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El turno de Dick Cheney
Las elecciones en Estados Unidos se aproximan
y los escándalos no dejan de acosar a los actuales huéspedes
de la Casa Blanca
Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com
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| En marzo del 2003, George Bush decidió iniciar la “guerra
preventiva” contra Iraq, con el recuerdo de los atentados del
11 de septiembre del 2001 todavía frescos en la memoria colectiva.
Hoy, año y medio después, la guerra contra el terror está en
entredicho. |
El primero al bate fue George Bush. Citó a los
periodistas y anunció al mundo que iría a una guerra “preventiva” con
Irak para destruir arsenales de armas químicas y biológicas. Armas
que las fuerzas de la coalición ni los expertos jamás encontraron.
Luego fue el turno de Donald Rumsfeld. El mundo
quedó perplejo cuando las agencias informativas hicieron circular
fotos de prisioneros iraquíes humillados y maltratados en la cárcel
de Abu Ghraib por las propias tropas estadounidenses. Luego se
supo que Rumsfeld, secretario de Defensa de Bush, sabía de estos “problemas” varias
semanas antes del escándalo.
Ahora es el momento de Dick Cheney, el vicepresidente
de la fórmula republicana. La empresa de la que fue presidente
ejecutivo hasta el año 2000 –cuando se unió a la legión de Bush– ha
sido objeto de múltiples acusaciones de malos manejos contables
y favoritismos en la concesión de contratos para reconstruir Irak.
La poderosa Halliburton
Halliburton es el nombre de la empresa.
Es, de lejos, la empresa que más ventaja ha sacado de la invasión
a Irak a través de millonarios contratos para sofocar incendios
petroleros, transportar personal militar, construir campamentos,
reconstruir instalaciones arruinadas por la guerra y ofrecer otra
gran variedad de servicios logísticos en medio del campo de batalla.
De acuerdo con la revista New Yorker, la multinacional ha
recibido contratos que suman 11 mil millones de dólares.
La empresa, radicada en Houston, Texas, no es una
aprendiz. En la primera Guerra del Golfo Pérsico contribuyó a sofocar
los incendios de los pozos petroleros y reparó edificios averiados
en Kuwait. También suministró servicios de alimentación, lavandería
y transporte a las fuerzas estadounidenses durante el conflicto
en los Balcanes. En Irak, la empresa trabaja a través de la subsidiaria
Kellog Brown & Root (KBR) .
¿De qué se acusa a Halliburton? De haber cambiado
las reglas contables sin notificar a la Comisión de Valores y Mercados
(SEC, en inglés) de Estados Unidos, lo que significa que se presentaron
estados financieros engañosos a la autoridad en 1998 y 1999.
La SEC formuló cargos contra la compañía, contra
su ex presidente de finanzas, Gary Morris, y contra el ex contralor,
Robert Muchmore. A Cheney lo dejó sin culpa alguna. “Cheney dio
testimonio bajo juramento y cooperó voluntaria y plenamente en
la investigación realizada por los funcionarios de carrera de la
comisión”, ha dicho la SEC.
Por este caso, Halliburton acordó pagar 7.5 millones
de dólares a las autoridades para que cierren la investigación.
Muchmore, por su parte, acordó pagar 50 mil dólares, mientras que
Morris no llegó a ningún arreglo, por lo que su caso fue remitido
a una corte federal de Houston.
Pero la millonaria empresa no solo tiene líos con
la Comisión de Valores. El Pentágono también abrió una investigación
para determinar si Halliburton facturó de más al gobierno por los
servicios prestados en Irak, lo que involucraría el mal uso del
dinero de los contribuyentes.
El Wall Street Journal informó que Halliburton
había sobrefacturado al gobierno por un contrato para alimentación
de las tropas en la base militar de Kuwait.
Los auditores del Pentágono concluyeron que Halliburton
no contabilizó adecuadamente unos mil 800 millones de dólares,
cantidad que representa el 43% de los 4 mil 180 millones de dólares
que KBR facturó al Pentágono por gastos de alimentación y alojamiento
para las tropas en la región del Golfo Pérsico.
El año pasado, la empresa fue acusada de sobrecargar
las facturas por el servicio de transporte de combustible de Kuwait
a Irak. Las investigaciones revelaron que la empresa cobraba 2.38
dólares por galón, un dólar por encima del precio promedio cobrado
en el mercado.
Aunque inicialmente se había anunciado que se retendrían
hasta 600 millones de dólares de pagos por este último escándalo,
la decisión fue aplazada hasta tanto no se obtengan más datos del
trabajo logístico que realiza la empresa. La retención de pagos,
además, podría afectar a los soldados que reciben el servicio.
¿Qué tiene que ver Cheney?
Bastante, si se piensa con malicia. Aunque
el vicepresidente se separó de Halliburton en el 2000, ha quedado
en medio de los gestos de sospecha y escepticismo porque los cambios
contables se hicieron cuando él todavía fungía como vicepresidente
de la empresa (1998 y 1999), y porque todavía recibe 150 mil dólares
anuales de Halliburton bajo el concepto de “remuneración diferida”.
Aunque la SEC decidió no inculpar a Cheney por
las trampas contables, el vicepresidente republicano se enfrenta
a un posible conflicto de intereses por la paga que recibe “diferidamente”,
por la adjudicación de contratos a Halliburton sin pasar por procesos
de licitación, por las acciones que todavía posee de la compañía –que
representan unos 18 millones de dólares–, y por las facturas infladas
que la empresa ha presentado al Pentágono en detrimento del fisco.
“No tengo ninguna influencia ni estoy envuelto
en ninguna transacción, ni tengo conocimiento de los contratos
entre la empresa y el gobierno federal”, ha dicho Cheney.
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