Panamá, 29 de agosto de 2004
 
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La señora de Atenas

Gianna Angelopoulos-Daskalaki es la principal responsable del éxito de los Juegos Olímpicos que concluyen hoy

Esther M. Arjona
earjona@prensa.com

Gianna Angelopoulos-Daskalaki, habla durante el sorteo del Torneo Olímpico de Baloncesto femenino que se realizó del 14 al 28 de agosto del 2004.
Trajes de diseñador, perlas, cabello negro azabache. Gianna Angelopoulos no pasa desapercibida. Todos se percatan de su llegada, sea en una pequeña sala o en el más grande de los estadios.

“Irradia encanto y eficacia”, dijo de ella Laetitia Cénac, en una entrevista del diario francés Le Figaro, “además de su encanto tiene una linda voz, una risa contagiosa y ojos color carbón capaces de alterar el estado del tiempo”.

Mas no se trata de una reina de belleza, sino de “la señora”, “la mujer de hierro”, “la diosa griega” o “la diosa olímpica”.

¿Quién es esa señora?

Gianna Angelopoulos-Daskalaki empezó a ser conocida mundialmente hace siete años cuando su país le dio la responsabilidad de promover la candidatura de Atenas como sede de las Olimpiadas de 2004. Los griegos sabían lo que hacían. Angelopoulos tenía experiencia, contactos y méritos para llevar esa empresa al éxito.

Abogada de carrera, con 48 años de edad, en 1986 fue elegida concejal de Atenas y en 1989, respaldando al partido Nueva Democracia, fue elegida para servir en el Parlamento griego. Presentó su renuncia al contraer matrimonio con Theodoro Angelopoulos, un magnate naviero cuya fortuna está considerada entre las cincuenta más grandes del mundo, según la revista Forbes.

Después de la boda, en 1990, Angelopoulos se dedicó a los negocios y a la atención de sus tres hijos, Carolina, Panagiotis y Dimitris de 21, 14 y 13 años de edad, respectivamente.

En 1994 fue nombrada vicepresidenta de la Escuela de Gobierno “John F. Kennedy”, de la Universidad de Harvard y ha vivido con su familia en el extranjero (Suiza e Inglaterra) los últimos 10 años.

La candidatura de Atenas

La lucha por la elección de la sede de las Olimpiadas 2004 no fue sencilla. Los promotores de las otras ciudades postulantes no se quedarían con las manos cruzadas.

El italiano Primo Nebiolo, presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) y promotor de Roma como sede olímpica, calificó de “mediocre” a la organización del Mundial de Atletismo en Atenas que se había llevado a cabo ese mismo año y señaló que “no se pueden resolver los problemas de Grecia” .

Angelopoulos contrarrestó el problema invitando a una docena de miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) con derecho a voto a un paseo en barco por el mar Egeo, dejando a Nebiolo en tierra.

En otra ocasión las delegaciones de Roma, Estocolmo, Ciudad del Cabo y Buenos Aires (demás ciudades candidatas) acusaron a la delegación de Atenas de violar las reglas del juego ofreciendo regalos y agasajos a los delegados del COI.

“La competencia es dura, todos debemos respetarnos”, decía Angelopoulos, tratando de hacer las paces con las demás delegaciones candidatas, “queremos ofrecer una rama de olivo”.

Una consideración que sería crucial para la elección de la sede, sería la seguridad.

Luego del estallido de una bomba en Atlanta, con dos muertos y 111 heridos, el COI buscaba, además de seguridad, aprobación popular y Grecia la tenía.

Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COI, anunció el resultado en el Palais de Beaulieu, y Angeloupulos intercambió abrazos y besos con miembros de su delegación, mientras los aficionados coreaban su nombre.

Especialistas comentan que Atenas logró la candidatura adoptando una posición totalmente distinta a la que la llevó a perder frente a Atlanta en la anterior Olimpiada.

Los griegos habían sido criticados duramente por actuar de una manera que los mostraba como dueños de los Juegos.

Angelopoulos tomó una ruta distinta. Convenció a los integrantes del COI de que Atenas realizaría un gran esfuerzo para modernizar su estructura y facilidades. Este sería su primer triunfo.

De ida y vuelta

Una decisión posterior tomaría por sorpresa a todos los griegos. Angelopoulos decidió no implicarse en la organización de los Juegos y la prensa no hizo esperar sus comentarios. Según la información que inundaba los medios griegos, no se le garantizaba a Angelopoulos la autonomía ejecutiva que su fuerte carácter necesita.

Pasarían tres años en los que peligró la realización de los Juegos en Atenas, debido a los grandes atrasos en la construcción de centros deportivos y otras facilidades.

“La señora no pudo desoír la llamada de socorro que le lanzó el gobierno después de que el COI advirtiera veladamente que, o se impulsaban los trabajos, o los Juegos se irían a otra ciudad”, sostiene el medio escrito español Gara.

