Mireya
Moscoso, Fidel Castro y Linda Watt
La grandeza de una persona está dada por su sencillez y humildad en sus actuaciones Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Tres pintorescos personajes han protagonizado el escenario político panameño en estas últimas semanas. La presidenta Moscoso ha saturado las portadas periodísticas con inauguraciones de obras inconclusas, con la propuesta de leyes improvisadas para amedrentar a delincuentes juveniles, con la adquisición de tierras playeras a precio irrisorio y con los indultos otorgados a personas condenadas. El líder cubano profirió amenazas de ruptura de relaciones con Panamá por presuntos rumores –ahora reales– sobre el perdón a cuatro anticastristas por parte de nuestro gobierno. La embajadora estadounidense Watt ha sido noticia por sus charlas educativas sobre el impacto dañino de la corrupción en el futuro de Panamá y por notificar sobre la cancelación de visas a prominentes figuras del Partido Arnulfista. Las actuaciones de estos tres políticos han sido, a mi juicio, lamentables.
La mandataria no pudo persuadir a sus adeptos legisladores a asistir a las sesiones extraordinarias para aprobar su radical y extemporánea mano dura. Una cosa es reforzar la vigilancia en distritos violentos y prohibir a menores deambular por las calles a altas horas nocturnas y otra, muy distinta, es ir en contra de los convenios internacionales y de los múltiples estudios sociológicos sobre el óptimo manejo de bandas de adolescentes. Desconozco si la falta de apoyo a la Sra. Moscoso se debió a que los legisladores entendieron que endurecer las penas, en ausencia de una política coherente de prevención y rehabilitación, era a todas luces contraproducente o si ya no era necesario complacer a la Presidenta porque su mandato está a punto de extinguirse y no habría recompensa por practicar la acostumbrada adulación.
La inauguración del puente Centenario, al cual solo podemos aproximarnos por aire o a nado, es un burdo ejemplo de soberbia y rasgo megalómano. De igual manera, se procedió a inaugurar el flamante cascarón de la maternidad del Hospital Santo Tomás, pero las madres y sus fetos tendrán que esperar hasta el próximo año, presumiendo disponibilidad de suficientes fondos para equipamiento, nombramiento de personal adicional y mantenimiento de las espaciosas estructuras, para parir con dignidad. La grandeza de una persona está dada por su sencillez y humildad en sus actuaciones. Es triste percatarse de que nuestros gobernantes se esmeran más en grabar sus nombres o huellas dactilares y cortar cintas en inacabadas edificaciones, que en servir a la patria con transparencia y modestia. Al fin y al cabo, cualquier servidor público con acceso ilimitado a las arcas estatales puede fácilmente construir obras espectaculares. Bajo estas premisas, ninguno de estos despliegues de altruismo tiene mérito extraordinario.
En clara intromisión en asuntos internos panameños, Castro irrespetó la integridad y soberanía de nuestro país. Jamás un Presidente panameño ha acusado al dictador cubano de violar derechos humanos, fusilar adversarios o coartar la libertad de expresión de su gente. Aunque considero un grueso error haber indultado a estos individuos acusados de terrorismo, este senil dictador no tiene derecho para emitir ofensivas amenazas a nuestro país. A pesar de las protestas mundiales para detener los abusos del régimen comunista, numerosas vejaciones contra compatriotas cubanos continúan sucediendo en la isla. ¿Qué moral tiene Fidel para calificar las actuaciones de otros mandatarios en este respecto?
Todo acto de corrupción debe ser repudiado y condenado por los panameños decentes. No obstante, resulta vergonzoso que una embajadora foránea nos restriegue en la cara la cancelación de visas a personajes conocidos del Gobierno panameño por supuestas pruebas de actos delictivos. No porque las acciones de Watt sean ilegales, ya que Estados Unidos tiene el derecho de negar la entrada a quien le plazca. El problema principal es que con esa acción, la representante diplomática de Estados Unidos elude el concepto de presunción de inocencia y aparenta festinar públicamente con esta noticia, en aparente mensaje subliminal al próximo Presidente para que se alinee en robótica sumisión al coloso del norte.
Hay que ser caradura para denunciar corrupción en nuestro país y pasar agachada ante las flagrantes depravaciones de Bush y su gabinete. Comentada evidencia sugiere que la intervención en Irak fue motivada más por intereses petroleros y necesidad de desempolvar la maquinaria armamentista, que por temores –notablemente inexistentes– de la tenencia de armas de destrucción masiva por Husein. Los mayores beneficiados de esta estúpida guerra son precisamente los que decidieron cancelar las visas de panameños. Billones de dólares han sido ganados por las empresas Carlyle, especialistas en defensa bélica, donde Bush padre e hijo figuran como accionistas notables y por las empresas Halliburton, especialistas en el negocio petrolero, parcialmente manejada por el vicepresidente Cheney. ¿No es eso corrupción, señora Watt? Si a Juliao se le ha negado la posibilidad de entrar en Estados Unidos, a Bush se le debe prohibir la entrada al planeta.
No se trata de dejarnos cautivar por ideologías socialistas o capitalistas foráneas, sino de utilizar una ética elemental para manejar, por nuestra cuenta, los asuntos sociopolíticos internos con justicia, equidad y sentido común. La incoherencia empleada por el gobierno de Moscoso para tomar decisiones importantes es realmente sorprendente. Por un lado, se propone mano dura para los jóvenes panameños pero, por el otro, se ejerce mano blanda para lidiar con delincuentes de palacio y con terroristas cubanos. El gobierno entrante recibe un país en anarquía económica, jurídica y diplomática. Afortunadamente, el período mireyista se acaba muy pronto.
El autor es médico pediatra e infectólogo
Además en opinión
• Mireya Moscoso, Fidel Castro y Linda Watt: Xavier Sáez-Llorens • Para una filosofía del Canal de Panamá: Paulino Romero • Una cuestión de ego: Abdiel Augusto Patiño I. • Fahrenheit 9/11: John A. Bennett N. • La alberca de Pilatos: Rac/Vic
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