Panamá, 29 de agosto de 2004
 
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Kaleidoskopio
Reseña
Sociales
Horóscopo
Mosaico
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
De noche
Restaurantes
Recetas
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

La despedida

Jorge Eduardo Ritter
jritter@cwpanama.net

No le bastó derruir la moral del país, destrozar sus instituciones y arruinar su economía: también quiso desprestigiar su imagen y avergonzarlo ante el mundo. No le bastó dejar al país en manos de la delincuencia: tenía que darle a la fuerza pública –la que no aparece a la hora de los asaltos– la misión de proteger a delincuentes ya condenados para que pudieran abandonar el país gracias a su indulto. No se satisfizo con inundar el país con placas insulsas y bustos de ella misma: tuvo que inscribir su nombre en el registro internacional de la ignominia. No se contentó con haberse burlado del ordenamiento jurídico interno: tuvo que incumplir también los compromisos internacionales que obligan a combatir el terrorismo. No fue suficiente el despilfarro y la corrupción que marcaron su gobierno: también tenía que humillar a unos cuantos beneficiados con las partidas discrecionales, arreándolos a la Presidencia para que, en medio de lágrimas ensayadas, proclamaran su gratitud eterna. ¿Bochorno, desvergüenza, crueldad? Todo y más ha sido la despedida.

Después de negar durante semanas que se preparaba un indulto, en la mañana del jueves nos enteramos de que cuatro delincuentes condenados en primera instancia habían salido de la cárcel y que, con un espectacular operativo de seguridad, habían sido llevados al aeropuerto (en horas de la madrugada como los forajidos) para que pudieran viajar en el jet privado que los aguardaba. No podía esperar a que la justicia se pronunciara de manera definitiva: abusando de una prerrogativa presidencial, se llevó de calle el proceso judicial más sonado de los últimos años. Parece que las razones no fueron tan humanitarias: una grabación revela que tan pronto se consumó la fuga le rindió cuentas a un abogado de Miami, en lugar de informar al pueblo panameño. Tal es su sentido del decoro presidencial. Ahora, so pretexto de defender la dignidad del país nos ha convertido en escarnio. Pero no fue esa la única de sus mentiras y engaños que afloró ese jueves.

Luego de mantener el uso de las partidas discrecionales en el más hermético secreto, para lo cual incluso dictó un decreto de protección a todas luces inconstitucional, al fin anunció que develaría misterio. Y en lugar de revelar los detalles del uso de casi 25 millones de dólares, lo que hizo fue soltar cuatro cifras globales que nada explican y nada justifican. En otras palabras, no contenta con haber despreciado el clamor de la opinión pública durante cinco años, quiso darnos una última demostración de cinismo, hacernos una última burla. Pero a lo que no había derecho era someter a algunas de las personas beneficiadas a la humillación de tener que agradecerle ante las cámaras su infinita generosidad. Tratar de obtener ventajas políticas con las necesidades de la gente no demuestra astucia política ni constituye una estrategia admisible de relaciones públicas: es un acto de perversidad que, a pesar de las lágrimas, denota vileza, ausencia de escrúpulos, indolencia y ruindad.

Es tarea imposible enmarcar en palabras los sentimientos de postración, impotencia y vergüenza que cada nueva desfachatez genera. Dejaba una estela de podredumbre en la administración pública a la que ahora le añade un panorama internacional que urge recomponer: ruptura de relaciones diplomáticas, retiro de embajadores, y el nombre de Panamá por el suelo. Las sonrisas piadosas que antes inspiraba en sus colegas, se han convertido ahora en muecas de desprecio que en alguna forma afectan también al país.

Cuando inauguró un puente sin accesos, muchos creyeron (otros lo dudamos) que habíamos presenciado su última farsa. Pero las dos semanas que siguieron probaron que su descaro no conoce límites. Lo cual nos debe alertar: cualquier cosa puede ocurrir en las horas que faltan para que termine la pesadilla. Por lo pronto se sabe que, para celebrar quién sabe qué, habrá –símbolo del quinquenio– rumba y francachela la noche del 31 de agosto.

Pese a todo, ella dice que la vamos a extrañar. No puedo juzgar por los demás: sospecho que yo no. Pero desafortunadamente tampoco la podré olvidar: todavía quedan muchas bellezas por revelar, y las consecuencias de su desgobierno se sentirán por mucho tiempo. Sin embargo, haré el esfuerzo: por ahora ni siquiera voy a escribir su nombre.

El autor es ex canciller de la República


Además en opinión

El miércoles se marca un pasado, y el futuro: I. Roberto Eisenmann, Jr.
La despedida: Jorge Eduardo Ritter
En EU: radiografía de un electorado dividido: Betty Brannan Jaén
Una despedida consecuente: Jorge Montalván





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá
 
Derechos reservados. Corporación La Prensa.