Y los resultados no se hicieron esperar. Angelopoulos tomó las riendas de los Juegos asumiendo la presidencia del Comité Organizador (ATHOC) y, poco a poco, con su amplia sonrisa y su plantada seguridad convenció a los miembros del COI que todo estaría listo para el 2004. “Llegamos a estar fuera de la carrera, pero estamos otra vez en la pista”, dijo en Moscú el 15 de julio de 2001 a los ejecutivos del COI.

No es raro escuchar a algún miembro del COI afirmar que cuando ella habla “uno tiene que creerse lo que dice”.

En Salt Lake City, se presentó otra prueba definitiva. El COI reprochaba retrasos en las obras, falta de plazas hoteleras y una aparente despreocupación sobre los asuntos de seguridad.

“Vamos a destinar 600 millones de dólares para ese capítulo”, dijo. Se trataba de una cantidad enorme que duplicaba la destinada para esos juegos de invierno.

El ex presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, dijo en una entrevista a Associated Press, (AP) que Atenas estuvo a sólo unos tres meses de perder la sede de los Juegos Olímpicos, cuando él formuló una severa advertencia a los organizadores antes de dejar su presidencia en 2001.

Samaranch atribuyó el mérito de haber logrado dar vuelta a las cosas a Gianna Angelopoulos y a la decisión de los dos principales partidos del país de no politizar la organización de los Juegos.

“Fue Gianna, ciento por ciento”, dijo Samaranch, elogiando el papel cumplido por Angelopoulos en el Comité.

Ella resolvió el problema de los hospedajes arreglando que líneas de cruceros ofrecieran sus embarcaciones como hoteles flotantes, convenció a los ministros encargados de las construcciones de las facilidades olímpicas y de conexiones de transporte a acelerar los trabajos, y por razones de seguridad, imploró a los griegos a dejar sus automóviles en casa durante los Juegos y utilizar el sistema de metro, en su lugar.

En cuanto a la cifra invertida en la seguridad de los Juegos, Gara la estima en unos mil 500 millones de dólares, cuatro veces más que la de Sydney y cinco más que la de Salt Lake City.

Impecable inauguración

Pocos días antes de la apertura de los Juegos Olímpicos, Angelopoulos podía haberle dicho a cualquiera: “Te lo dije”, en griego, en inglés o en francés, idiomas que maneja a la perfección, gracias al programa educativo que le impusiera su padre, pero no sería necesario. Tampoco haría mayores aspavientos ni fumaría esos grandes tabacos que acostumbra. Las obras casi terminadas y el ambiente de triunfo que se disfrutaba en Atenas eran suficientes. Los escépticos guardaron sus palabras.

Mientras, Angelopoulos mostraba a una docena de periodistas internacionales invitados los grandes avances y disfrutaba con ellos de una comida. Parte de la conversación quedó plasmada en una entrevista que publicara The New York Times.

En ella, adjudicó el triunfo de la organización a todos los griegos. “Es la sociedad, los ciudadanos griegos que participaron, los que portaron la antorcha, los voluntarios, la gente que compra boletos”.

Y sobre los rumores de que en más de una ocasión estuvo a punto de renunciar dijo: “Hay formas de hacer un trabajo. Yo las usé casi todas”.

Angelopoulos insiste en que no había cabida para la duda en su labor. Por eso, su principal estrategia fue alentar, incentivar a cada uno de los responsables a lograr sus metas. Así, le prometió un beso a Petros Stavrou, ingeniero jefe de la construcción del simbólico y extravangante techo del estadio diseñado por el español Calatrava. En mayo, cuando el techo estuvo terminado, ella encontró al ingeniero a su lado y éste le preguntó: “¿Ahora?”, entonces ella lo besó.

Lo cierto es que “la señora”, como es llamada con respeto y cariño por los griegos, tuvo que balancear las fuerzas de la ciudad de Atenas, el Gobierno griego y varias empresas privadas que en todo momento velaban por sus intereses. Y al parecer, lo supo hacer bien, siempre al frente de todos los detalles, ya fuera con sus elegantes vestidos o con su uniforme olímpico. “Siempre tuvimos presente lo que significan estos Juegos para nosotros. Soñamos con Olympia y nadie puede prohibirte soñar”.

Los Juegos Olímpicos dieron inicio el pasado 13 de agosto con una impresionante ceremonia de apertura. El orgullo griego está al máximo y Angelopoulos también considera eso uno de sus logros.

Orgullo griego

En la anteriormente citada entrevista a Le Figaro, del pasado 2 de julio, Angelopoulos aceptó que la tarea no fue nada fácil. “Tenía mucho miedo, miedo de ser la presidenta, de ser la griega. Yo acepté la posición porque se lo debía a mi país”, pero ella conocía la realidad de la imagen de los griegos. Ella misma la había tratado en un simposio que organizó en la Universidad de Harvard. Son respetados como individuos, pero no como nación. “Nos hace falta un éxito colectivo, pienso que los Juegos Olímpicos son una oportunidad de enseñarle al mundo que Grecia no es solo un bonito país”.

