
Cómo vi
la cartilla
Gustavo Ampudia P.
gampudia@prensa.com
La velada del pasado sábado en el
gimnasio Roberto Mano de Piedra Durán llenó mis
expectativas por completo.
Le pongo una calificación de 7 puntos en
una tabla de 10, y aunque suene paradójico, a las peleas
estelares les faltó mucho, bajando de esta forma el puntaje.
Había buena seguridad, iluminación,
excelente atención para el público.
Lo único que lamento es la falta de apoyo
del fanático, que teniendo un evento con precios módicos,
prefiere invertir su dinero en otras cosas.
En la cartilla organizada por la empresa Universal
Boxing Corporation, los cuatro primeros combates terminaron antes
del límite. Eso es candela pura.
Retomo el tema de la asistencia del público.
Es cierto que en Panamá en estos momentos estamos carentes
de boxeadores carismáticos que arrastren a las masas, sin
embargo, también es válido afirmar que hay buenos
púgiles y con opción de pelear en corto plazo en
una pelea de campeonato del mundo.
Quizás si Ricardo Córdoba hubiera
peleado como se tenía previsto ante el mexicano Francisco
Mateos la historia fuera otra.
Hay que apoyar este tipo de eventos y exhorto a
la empresa Universal Boxing Corporation a que siga trabajando en
el boxeo panameño, ya que el evento fue bueno, aunque sé que
las ganancias no fueron muchas, si es que las hubo.
Buena de los árbitros
Aprovecho para felicitar a los árbitros que
trabajaron en la velada, especialmente a Omar Quijada y Javier
Donovan.
Quijada, de manera oportuna, detuvo el pleito entre
Joel Cerrud y Rosano Laurence en el octavo asalto.
La pelea, para mí la más emocionante
de la noche, era dominada por Cerrud, quien a base de fortaleza
fue mermando la fortaleza del espigado colonense.
Y ya en el octavo solo el nocáut le daría
la victoria a Laurence, un púgil valiente, pero que en ese
momento no tenía la potencia para anestesiar a Cerrud.
Después que Laurence recibiera un ‘uppercut’ fortísimo,
Quijada detuvo el pleito.
Algunos de los fanáticos no comprendieron
la situación, sin embargo, ya el castigo era evidente. Acuérdense
de que los boxeadores no son gladiadores de la época de
los romanos, que tenían que dejar la vida para complacer
al César.
Donovan, por su parte, hizo lo mismo en la pelea
entre Agripino Quintero y Jonathan Aguilar, en la que el segundo
ganó por nocáut.
Si Donovan no para el pleito, quizás Quintero
no la hubiera contado.
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