Juristas o sinvergüenzas
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Lo he escrito una y mil veces: la nación panameña no puede vivir sin ley. El país legal tiene que conciliarse con el país real. No podemos seguir viviendo con una Corte convertida en la Corte de la Suprema Corrupción. No hay democracia que aguante tanta vagabundería dentro de lo que tiene ser el máximo Tribunal de Justicia.
Se dio lo que se tenía que dar: el Presidente –junto a el Consejo de Gabinete, a petición del Contralor (quien comparte raíz arnulfista con César Pereira) y avalado por la opinión jurídica de la Procuradora de la Administración– declara vacante el puesto del magistrado Pereira y propone a la Asamblea a una nueva magistrada. Decisión dura, controversial (hay opiniones legales de lado y lado), peligrosa como precedente pero inevitable y necesaria. No es posible procurar un ambiente de reforma anticorrupción sin el necesario primer paso: limpiar la Corte Suprema para que vuelva a cumplir su mandato constitucional y se convierta en la Corte Suprema de Justicia.
Todos hemos sabido y sufrido el parámetro filosófico de los sinvergüenzas latinoamericanos cuando logran una posición de poder público. Todos ellos actúan así: "a los amigos todo, a los enemigos la ley"; la palabra "amigos" es quizá muy generosa; la verdad es más cruda aún "a los que pagan, todo... a los enemigos la ley".
Pero cuando la ciudadanía exige cambio a la desenfrenada corrupción e impunidad y se produce una decisión reformadora, entonces los sinvergüenzas que han usado vulgarmente la ley para beneficiarse se vuelven juristas preclaros...¿para defender qué? La patria, la Constitución, la "ley igual para todos"?...¡no!; para defender su puesto, los 10 mil dólares mensuales, los carros, choferes, guardaespaldas y –más que nada– el poder que les permita seguir con la vagabundería de "a los amigos (o a los que pagan) todo, a los enemigos la ley".
A pesar de tener yo con César Pereira una historia como compañero de lucha, de hasta haber escrito una columna favorable por su escogencia para la presidencia de la Corte, ahora avergonzado por su actuación lamentable tengo que decir que bien botado está; y si se acordara de quién fue, pensaría en el país primero y se iría para su finca en Ocú, en vez de seguir dañándose él mismo, a su familia y a su país. Sé que es peleador y que siempre lo fue, pero antes lo fue por causas justas...no para vagabunderías.
Y ahora, a otra cosa muy importante. ¿Quién es Esmeralda Arosemena de Troitiño, la nueva magistrada nominada? ¿Qué mensaje hay en su nombramiento? Yo no la conozco y enseguida comencé a investigar. Pregunté a quienes la conocen y son de mi entera confianza, ¿es miembro del PRD? La respuesta: "No". Aunque alguna me decía que de mostrar simpatía podría ser hacia ese sector, pero aparentemente no es militante partidaria...y no es PRD. Entonces, ¿es amiga de Torrijos, estuvo con él en la escuela, en la universidad?...No; es más, él no la conoce sino por referencias de terceros. ¿Es seria...es honesta? Todas las referencias me regresaron positivas. ¿Tiene carácter, firmeza y capacidad de independencia?...también las respuestas recibidas son positivas. ¿Está conectada con algún gran bufete?...no; es maestra y abogada con 14 años de ejercicio inobjetable en el sistema judicial.
El mensaje del Presidente –aun cuando poco reportado– es claro: los magistrados elegidos para el cargo no serán del partido ni amigos suyos, y además promete premiar las carreras honestas (que sí las hay) dentro del sistema judicial.
Soy parco en mis felicitaciones, sobre todo a un presidente PRD por razones históricas, pero este acto merece felicitación. Tomó una dura decisión sin que le temblara la mano, y mandó un mensaje claro acerca de la calidad de magistrados que piensa nombrar.
Buen inicio de reforma; ahora, se deben ir ocho magistrados más...para que la Corte vuelva a ser la Corte Suprema de Justicia...y la ley sea igual para todos.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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