Más adelante, al New York Times le diría: “No hay un país que haya sido más subestimado que Grecia. Queríamos probarnos a nosotros mismos”.

Pero el trabajo no ha concluido.

Piedras en el zapato

Quejas sobre la pobre asistencia del público a los eventos durante la primera semana de los Juegos generaron comentarios negativos dentro y fuera de Grecia.

El diario griego Ta Nea habló de una “guerra de las hermanas olímpicas”, la ministra Fani Falli-Petralia, competente para los Juegos, y Angelopoulos.

La ministra culpó de la situación a los organizadores: “El ATHOC nos dijo siempre que todo estaba bajo control”.

Angelopoulos contestó por medio de uno de sus colaboradores: “Que los estadios estén llenos o vacíos depende de las actuaciones de los atletas”. Y el Gobierno es competente para ello, afirmó. El ATHOC dice haber superado la cantidad de entradas que esperaba vender para estos juegos.

Otra piedra en el zapato de Angelopoulos ha sido la aparición en la revista Playboy de la utilización de símbolos e imágenes del olimpismo para nutrir sus páginas con frases tales como: “2004 segundos de éxtasis”, “busca el oro en el sexatlón”, “mejora tu récord personal en la cama” o la transformada versión del clásico “citius, altius, fortis” , –“más rápido, más alto, más fuerte”– en “más duro, más profundo, más largo”.

El ATHOC se pronunció al respecto solicitando a través de los tribunales la confiscación de los ejemplares de la revista en la que aparecía incluso los nombres de Angelopoulos y Jacques Rogge en un picante juego de palabras.

El juez rechazó la confiscación de ejemplares, pero ordenó que la revista no utilizara más los símbolos olímpicos.

Pero tal vez lo que más le ha quitado el sueño a “la señora” en estos días fue el escándalo de dopaje en el que se vieron envueltos los griegos Costas Kenteris y Catherina Thanou, quienes decidieron abandonar las competencias luego de las especulaciones que causara un inusual accidente que los alejó de la amenaza de un control antidopaje al que debieron someterse unos días antes de los Juegos.

Angelopoulos mostró a Rogge su inquietud por la influencia negativa que los casos de dopaje descubiertos en los últimos días pudieran ejercer sobre la imagen de los Juegos.

Un periódico griego publicó que Angelopoulos y Rogge, que coincidieron en la sede de remo, para una de las competencias, tuvieron un “enfrentamiento verbal” a cuenta de los casos de dopaje.

Pero a pesar de las dificultades “la señora” no dejó de pasearse por las sedes de las competencias para verificar que todo marchara bien, saludar a sus amistades y apoyar a los equipos griegos durante sus actuaciones. Es probable que no haya dormido más de tres horas al día.

Más trabajo y aspiraciones

“El trabajo duro no me da miedo ni a mí ni a las personas de ATHOC”, dijo Angelopoulos. “Toda mi vida he querido hacer cosas excepcionales”.

Por eso muchos se preguntan si “la señora” se conformará con terminar su exitosa participación en los Juegos Olímpicos de Atenas o si tiene algunos planes más ambiciosos en la mira.

Eruditos, según la revista BusinessWeek, especulan que Angelopoulos será candidata a la Presidencia de Grecia.

Aunque ella manejara las preparaciones olímpicas de forma independiente, cuando perteneció al Parlamento era miembro del partido Nueva Democracia que retomó el poder en el mes de marzo. “Las Olimpiadas han sido una oportunidad para el país de brillar y si ella es reconocida como una de sus arquitectas, ese puede ser un trampolín hacia la Presidencia”, comentó James Ker-Lindsay, director ejecutivo de Civilitas Research, un grupo de ideas con miras a buscar soluciones (think tank) de Chipre.

La idea no es descabellada si se mira la trayectoria de “la señora”. Ha ocupado cargos públicos, aceptó la organización de los Juegos a pedido de los políticos de su país, luego de haberse radicado fuera de Grecia, Fue nombrada embajadora de honor por sus servicios en busca de la candidatura de Grecia para los Juegos Olímpicos, ha elevado la estima de la población y sabe manejarse perfectamente en los círculos políticos. “Conozco a todos los ministros actuales, eso ayuda”, comentó al New York Times. Además, maneja a la perfección los medios. Sobre ella Le Figaro publicó: “Evade las preguntas capciosas: la deuda del país, los escándalos financieros relacionados con los Juegos Olímpicos, el futuro de los trabajadores extranjeros que han venido a trabajar... Una sonrisa, un cruce de piernas, manos bien cuidadas en movimiento, ella usa palabras maestras: honor, patria, trabajo y éxito”.

También evade las preguntas sobre sus planes después de las Olimpiadas. Lo primero que va a hacer, cuando terminen los Juegos, dice, es pasar más tiempo con sus tres hijos y su esposo, aunque por lo visto, tomará la antorcha nuevamente muy pronto.



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