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La señora de Atenas
Gianna Angelopoulos-Daskalaki es la principal
responsable del éxito de los Juegos Olímpicos que concluyen hoy
Esther
M. Arjona
earjona@prensa.com
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| Gianna Angelopoulos-Daskalaki, habla durante el sorteo del Torneo Olímpico
de Baloncesto femenino que se realizó del 14 al 28 de agosto del 2004. |
Trajes de diseñador, perlas, cabello negro azabache.
Gianna Angelopoulos no pasa desapercibida. Todos se percatan de
su llegada, sea en una pequeña sala o en el más grande de los estadios.
“Irradia encanto y eficacia”, dijo de ella Laetitia
Cénac, en una entrevista del diario francés Le Figaro, “además
de su encanto tiene una linda voz, una risa contagiosa y ojos color
carbón capaces de alterar el estado del tiempo”.
Mas no se trata de una reina de belleza, sino de “la
señora”, “la mujer de hierro”, “la diosa griega” o “la diosa olímpica”.
¿Quién es esa señora?
Gianna Angelopoulos-Daskalaki empezó a
ser conocida mundialmente hace siete años cuando su país le dio
la responsabilidad de promover la candidatura de Atenas como sede
de las Olimpiadas de 2004. Los griegos sabían lo que hacían. Angelopoulos
tenía experiencia, contactos y méritos para llevar esa empresa
al éxito.
Abogada de carrera, con 48 años de edad, en 1986
fue elegida concejal de Atenas y en 1989, respaldando al partido
Nueva Democracia, fue elegida para servir en el Parlamento griego.
Presentó su renuncia al contraer matrimonio con Theodoro Angelopoulos,
un magnate naviero cuya fortuna está considerada entre las cincuenta
más grandes del mundo, según la revista Forbes.
Después de la boda, en 1990, Angelopoulos se dedicó a
los negocios y a la atención de sus tres hijos, Carolina, Panagiotis
y Dimitris de 21, 14 y 13 años de edad, respectivamente.
En 1994 fue nombrada vicepresidenta de la Escuela
de Gobierno “John F. Kennedy”, de la Universidad de Harvard y ha
vivido con su familia en el extranjero (Suiza e Inglaterra) los últimos
10 años.
La candidatura de Atenas
La lucha por la elección de la sede de
las Olimpiadas 2004 no fue sencilla. Los promotores de las otras
ciudades postulantes no se quedarían con las manos cruzadas.
El italiano Primo Nebiolo, presidente de la Federación
Internacional de Atletismo (IAAF) y promotor de Roma como sede
olímpica, calificó de “mediocre” a la organización del Mundial
de Atletismo en Atenas que se había llevado a cabo ese mismo año
y señaló que “no se pueden resolver los problemas de Grecia” .
Angelopoulos contrarrestó el problema invitando
a una docena de miembros del Comité Olímpico Internacional (COI)
con derecho a voto a un paseo en barco por el mar Egeo, dejando
a Nebiolo en tierra.
En otra ocasión las delegaciones de Roma, Estocolmo,
Ciudad del Cabo y Buenos Aires (demás ciudades candidatas) acusaron
a la delegación de Atenas de violar las reglas del juego ofreciendo
regalos y agasajos a los delegados del COI.
“La competencia es dura, todos debemos respetarnos”,
decía Angelopoulos, tratando de hacer las paces con las demás delegaciones
candidatas, “queremos ofrecer una rama de olivo”.
Una consideración que sería crucial para la elección
de la sede, sería la seguridad.
Luego del estallido de una bomba en Atlanta, con
dos muertos y 111 heridos, el COI buscaba, además de seguridad,
aprobación popular y Grecia la tenía.
Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del
COI, anunció el resultado en el Palais de Beaulieu, y Angeloupulos
intercambió abrazos y besos con miembros de su delegación, mientras
los aficionados coreaban su nombre.
Especialistas comentan que Atenas logró la candidatura
adoptando una posición totalmente distinta a la que la llevó a
perder frente a Atlanta en la anterior Olimpiada.
Los griegos habían sido criticados duramente por
actuar de una manera que los mostraba como dueños de los Juegos.
Angelopoulos tomó una ruta distinta. Convenció a
los integrantes del COI de que Atenas realizaría un gran esfuerzo
para modernizar su estructura y facilidades. Este sería su primer
triunfo.
De ida y vuelta
Una decisión posterior tomaría por sorpresa
a todos los griegos. Angelopoulos decidió no implicarse en la organización
de los Juegos y la prensa no hizo esperar sus comentarios. Según
la información que inundaba los medios griegos, no se le garantizaba
a Angelopoulos la autonomía ejecutiva que su fuerte carácter necesita.
Pasarían tres años en los que peligró la realización
de los Juegos en Atenas, debido a los grandes atrasos en la construcción
de centros deportivos y otras facilidades.
“La señora no pudo desoír la llamada de socorro
que le lanzó el gobierno después de que el COI advirtiera veladamente
que, o se impulsaban los trabajos, o los Juegos se irían a otra
ciudad”, sostiene el medio escrito español Gara.
