Panamá, 29 de octubre de 2004
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¡Tremenda rumba!

La panameña Erika Ender estuvo encargada de abrir el concierto de Juan Luis Guerra el miércoles en el FCC

ANA MATILDE ICAZA
aicaza@prensa.com

LA PRENSA/Geovanni Hernández

Juan Luis Guerra le supo transmitir su energía al público, que cantó y bailó junto a su orquesta 4.40 durante las dos horas que duró el concierto el miércoles en el Figali Convention Center.

Desde que inició el concierto se supo lo que sería: un rumbón.

Juan Luis Guerra salió a cantar a las 9:34 p.m., como se había programado, vestido con el mismo atuendo que lo distingue desde hace 20 años: un pantalón y saco negro acompañado por una boina del mismo color.

Entró al escenario coreando "bororororoi, bororororoi" para que un público emocionado —que llenó el Figali Convention Center— no aguantara ni un minuto sentado.

Su orquesta, 4.40, le dio vida a A pedir su mano y así empezó lo que fue una gran cantidad de éxitos.

Con tanta trayectoria como artista —20 años— tiene coro "pa’ rato".

¿Entre las más conocidas? Todas. Cantó Visa para un sueño, El costo de la vida, Qué vale la pena, Bachata rosa, El Niágara en bicicleta y cuando sonó Ojalá que llueva café , un señor de la audiencia abrió su paragüas para hacerle tributo a la canción.

Sentado en una silla con su guitarra, el dominicano se nos puso romántico y el público respondió igual. Las parejas se abrazaron y los solteros suspiraron para escuchar Estrellitas y duendes, Palomita blanca y Frío, frío. Suficiente para descansar los pies.

De su nuevo disco Vale la pena solo cantó unas cuantas, como Soldado.

El artista se tiró dos horas de concierto sin descansar ni un segundo (solo se cambió una vez); él fue a lo que fue. Y parece que los años le han caído bien, ya que se mostró energético y fuerte.

A la hora de irse, no regresó. Las luces se encendieron y muchos se miraron sorprendidos y confusos. Pero no hubo coro de "otra, otra", lo cual me extrañó.

El público, satisfecho con lo recibido y quizá adolorido por tanta bailadera, se marchó sin pedir más, a unos minutos de que sonaran las 12:00 a.m.


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