| Skyros, la roca de las Espóradas
La tranquilidad de las aguas que bañan sus costas
se traslada al ambiente de sus calles empedradas
Inmaculada Tapia
mosaico@prensa.com
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| La imagen de Skyros
es la de su capital, del mismo nombre y que los locales denominan
Chora: un pueblo
blanco encaramado
sobre una colina. Sus callejuelas empinadas forman parte de su
encanto. |
Según la mitología, la isla fue el refugio de Aquiles,
héroe de Troya, cuya madre, Tetis, lo escondió aquí vestido de
mujer entre las hijas del rey Licomedes, para evitar su marcha
a Troya. Se dice también, que en este lugar murió el rey de Atenas,
Teseo.
Dos islas en una
El acceso principal a la isla se realiza
por avión desde Atenas y los barcos llegan a Asitsa y parten también
desde Kymi. Este pequeño islote de 215 kilómetros cuadrados, el
más grande de las islas Espóradas –compuestas por Skiathos, Skopelos,
Alonissos y Skyros–, está dividido por un istmo que lo convierte
en dos islas diferentes, siendo una la zona noreste, cubierta por
montes de pino tupido y frondoso, y la sur, donde la sequedad la
convierte en una superficie árida y casi deshabitada, en donde
abunda la cría de cabras y corderos y es también el lugar donde
crece una singular especie de potro autóctono de la que se jactan
los isleños y cuya fama, afirman, va más allá de las fronteras
de Grecia.
Los desplazamientos por la isla se pueden realizar
en coche, y no hay ningún inconveniente para lanzarnos a la aventura
en ciclomotor, pues son pocos los tramos de carretera que no están
en buenas condiciones.
Las casas de la capital se construyeron en torno
al castillo, que se encuentra en lo alto de la montaña, para buscar
así su protección. Encaladas y tan pegadas unas a otras que resulta
difícil su división, todas ellas muestran por igual unos tejados-terraza
que son la característica más evidente del estilo de construcción
mediterránea.
Las callejuelas estrechas surgen de la necesidad
de aprovechar el espacio. El monasterio de Agios Gheorghios, también
situado en la parte alta, se halla en el interior de las murallas
del kastro, y mantiene en muy buen estado unas magníficas
pinturas bizantinas. Su visita merece la pena; además, para contemplar
desde lo alto unas magníficas vistas de la isla.
Palamari, Markessi y Kalamitsa albergan alguna
de las ruinas arqueológicas de la isla, pertenecientes a la edad
de bronce. El Museo Arqueológico de Skyros atesora algunas de las
piezas mejor conservadas de aquella etapa y de la época de los
romanos.
Playas del norte
El viajero que busque playas de arena fina,
aguas transparentes y sol a raudales tiene en Skyros el destino
ideal. La playa de la Magazia y Molos en el extremo noreste conducen
hacia arriba, a la de Girismata.
Las de Atsitsa, Agalipa, Petros o Theotokos en
el extremo septentrional, destacan por estar rodeadas por el verdor
de los pinos que ofrecen sombra en pleno acantilado. Las aguas
cristalinas y brillantes del Egeo se mezclan aquí creando combinaciones
mágicas.
Las corrientes tranquilas favorecen la práctica
de los deportes náuticos: el submarinismo y el windsurf son
las dos especialidades que más se ejercitan.
Desde Atsitsa, a través de una pista de tierra,
se llega hasta Fokas Bay por un camino repleto de pinos. La carretera
se despeja con un pequeño puerto, en el que las embarcaciones quedan
ancladas durante la noche, y al que rodean algunos restaurantes
en los que se puede degustar deliciosos platos de comida local.
Seis kilómetros hacia el sur, a través de un bello
recorrido costero encontramos Pefkos Bay. La playa en este caso
es de roca con pequeñas lagunas de arena. La tranquilidad de la
zona es evidente: sólo se divisa una casa y un pequeño restaurante
cuajado de flores y famoso por sus platos de langosta, el manjar
típico de la isla.
