Náuseas
Yo los invito a hacer notable y notorio nuestro rechazo a cada acto de corrupción que los transitables legisladores cometan en el ejercicio de su sagrada función Pedro Ernesto Vargas
pevargas@psi.net.pa
Una asamblea con viejos y nuevos legisladores encallados en la vulgaridad y la burla a su electorado, en concupiscencia con el delito y la corrupción. Aparentemente inmunes al propósito de adecentamiento y honradez en el manejo de la cosa pública, que ha sido promesa de campaña electoral del presidente Martín Torrijos.
Esa es la imagen que debe perdurar en los ciudadanos con la detestable decisión de archivar los expedientes presentados por el fiscal electoral, para solicitar el levantamiento de la inmunidad de 14 legisladores investigados por delitos electorales y que nos ha permitido conocer Lina Vega Abad, del diario La Prensa.
Benicio Robinson debe tener vergüenza de su argumento, porque aparte de ser una leguyelada es además un acto de complicidad con el delito y una burla sorda a la propuesta electoral de cero corrupción. Igualmente vergonzosa es la actitud de los restantes miembros de la Comisión de Credenciales de la Asamblea: Argentina Arias, Héctor Aparicio, Agustín Escudé, Javier Tejeira, Angel Stanziola, y Jácome Pinzón. A los legisladores que se abstuvieron de votar, Mireya Lasso, Vladimir Herrera, Luis Quirós, Wigberto Quintero y Enrique Mora hay que encomiarles a que continúen una vertical oposición a la mentira y el engaño, pero con la firmeza del voto, no de su abstención.
Es igualmente criticable la actuación del legislador presidente, Jerry Wilson, quien desecha por su propia decisión uno de los pocos instrumentos que tiene ahora el ciudadano para conocer cómo vota su legislador o los legisladores, y cuándo se cumple o no con la asistencia obligatoria y obligante a las sesiones de la Asamblea Legislativa. Volver al pupitrazo, como lo llama la periodista Vega Abad o a la umbría, para aprobar en contra de la virtud es jugarle a la confianza con armas engañosas. Cada golpe dado al pupitre es una gaznatada a la verdad.
Recuerdo aquel día de la toma de posesión del nuevo Presidente de la República, cuando vi venir hacia mi dirección a dos legisladores muy vestidos de blanco. Solo se me ocurrió decirles "ojalá le hagan honor sus actuaciones al blanco de sus ropas". Hubo sorpresa en sus rostros. La sorpresa de oír lo que no se quiere oír, porque no era lo sorpresa de lo que no se debiera oír.
Como ciudadanos responsables de nuestras decisiones yo los invito a hacer notable y notorio nuestro rechazo a cada acto de corrupción que los transitables legisladores cometan en el ejercicio de su sagrada función. Empecemos por lo más sencillo: retirémosle el saludo, alejémosle el abrazo, quitémosle la cara cuando los tengamos cerca. Después, marchemos si es necesario al Palacio Legislativo a pedirles sus renuncias o a forzar su castigo. Es hora de que el pueblo se haga respetar. Es hora de que obligue al elegido a respetar su voto. Su voto no fue por la vulgaridad ni por la burla, ni para el robo y menos para el crimen.
Ojalá el presidente Torrijos, precisamente como muestra de respeto al Organo Legislativo, que es hechura del pueblo, y como corolario a su serio propósito de castigar la corrupción, haga su reclamo personal a los legisladores, y particularmente a los de su alianza de gobierno, que han faltado a lo que las gentes mayoritaria y contundentemente votaron: transparencia sin corrupción.
No más actitudes undantes.
El autor es médico
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