Y los resultados no se hicieron esperar. Angelopoulos
tomó las riendas de los Juegos asumiendo la presidencia del Comité Organizador
(ATHOC) y, poco a poco, con su amplia sonrisa y su plantada seguridad
convenció a los miembros del COI que todo estaría listo para el
2004. “Llegamos a estar fuera de la carrera, pero estamos otra
vez en la pista”, dijo en Moscú el 15 de julio de 2001 a los ejecutivos
del COI.
No es raro escuchar a algún miembro del COI afirmar
que cuando ella habla “uno tiene que creerse lo que dice”.
En Salt Lake City, se presentó otra prueba definitiva.
El COI reprochaba retrasos en las obras, falta de plazas hoteleras
y una aparente despreocupación sobre los asuntos de seguridad.
“Vamos a destinar 600 millones de dólares para
ese capítulo”, dijo. Se trataba de una cantidad enorme que duplicaba
la destinada para esos juegos de invierno.
El ex presidente del COI, Juan Antonio Samaranch,
dijo en una entrevista a Associated Press, (AP) que Atenas estuvo
a sólo unos tres meses de perder la sede de los Juegos Olímpicos,
cuando él formuló una severa advertencia a los organizadores antes
de dejar su presidencia en 2001.
Samaranch atribuyó el mérito de haber logrado dar
vuelta a las cosas a Gianna Angelopoulos y a la decisión de los
dos principales partidos del país de no politizar la organización
de los Juegos.
“Fue Gianna, ciento por ciento”, dijo Samaranch,
elogiando el papel cumplido por Angelopoulos en el Comité.
Ella resolvió el problema de los hospedajes arreglando
que líneas de cruceros ofrecieran sus embarcaciones como hoteles
flotantes, convenció a los ministros encargados de las construcciones
de las facilidades olímpicas y de conexiones de transporte a acelerar
los trabajos, y por razones de seguridad, imploró a los griegos
a dejar sus automóviles en casa durante los Juegos y utilizar el
sistema de metro, en su lugar.
En cuanto a la cifra invertida en la seguridad
de los Juegos, Gara la estima en unos mil 500 millones de
dólares, cuatro veces más que la de Sydney y cinco más que la de
Salt Lake City.
Impecable inauguración
Pocos días antes de la apertura de los
Juegos Olímpicos, Angelopoulos podía haberle dicho a cualquiera: “Te
lo dije”, en griego, en inglés o en francés, idiomas que maneja
a la perfección, gracias al programa educativo que le impusiera
su padre, pero no sería necesario. Tampoco haría mayores aspavientos
ni fumaría esos grandes tabacos que acostumbra. Las obras casi
terminadas y el ambiente de triunfo que se disfrutaba en Atenas
eran suficientes. Los escépticos guardaron sus palabras.
Mientras, Angelopoulos mostraba a una docena de
periodistas internacionales invitados los grandes avances y disfrutaba
con ellos de una comida. Parte de la conversación quedó plasmada
en una entrevista que publicara The New York Times.
En ella, adjudicó el triunfo de la organización
a todos los griegos. “Es la sociedad, los ciudadanos griegos que
participaron, los que portaron la antorcha, los voluntarios, la
gente que compra boletos”.
Y sobre los rumores de que en más de una ocasión
estuvo a punto de renunciar dijo: “Hay formas de hacer un trabajo.
Yo las usé casi todas”.
Angelopoulos insiste en que no había cabida para
la duda en su labor. Por eso, su principal estrategia fue alentar,
incentivar a cada uno de los responsables a lograr sus metas. Así,
le prometió un beso a Petros Stavrou, ingeniero jefe de la construcción
del simbólico y extravangante techo del estadio diseñado por el
español Calatrava. En mayo, cuando el techo estuvo terminado, ella
encontró al ingeniero a su lado y éste le preguntó: “¿Ahora?”,
entonces ella lo besó.
Lo cierto es que “la señora”, como es llamada con
respeto y cariño por los griegos, tuvo que balancear las fuerzas
de la ciudad de Atenas, el Gobierno griego y varias empresas privadas
que en todo momento velaban por sus intereses. Y al parecer, lo
supo hacer bien, siempre al frente de todos los detalles, ya fuera
con sus elegantes vestidos o con su uniforme olímpico. “Siempre
tuvimos presente lo que significan estos Juegos para nosotros.
Soñamos con Olympia y nadie puede prohibirte soñar”.
Los Juegos Olímpicos dieron inicio el pasado 13
de agosto con una impresionante ceremonia de apertura. El orgullo
griego está al máximo y Angelopoulos también considera eso uno
de sus logros.
Orgullo griego
En la anteriormente citada entrevista a Le
Figaro, del pasado 2 de julio, Angelopoulos aceptó que la
tarea no fue nada fácil. “Tenía mucho miedo, miedo de ser la
presidenta, de ser la griega. Yo acepté la posición porque se
lo debía a mi país”, pero ella conocía la realidad de la imagen
de los griegos. Ella misma la había tratado en un simposio que
organizó en la Universidad de Harvard. Son respetados como individuos,
pero no como nación. “Nos hace falta un éxito colectivo, pienso
que los Juegos Olímpicos son una oportunidad de enseñarle al
mundo que Grecia no es solo un bonito país”.
