Helados al ritmo de saloma
Diana Campos Candanedo
dcampos@prensa.com
| LA PRENSA/Víctor Arosemena |
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Mireya Acevedo, la mujer detrás de los Helados Tableños,
en pleno proceso de preparar estos manjares congelados.
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Quien haya ido a Las Tablas en verano o Carnaval, seguramente habrá visto unas pintorescas carretillas azules donde se venden los tradicionales helados de pipa natural, esos que tanto refrescan cuando ataca el calor de Azuero.
Desde hace tres años, esas carretillas azules también se pasean por las calles de la capital, haciendo dulce y refrescante la espera de la luz verde en el semáforo.
Recorriendo las calles de Parque Lefevre, se nos ocurrió seguir a uno de esos carretilleros, que terminó en la casa de Mireya Acevedo, “la mujer de los Helados Tableños”, la misma que a punta de helados logró sola sacar adelante a su familia. Ella es un ejemplo viviente de que para triunfar en la vida no siempre se requiere haber nacido en cuna de oro o haber obtenido un doctorado de Harvard.
Aquella casa –sin grandes lujos y con mucho calor de hogar– es el cuartel de operaciones de los Helados Tableños. Allí se preparan estos manjares congelados con la receta tradicional de Las Tablas y todos los días de allí salen 15 carretillas azules para impregnar las calles con el dulce sabor de un helado casero.
Los “heladeros” venden a consignación. Cada uno debe entregar 26 dólares con 30 centésimos por día y lo demás que vendan es para ellos. Más o menos se ganan unos 20 dólares por día, explicó la propia Mireya Acevedo, quien calcula que en promedio cada carretilla puede estar vendiendo unos 200 conos diarios.
Sin embargo, la vida de Mireya no siempre fue tan feliz. Antes no eran 15 carretillas, sino una sola, la que ella misma empujó por tres largos años bajo sol, lluvia y muchas veces con una sola comida al día. Antes había trabajado vendiendo lavadoras y después en una jardinería.
Eran tiempos difíciles. Mireya vivía con su hijo en una pequeña casa en La Playita de Boca La Caja, donde ahora pasa el imponente Corredor Sur y se yerguen los que ella califica como los “edificios de los ricos”.
Lo que en un momento parecía un problema muy grave, se convirtió para ella en la mayor bendición de Dios y el pasaporte para su negocio propio.
Su pequeña casa sería destruida porque por allí pasaría el Corredor Sur, construido por la empresa mexicana ICA. Mireya estuvo en el medio de la difícil negociación por las indemnizaciones de los moradores de estos terrenos.
Ella y otros vecinos del área pintaron su casa con un mensaje para ICA: “no robes al pobre por ser pobre, porque Dios desde lo alto lo ve y te castiga”.
“Cuando me preguntaban por mi abogado, yo decía que era secreto. Mi abogado era el de allá arriba, en verdad el mejor abogado de todos”, relató.
No se sabe si fue la frase, el abogado secreto o ambos, pero lo cierto es que Mireya logró que ICA le pagará nada más y nada menos que 104 mil dólares de indemnización por una casa que no tenía siquiera un título de propiedad.
Con ese dinero, compró su casa actual en Parque Lefevre, las máquinas para hacer helados, las carretillas y un camión que ella misma maneja para repartir pedidos especiales para fiestas, cumpleaños y eventos especiales.
El camión también sirve para transportar las frutas naturales, que son la materia prima de los Helados Tableños: guanábana, granadilla, jobos (también llamadas ciruelas traqueadoras) y la pipa, que es la más popular.
“La única forma que yo deje de hacer helados de pipa es que Dios decida desaparecer las palmas de esta tierra”, bromeó Mireya.
A futuro, planea comprar el terreno vacío que está al lado de su casa en Parque Lefevre, lo que le permitiría mejorar la distribución de sus helados y venderlos a los supermercados.
“Y quien quita si hasta le puedo mandar unos heladitos a los gringos, ahora que viene el libre comercio, pa’ que prueben las cosas ricas que se hacen en Panamá”, dijo.
Y así, entre helado y helado, conversar con Mireya es para cualquiera una lección de vida: por más difícil que se vea la situación, siempre podemos salir adelante. “Si Dios está conmigo, quién contra mí”, se le oye decir frecuentemente.
La conversación con esta muje, que se ha pasado la vida luchando, terminó al ritmo de una saloma. “Helados Tableños, los mejores de Panamá. Lo demás es imitación, ¡ejue!¡ejue!
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