Panamá, 29 de agosto de 2004
 
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El turno de Dick Cheney

Las elecciones en Estados Unidos se aproximan y los escándalos no dejan de acosar a los actuales huéspedes de la Casa Blanca

Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com

En marzo del 2003, George Bush decidió iniciar la “guerra preventiva” contra Iraq, con el recuerdo de los atentados del 11 de septiembre del 2001 todavía frescos en la memoria colectiva. Hoy, año y medio después, la guerra contra el terror está en entredicho.
El primero al bate fue George Bush. Citó a los periodistas y anunció al mundo que iría a una guerra “preventiva” con Irak para destruir arsenales de armas químicas y biológicas. Armas que las fuerzas de la coalición ni los expertos jamás encontraron.

Luego fue el turno de Donald Rumsfeld. El mundo quedó perplejo cuando las agencias informativas hicieron circular fotos de prisioneros iraquíes humillados y maltratados en la cárcel de Abu Ghraib por las propias tropas estadounidenses. Luego se supo que Rumsfeld, secretario de Defensa de Bush, sabía de estos “problemas” varias semanas antes del escándalo.

Ahora es el momento de Dick Cheney, el vicepresidente de la fórmula republicana. La empresa de la que fue presidente ejecutivo hasta el año 2000 –cuando se unió a la legión de Bush– ha sido objeto de múltiples acusaciones de malos manejos contables y favoritismos en la concesión de contratos para reconstruir Irak.

La poderosa Halliburton

Halliburton es el nombre de la empresa. Es, de lejos, la empresa que más ventaja ha sacado de la invasión a Irak a través de millonarios contratos para sofocar incendios petroleros, transportar personal militar, construir campamentos, reconstruir instalaciones arruinadas por la guerra y ofrecer otra gran variedad de servicios logísticos en medio del campo de batalla. De acuerdo con la revista New Yorker, la multinacional ha recibido contratos que suman 11 mil millones de dólares.

La empresa, radicada en Houston, Texas, no es una aprendiz. En la primera Guerra del Golfo Pérsico contribuyó a sofocar los incendios de los pozos petroleros y reparó edificios averiados en Kuwait. También suministró servicios de alimentación, lavandería y transporte a las fuerzas estadounidenses durante el conflicto en los Balcanes. En Irak, la empresa trabaja a través de la subsidiaria Kellog Brown & Root (KBR) .

¿De qué se acusa a Halliburton? De haber cambiado las reglas contables sin notificar a la Comisión de Valores y Mercados (SEC, en inglés) de Estados Unidos, lo que significa que se presentaron estados financieros engañosos a la autoridad en 1998 y 1999.

La SEC formuló cargos contra la compañía, contra su ex presidente de finanzas, Gary Morris, y contra el ex contralor, Robert Muchmore. A Cheney lo dejó sin culpa alguna. “Cheney dio testimonio bajo juramento y cooperó voluntaria y plenamente en la investigación realizada por los funcionarios de carrera de la comisión”, ha dicho la SEC.

Por este caso, Halliburton acordó pagar 7.5 millones de dólares a las autoridades para que cierren la investigación. Muchmore, por su parte, acordó pagar 50 mil dólares, mientras que Morris no llegó a ningún arreglo, por lo que su caso fue remitido a una corte federal de Houston.

Pero la millonaria empresa no solo tiene líos con la Comisión de Valores. El Pentágono también abrió una investigación para determinar si Halliburton facturó de más al gobierno por los servicios prestados en Irak, lo que involucraría el mal uso del dinero de los contribuyentes.

El Wall Street Journal informó que Halliburton había sobrefacturado al gobierno por un contrato para alimentación de las tropas en la base militar de Kuwait.

Los auditores del Pentágono concluyeron que Halliburton no contabilizó adecuadamente unos mil 800 millones de dólares, cantidad que representa el 43% de los 4 mil 180 millones de dólares que KBR facturó al Pentágono por gastos de alimentación y alojamiento para las tropas en la región del Golfo Pérsico.

El año pasado, la empresa fue acusada de sobrecargar las facturas por el servicio de transporte de combustible de Kuwait a Irak. Las investigaciones revelaron que la empresa cobraba 2.38 dólares por galón, un dólar por encima del precio promedio cobrado en el mercado.

Aunque inicialmente se había anunciado que se retendrían hasta 600 millones de dólares de pagos por este último escándalo, la decisión fue aplazada hasta tanto no se obtengan más datos del trabajo logístico que realiza la empresa. La retención de pagos, además, podría afectar a los soldados que reciben el servicio.

¿Qué tiene que ver Cheney?

Bastante, si se piensa con malicia. Aunque el vicepresidente se separó de Halliburton en el 2000, ha quedado en medio de los gestos de sospecha y escepticismo porque los cambios contables se hicieron cuando él todavía fungía como vicepresidente de la empresa (1998 y 1999), y porque todavía recibe 150 mil dólares anuales de Halliburton bajo el concepto de “remuneración diferida”.

Aunque la SEC decidió no inculpar a Cheney por las trampas contables, el vicepresidente republicano se enfrenta a un posible conflicto de intereses por la paga que recibe “diferidamente”, por la adjudicación de contratos a Halliburton sin pasar por procesos de licitación, por las acciones que todavía posee de la compañía –que representan unos 18 millones de dólares–, y por las facturas infladas que la empresa ha presentado al Pentágono en detrimento del fisco.

“No tengo ninguna influencia ni estoy envuelto en ninguna transacción, ni tengo conocimiento de los contratos entre la empresa y el gobierno federal”, ha dicho Cheney.

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