Panamá, 3 de octubre de 2004
 
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A la espera de nombramientos vitales

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Sin duda que la miseria ética y laxitud moral en que vive nuestra sociedad es lo que reconoció el equipo del entonces candidato Torrijos cuando armó el importantísimo eslogan de campaña “Cero corrupción”, que pegó debido a la alarma social del electorado. El eslogan se inició como promesa, luego el electorado lo convirtió en compromiso...y finalmente en primario mandato electoral.

“Es harto difícil medir el grado de inmoralidad social” –escribió Gabriel Tortella. Lo que sí sabemos aquí en Panamá es que el costo es altísimo e inaceptable, principalmente para el sector más vulnerable de nuestros ciudadanos.

La prolongada dictadura destruyó los valores, y nos dejó como ejemplo una criminalidad y corrupción fétidas que afectaron todas las altas esferas de la sociedad. El primer gobierno democrático post-dictadura hizo ingentes esfuerzos de reforma ejemplar, pero no fue lo suficientemente radical, permitiendo impunidad absoluta. El siguiente gobierno –PRD– fue de corrupción sofisticada con una caterva de maleantes mal llamados “empresarios” revoloteando por palacio, y si algo logró fue democratizar la corrupción: ya no era tan solo en las altas esferas, sino a todos los niveles. Las siguientes elecciones fueron ganadas por el Partido Arnulfista con el “Compromiso para el cambio”. Los mismos maleantes siguieron revoloteando por palacio, disimuladamente el primer año y pico, pero luego se desataron y la robadera –inicialmente más burda y artesanal– se fue sofisticando y masificando al punto que destruyó una presidencia que pudo ser histórica.

Hoy vuelve el PRD al poder con un compromiso de Cero corrupción. Luego de tanto engaño de lado y lado, hay derecho a desconfiar. Lo único que permite esperanza, es que es una nueva generación la que gobierna y que el frescor de la misma pesó tanto como la organización partidaria para lograr la victoria.

Nos toca ahora, como ciudadanos, ayudarlos para que no sea posible que los presionen a traicionar el mandato electoral. Hay muchos partidarios con un conocido déficit ético y moral. Hay que asegurarse de que no lleguen a dominar y que los maleantes de siempre no sigan revoloteando por palacio.

Es urgente anunciar ya el equipo anticorrupción del Presidente, y que en él no se cuele gente cuestionada. El Presidente debe aprovechar el foro que le brinda Transparencia Internacional en su reunión de benefactores, en octubre, para anunciar en detalle su programa anticorrupción.

Por otra parte, no hay programa anticorrupción que funcione si continúa la impunidad producto de un sistema de justicia que no funciona.

Sé que el estilo del nuevo Presidente es de guardarse sus cartas hasta los momentos finales, pero faltan muchos nombramientos vitales para cumplir el mandato electoral de Cero corrupción.

Falta conocer quién será el nuevo Contralor(a)... y más importante aún: falta conocer quién será el nuevo Procurador(a) General de la Nación.

Estos dos puestos tendrán necesariamente que ser para profesionales con los debidos méritos, con un pasado cristalino, y con un nivel de independencia y valentía personal que produzca confianza en el compromiso de Cero corrupción.

Finalmente, al Presidente le tocará nombrar un mínimo de cuatro magistrados de la Corte Suprema; la mayoría de la ciudadanía desearía que pudiera reemplazarlos a todos. Si no quiere soltar nombres todavía, sería importante anunciar que no reelegirá a ninguno, como señal inequívoca de Cero corrupción en la institución rectora de la justicia, que se ha convertido en la Corte de la Suprema Corrupción.

Esperamos atentamente, y con la firme decisión de no permitir la traición –que quisieran ver algunos– al mandato electoral de Cero corrupción.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana


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