Más hacia el sur, las playas se convierten en aguas
de difícil acceso debido a que la carretera asfaltada no llega,
y lo mejor es llegar por barco. Eso las convierte en pequeños paraísos
salvajes. Tampoco hay que olvidar que en la mejor zona de la costa,
está enclavada una base militar en Tris Boukes
Las playas no son el único atractivo de Skyros.
Su geografía abrupta permite la escalada y el senderismo. Kochylas
en el sur y Olympe en la zona norte son las montañas más altas,
pero también se puede ascender hasta la cumbre de Marmaro, Klari,
Afanes y Oros.
Linaria es el siguiente destino de la ruta. En
este pequeño pueblo las casas cuelgan sobre el muelle y la luz
del atardecer se posa sobre los barcos que llegan a la costa. La
llegada del ferry se convierte en un acontecimiento, pues
se le recibe con música, luces y estruendo como si se tratara de
una ocasión excepcional.
Desde aquí salen las excursiones a las grutas submarinas
que se encuentran en la zona sur de la isla y donde habita una
especie protegida de focas mediterráneas. El puerto principal de
la isla se encuentra en Linaria donde hay una iglesia –en la isla
se encuentran diseminadas hasta 180–, restaurantes y la lonja de
pescado. Una carretera, en este caso asfaltada, en excelentes condiciones,
nos conduce 14 kilómetros más allá hasta Skyros. n
Salvando la barrera idiomática
Maribel Ortiz
Como hispanos, el oído nos hace intuir si
no recordar, con semejanza a ratos predecible a ratos sorprendente,
que el español se formó después del griego. Sonidos como hispaniká (español),
glosa (lengua/idioma), Hispanía (España), Panama (Panamá) tienen
el efecto de delatar su significado. Sin embargo, los caracteres
del griego, aún después de acostumbrarnos a la pronunciación, confunden
al transeúnte que desconoce siquiera el griego de cocina (kitchen
Greek), así mundialmente conocido para referirse a la lengua casera
de quienes descienden de emigrantes giregos. Llegas a tierra helénica,
hispano tu origen lingüístico ¿qué hacer? El francés es reconocido
en cierta medida, también el inglés. El español es hablado por
guías turísticos, igualmente.
Sin embargo, hay palabras de uso frecuente que
te ayudarán a romper el hielo con tus anfitriones. ¿Quieres conocerlas?
He aquí un indicio fonético de vocablos que, basados en cómo se
pronuncia cada letra del alfabeto, puedes usar para saludos, tiempo
y otras cosas: parakaló (hola/por favor), efaristó (gracias), signami
(perdón), kaliméra (buenos días), kalispéra (buenas tardes), ora
(hora), biblío (libro), efimérida (periódico), periodikó (revistas),
diálogo (diálogo), poté (jamás), spánia (rara vez), pánta (siempre),
tóra (ahora), ti kánis (¿cómo estás?), ti siméni (¿qué significa?),
kalá (bien), ne (sí), oji (no), ílios (sol), póso kanis (¿cuánto
cuesta?), leftá (dinero), diabátso (leo), yia póso kéros (¿por
cuánto tiempo?), kúrios (señor), kuría (señora), faguitó (comida),
kafé (café), gala (leche), tsájari (azúcar), jumós (jugo), psari
(pescado), kréas (carne), turi (queso), fruta (fruta), banana (banana),
mílo (manzana), yiaurti (yogur), fotuá (fuego).
Ahora ya tienes palabras y, ¿por qué no números?,
verás: midén (0), éna (1), dúo (2), tría (3), tésera (4), pénte
(5), éksi (6), eptá (7), októ (8), enéa (9), déka (10). Lugar:
pú (¿dónde?), Heládas (Grecia).
También cabe explicar que no hay signos de interrogación
sino símbolos parecidos a un punto y una coma que, con la debida
entonación, marcan la pregunta, por ejemplo, theléis ena kafé (¿tú quieres
café?
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