Panamá, 13 de septiembre de 2004
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Sociales
Horóscopo
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Salud en Panamá: entre miseria y opulencia

Si los planes propuestos se cumplen a cabalidad, los índices sanitarios de nuestros ciudadanos serán la envidia del resto de países de la región

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Panamá es un país muy desigual en el aspecto sanitario. Por un lado existe un 10% de población rica –la cual posee casi el 40% del total de la riqueza nacional– que goza de envidiables oportunidades de salud, similares a las observadas en las sociedades más aventajadas del mundo; otro 20% de población pertenece a la clase media cuyo estatus sanitario es razonablemente bueno; un 30% de población económicamente menos aventajada, con una condición de salud deficitaria pero no paupérrima; y un 40% de población profundamente sumida en la miseria, con hambre, expuesta a enfermedades típicas de la pobreza y sin porvenir de mejoría.

Mientras ministros de Salud van y vienen, jactándose de construir hospitales y de trabajar en pro de los más humildes del país, las enfermedades prevalecientes en regiones africanas (tuberculosis, diarrea, malaria, hepatitis, parasitosis, desnutrición) siguen azotando y diezmando a sectores marginados de nuestra nación, especialmente en el área indígena. El sida continúa su imparable progresión, los embarazos no deseados entre niñas y adolescentes se suscitan a diario, el tabaquismo contamina de forma creciente los pulmones de fumadores y no fumadores, el precio de medicamentos y la calidad de substitutos genéricos transitan en la anarquía, y las instituciones sanitarias siguen ineficientes, corruptas y duplicando sus actividades.

Ante cuestionamientos periodísticos, los jerarcas del sector aluden con entusiasmo las tasas de mortalidad infantil, mortalidad materna y expectativas de vida de nuestro país. Ellos parecen creer que somos tontos y novatos en índices epidemiológicos, al abanicarnos públicamente algunas cifras aceptables dentro del contexto promedio de naciones latinoamericanas. Lógicamente, si nos comparamos con Haití, Belice, Honduras, Ecuador, Bolivia y Paraguay, somos reyes. ¿Por qué no nos comparamos con Costa Rica o Uruguay, países similares en población y poder económico? Porque nos daría vergüenza. En Costa Rica, Uruguay y Panamá, respectivamente, las tasas más recientes de mortalidad infantil por mil son aproximadamente 11, 15 y 20, de mortalidad materna por 100 mil son 38, 28 y 71 y las expectativas de vida al nacer son de 77, 75 y 75 años. Aún más, los programas de vacunación infantil son más oportunos y completos en esos dos países que en el nuestro. La prevalencia de sida en Panamá (0.9%), infección íntimamente ligada a pobre educación sexual, embarazos en mujeres jóvenes y mínimo uso de anticonceptivos –no a que seamos más promiscuos–, es cuatro veces superior a la notificada en tierra tica o uruguaya.

La solución a la mayoría de los problemas de salud pública que acontecen en Panamá se puede alcanzar mediante actividades de prevención y promoción de salud. Las ocho principales causas de mortalidad en nuestro país (cáncer, accidentes, eventos cerebrovasculares, infartos, diabetes, enfermedad pulmonar crónica, sida y patología perinatal) se pueden atenuar significativamente a través de programas de detección temprana, educación vial, nutricional y sexual, promoción de hábitos saludables de vida, combate frontal al tabaquismo, uso de técnicas de sexo seguro y adecuado control prenatal. Con eficaz uso de recursos, eliminación de la corrupción, transparencia en licitaciones, establecimiento de una lista esencial y única de medicamentos en todo el país y eliminación de la duplicación MINSA-CSS, se tendrían suficientes fondos para también hacerle frente a los elevados costos de tratamientos especializados, necesarios para el manejo adecuado de pacientes con enfermedades complejas de tercer nivel que escapan a la solución primaria o secundaria. Una óptima medicina subespecializada evitaría las frecuentes colectas públicas que se realizan localmente para enviar enfermos criollos a recibir atención en el extranjero.

Aunque aplaudo la iniciativa de la primera dama en crear una secretaría para los discapacitados, panameños que merecen iguales condiciones de vida, oportunidades de educación o empleo y acceso a facilidades urbanas para su movilización, también debemos enfocar la mayor parte de nuestros esfuerzos en la prevención de estas discapacidades. Para esta meta, resulta vital la creación de un centro especializado de atención perinatal (ojalá como un anexo dentro de los predios del Hospital del Niño) que garantice un manejo óptimo del parto y del recién nacido, con particular énfasis en el neonato prematuro, población más susceptible a desarrollar secuelas motoras posteriores.

Tengo confianza que las esperanzadoras palabras de transparencia y eficiencia emitidas por el señor presidente, Martín Torrijos, durante su toma de posesión, se trasladen también al campo sanitario. Ojalá que los intereses político-partidistas no menoscaben la capacidad ejecutora del nuevo ministro de Salud y provoquen que paulatinamente su credibilidad e iniciales buenas intenciones vayan diluyéndose en el tiempo, similar a lo que ha acontecido en gobiernos precedentes. Si los planes propuestos se cumplen a cabalidad, los índices sanitarios de nuestros ciudadanos serán la envidia del resto de países de la región. ¡Qué orgulloso me sentiría al difundir estas buenas noticias en congresos internacionales!

El autor es médico pediatra e infectólogo
Además en opinión

Salud en Panamá: entre miseria y opulencia: Xavier Sáez-Llorens
Una difícil decisión: Rolando Rangel
Embriología y fisiología del ‘juega vivo’: Eduardo Espino López
Canal: ¿casa llena o medio llena?: José Bolívar Martínez
La alberca de Pilatos: Rac/Vic





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá
 
Derechos reservados. Corporación La Prensa.