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Casas de inquilinato, vecindades en vías
de extinción
Aquellos caserones donde casi no había privacidad desaparecen
poco a poco
JEAN MARCEL CHERY
mchery@prensa.com
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| Todos los inquilinos
saben cuando alguien usa el baño. |
Mr. Worrel ya tenía más de tres años de residir
en aquella casa de inquilinato y sus vecinos se extrañaban
porque nunca se habían topado con él camino al baño.
Lo cierto, admitió Matilde, su vecina en el caserón
ubicado en calle Sexta de Parque Lefevre, es que Mr. Worrel, de
origen antillano, salía cada mañana con su sacó,
corbata y kepi... y bien perfumado. Era chofer de un miembro del
Gabinete del presidente Roberto Chiari. Como en toda casona de arrendamiento de Parque
Lefevre, en la casa de inquilinato No. 4 de calle Sexta no era
fácil tener
privacidad. Para evitar que las conversaciones se filtraran por
las paredes de los apretados cuartitos había que susurrar.
Y, para colmo, se tenía que compartir sanitarios, baños
y tinas de lavar.
Por ello, recordó Matilde, a la hora del aseo personal
cada inquilino debía caminar por el patio con la toalla,
jabón y una parrilla de madera, en la cual el arrendatario
se paraba para evitar pisar el suelo del baño y -con ello-
prevenir el contagio de hongos en los pies.
"Se lo juro, a Mr. Worrel, que en paz descanse, nadie se
lo encontró yendo o saliendo del baño", dijo
Matilde, quien vivió los primeros años de su matrimonio
-a inicios de los 60- en esa casa de Parque Lefevre.
Luis Jiménez, un jubilado de 74 años, ha vivido
siempre en Parque Lefevre, incluyendo en la recordada casa de calle
Sexta. Para aprovechar su experiencia, la junta comunal lo contrató por
servicios profesionales. Desde los años 40, tanto en Parque
Lefevre, como en el corregimiento vecino, Río Abajo, la
construcción de las casas de inquilinato tomó auge.
El alquiler era barato y, como los cuartos eran muy pequeños,
una sola casa podía albergar 15 ó 20 familias, y
más. Era un buen negocio para todos. Solo en calle Sexta
había cinco casas de inquilinato en los años 60.
Poco a poco fueron demoliéndose muchas de las casas de
inquilinato de Parque Lefevre y en su lugar se construyeron edificios
de apartamento, talleres, pequeños comercios, puestos de
venta de repuestos y otros negocios. Incluso, para ampliar la Iglesia
de Piedra, de calle Octava, se "tumbaron" tres caserones,
recordó Luis Jiménez.
Actualmente, las casas de inquilinato en Parque
-como llaman al corregimiento los residentes más antiguos- no son más
de 10. En calle Sexta no queda una sola. Entre las calles 13, 15,
y las transversales R, S y U hay seis caserones de alquiler. El
resto, unas cuatro, están en calle 17.
La última de ellas es la casa número
2927.
En la descuidada casa 2927 hay 32 cuartos,
pero solo ocho baños
que pueden utilizarse. No pueden quejarse, por el cuarto solo pagan
25 dólares al mes, admitió Berta, mientras restregaba
sus ropas sobre un tablón medio sumergido en el agua enjabonada.
Ella es una de tres hermanas inquilinas de esa casa. El cuarto
de su hermana menor, Elizabeth, siempre tiene la puerta abierta.
A eso de las 11:00 de la mañana, muy desde afuera, se observa
al "hombre de la casa" tendidos en su cama, envuelto
en sábanas.
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| Las últimas escenas de una forma de vida. |
El dueño de la casa de inquilinato es un indostán,
al cual pocos le han visto el rostro. Si algún huésped
quiere reclamar debe hablar con Gloria (otra hermana de Berta),
quien cobra el arriendo, recibe las quejas, pleitea con ocupantes
inconformes y organiza la limpieza del lugar entre los tres vecinos
que, en lugar de pagar arrendamiento, se encargan del aseo.
Rayando el medio día los niños juegan al ring con
sus canicas en un pequeño espacio de tierra, justo al lado
de una canaleta con agua verdosa estancada. Tres pelotas flotando
sobre una capa de limo dan a entender que el patio sirve de cancha
de fútbol, béisbol y baloncesto.
"Pie de jugador nunca estorba", aduce un jugador acusado
de alterar el juego por tocar una bola de cristal con su zapatilla.
Así transcurren las cosas en la 2927, poco diferente a aquella
casa de inquilinato donde, hace 40 años, vivió Mr.
Worrell y Matilde. Se sigue compartiendo los sanitarios, los baños
y las tinas de lavar.
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