto la escuché que ya se me quedó en el subconsciente". Y ahora que vive fuera de su tierra, la entiende mejor.

Para los que no se acuerdan, en este Mes de la Patria visitantes a la página electrónica www.prensa.com seleccionaron lo que consideraban las poesías que más evocan su amor por Panamá. Aquí les reproducimos tres.

Otras populares fueron: Canto a la bandera, de Gaspar Octavio Hernández; Cuartos y Tú siempre dices que sí, de Demetrio Herrera Sevillano, y Panamá defendida de José Franco.

Patria

Ricardo Miró Denis

¡Oh Patria tan pequeña, tendida sobre un Istmo
en donde es más claro el cielo y más vibrante el sol.
En mi resuena toda tu música, lo mismo
que el mar en la pequeña celda del caracol!

Revuelvo la mirada y a veces siento espanto
cuando no veo el camino que a ti me ha de tornar...
¡ quizá nunca supiera que te quería tanto
si el Hado no dispone que atravesara el mar!

La Patria es el recuerdo... pedazos de la vida
envueltos en jirones de amor o de dolor;
la palma rumorosa, la música sabida,
el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor.

La Patria son los viejos senderos retorcidos
que el pie desde la infancia sin tregua recorrió
en donde son los árboles, antiguos conocidos
que al paso nos conversan de un tiempo que pasó.

En vez de esas soberbias torres con áurea flecha,
en donde un sol cansado se viene a desmayar,
dejadme el viejo tronco, donde escribí una fecha
donde he robado un beso, donde aprendí a soñar.

¡Oh, mis vetustas torres, queridas y lejanas
yo siento la nostalgia de vuestro repicar!
he visto muchas torres, oí muchas campanas,
pero ninguna supo ¡torres mías lejanas!
cantar como vosotras, cantar y sollozar.

La Patria es el recuerdo... pedazos de la vida
envueltos en jirones de amor o de dolor;
la palma rumorosa, la música sabida,
el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor.

¡Oh Patria tan pequeña que cabes toda entera
debajo de la sombra de nuestro pabellón
quizá fuiste tan chica para que yo pudiera,
llevarte toda entera dentro del corazón.

Al Cerro Ancón

Amelia Denis de Icaza

Ya no guardas las huellas de mis pasos,
ya no eres mío, idolatrado Ancón:
que ya el destino desató los lazos
que en tus faldas formó mi corazón.

Cual centinela solitario y triste
un árbol en tu cima conocí:
allí grabé mi nombre, ¿qué lo hiciste?
¿ por qué no eres el mismo para mí?

¿Qué has hecho de tu espléndida belleza,
de tu hermosura agreste que admiré?
¿ Del manto que con regia gentileza
en tus faldas de libre contemplé?

¿Qué se hizo tu chorrillo? ¿su corriente
al pisarla un extraño se secó?
su cristalina, bienhechora fuente,
en el abismo del no ser se hundió.

¿Qué has hecho de tus árboles y flores,
mudo atalaya del tranquilo mar?
Mis suspiros, mis ansias, mis dolores,
te llevarán las brisas al pasar!

Tras tu cima ocultábase el lucero
que mi frente de niña iluminó:
la lira que he pulsado, tú el primero
a mis vírgenes manos la entregó.

Tus pájaros me dieron sus canciones;
con sus notas dulcísimas canté,
y mis sueños de amor, mis ilusiones,
a tu brisa y tus árboles confié.

Más tarde, con mi lira enlutecida
en mis pesares siempre te llamé:
buscaba en ti la fuente bendecida
que en mis años primeros encontré.

¡Cuántos años de incógnitos pesares,
mi espíritu buscaba más allá
a mi hermosa sultana de dos mares,
la reina de dos mundos, Panamá!

Soñaba yo con mi regreso un día,
de rodillas mi tierra saludar;
contarle mi nostalgia, mi agonía,
y a su sombra tranquila descansar.

Sé que no eres el mismo; quiero verte
y de lejos tu cima contemplar;
me queda el corazón para quererte
ya que no puedo junto a ti llorar.

Centinela avanzado, por tu duelo
lleva mi lira un lazo de crespón;
tu ángel custodio remontóse al cielo
ya no eres mío idolatrado Ancón!

Incidente de Cumbia

Demetrio Korsi

Con queja de indio y grito de chombo,
dentro de la cantina de Pancha Manchá
trazumando ambiente de timba y kilombo,
se oye que la cumbia resonando está...

Baile que legara la abuela africana
de cadena chata y pelo cuscú;
fuerte y bochinchosa danza interiorana
que bailó cual nadie Juana Calambú.

Pancha Manchá tiene la cumbia caliente,
la de Chepigana y la del Chocó,
y cuando borracha se alegra la gente,
llora el tamborero, llora Chimbombó...

Chimbombó es el negro que Meme embrujara,
Chimbombó es el negro de gran corazón;
le raya una vieja cicatriz la cara;
tiene mala juma y alma de león.

¡Y el tambor trepida! ¡Y la cumbia alegra!
Meme, baila... El negro, como un animal,
llora los desprecios que le hace la negra,
¡ y es que quiere a un gringo la zamba fatal!

Como un clavo dicen que saca otro clavo,
aporrea el cuero que su mano hinchó;
mientras más borracho su golpe es más bravo,
juma toca cumbia, dice Chimbombó...

Vengador, celoso, se alza de un respingo
cuando Meme acaba la cumbia, y se va
cogida del brazo de su amante gringo
(rumbo al dormitorio de Pancha Manchá).

Del puñal armado los persigue, y ambos
mueren del acero del gran Chimbombó,
¡ y la turbamulta de negros y zambos
sienten, que, a la raza, Chimbombó vengó!

Húyese hacia el Cauca el negro bravío
y otra vez la cumbia resonando está...
¡ Pero se dijera que no tiene el brío
de la vieja cumbia de Pancha Manchá!

Es que falta Meme, la ardiente mulata,
y es que falta el negro que al Cauca se huyó:
siempre habrá clientela y siembre habrá plata,
¡ pero nunca otro hombre como Chimbombó!


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