Curiosidades
101 años y pa’lante
Jackie Souter
jsouter@prensa.com
| LA PRENSA/Jackie Souter |
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Leoncia Iriarte en el portal de su casa en el barrio de Miraflores.
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En una agradable casa del barrio de Miraflores, en Betania, Leoncia Iriarte pasa sus días de lo más feliz. Conversa con amigas, escucha misa por radio, "echa cuentos" y hasta come hamburguesas de Burger King...
Cualquiera pensaría que es una adolecente —y quizás en espíritu lo es—, pero en realidad Leoncia nació un día como hoy, 12 de septiembre, hace 101 años.
Ella no se acuerda si nació en el hospital o en la casa, pero ese es uno de los pocos detalles de los que no tiene excelente recordación. Su mente está lúcida, como demostró en una entrevista que concedió a La Prensa.
¿Su secreto para la longevidad? "Yo no sé... no te puedo decir", fue su primera respuesta. Pero poco a poco salieron a relucir esos secretos que le han permitido llegar a vivir tanto.
Mientras nos contaba de sus días como maestra, supimos que Leoncia toda su vida durmió siesta (aunque corta): de 1:00 p.m. a 1:30 p.m. Se acostaba un rato para recuperar energía.
Además, llevó una cierta disciplina entre su profesión como educadora y su actividad como catequista.
Y nos dimos cuenta de que su espiritualidad ha tenido algo que ver. "De Dios lo espero todo y lo acepto todo porque hay cosas que no me agradan mucho, pero vienen de El y yo las acepto", cuenta.
Pero que nadie piense que esta señora tuvo una vida fácil. Leoncia fue maestra de primaria y secundaria, y directora de colegio por más de 30 años. Además, participó junto a Sara Sotillo en la lucha para tener la Ley Orgánica de Educación y hasta protestó en la calle. "Pero no tiré piedras", asegura.
Para ella, es obvio que las cosas, ahora, han cambiado. "Ahora no se respeta a nadie, no se ayuda a nadie", opina.
Hay algo que extraña de su juventud: "los muchachos". Y con su típico sentido del humor nos contó que quizás el hecho de nunca haberse casado es el secreto para haber vivido tanto —aunque sí ha ayudado a criar sobrinos—.
Su sobrina cuenta que ahora su tía se cuida de muchas formas. No toma medicinas en exceso, no cena sino que "pica" en las tardes, duerme lo suficiente y no sale tan a menudo. Pero de vez en cuando se da sus placeres. "A veces come helado", relata su sobrina.
Para Leoncia, todo simplemente ha sido regalo de Dios. Ella vive su vida lo mejor que puede y, aunque está en una silla de ruedas, sigue disfrutándola.
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