Más adelante, al New York Times le diría: “No
hay un país que haya sido más subestimado que Grecia. Queríamos
probarnos a nosotros mismos”.
Pero el trabajo no ha concluido.
Piedras en el zapato
Quejas sobre la pobre asistencia del público
a los eventos durante la primera semana de los Juegos generaron
comentarios negativos dentro y fuera de Grecia.
El diario griego Ta Nea habló de una “guerra
de las hermanas olímpicas”, la ministra Fani Falli-Petralia, competente
para los Juegos, y Angelopoulos.
La ministra culpó de la situación a los organizadores: “El
ATHOC nos dijo siempre que todo estaba bajo control”.
Angelopoulos contestó por medio de uno de sus colaboradores: “Que
los estadios estén llenos o vacíos depende de las actuaciones de
los atletas”. Y el Gobierno es competente para ello, afirmó. El
ATHOC dice haber superado la cantidad de entradas que esperaba
vender para estos juegos.
Otra piedra en el zapato de Angelopoulos ha sido
la aparición en la revista Playboy de la utilización de
símbolos e imágenes del olimpismo para nutrir sus páginas con frases
tales como: “2004 segundos de éxtasis”, “busca el oro en el sexatlón”, “mejora
tu récord personal en la cama” o la transformada versión del clásico “citius,
altius, fortis” , –“más rápido, más alto, más fuerte”– en “más
duro, más profundo, más largo”.
El ATHOC se pronunció al respecto solicitando a
través de los tribunales la confiscación de los ejemplares de la
revista en la que aparecía incluso los nombres de Angelopoulos
y Jacques Rogge en un picante juego de palabras.
El juez rechazó la confiscación de ejemplares,
pero ordenó que la revista no utilizara más los símbolos olímpicos.
Pero tal vez lo que más le ha quitado el sueño
a “la señora” en estos días fue el escándalo de dopaje en el que
se vieron envueltos los griegos Costas Kenteris y Catherina Thanou,
quienes decidieron abandonar las competencias luego de las especulaciones
que causara un inusual accidente que los alejó de la amenaza de
un control antidopaje al que debieron someterse unos días antes
de los Juegos.
Angelopoulos mostró a Rogge su inquietud por la
influencia negativa que los casos de dopaje descubiertos en los últimos
días pudieran ejercer sobre la imagen de los Juegos.
Un periódico griego publicó que Angelopoulos y
Rogge, que coincidieron en la sede de remo, para una de las competencias,
tuvieron un “enfrentamiento verbal” a cuenta de los casos de dopaje.
Pero a pesar de las dificultades “la señora” no
dejó de pasearse por las sedes de las competencias para verificar
que todo marchara bien, saludar a sus amistades y apoyar a los
equipos griegos durante sus actuaciones. Es probable que no haya
dormido más de tres horas al día.
Más trabajo y aspiraciones
“El trabajo duro no me da miedo ni a mí ni
a las personas de ATHOC”, dijo Angelopoulos. “Toda mi vida he querido
hacer cosas excepcionales”.
Por eso muchos se preguntan si “la señora” se conformará con
terminar su exitosa participación en los Juegos Olímpicos de Atenas
o si tiene algunos planes más ambiciosos en la mira.
Eruditos, según la revista BusinessWeek,
especulan que Angelopoulos será candidata a la Presidencia de Grecia.
Aunque ella manejara las preparaciones olímpicas
de forma independiente, cuando perteneció al Parlamento era miembro
del partido Nueva Democracia que retomó el poder en el mes de marzo. “Las
Olimpiadas han sido una oportunidad para el país de brillar y si
ella es reconocida como una de sus arquitectas, ese puede ser un
trampolín hacia la Presidencia”, comentó James Ker-Lindsay, director
ejecutivo de Civilitas Research, un grupo de ideas con miras a
buscar soluciones (think tank) de Chipre.
La idea no es descabellada si se mira la trayectoria
de “la señora”. Ha ocupado cargos públicos, aceptó la organización
de los Juegos a pedido de los políticos de su país, luego de haberse
radicado fuera de Grecia, Fue nombrada embajadora de honor por
sus servicios en busca de la candidatura de Grecia para los Juegos
Olímpicos, ha elevado la estima de la población y sabe manejarse
perfectamente en los círculos políticos. “Conozco a todos los ministros
actuales, eso ayuda”, comentó al New York Times. Además,
maneja a la perfección los medios. Sobre ella Le Figaro publicó: “Evade
las preguntas capciosas: la deuda del país, los escándalos financieros
relacionados con los Juegos Olímpicos, el futuro de los trabajadores
extranjeros que han venido a trabajar... Una sonrisa, un cruce
de piernas, manos bien cuidadas en movimiento, ella usa palabras
maestras: honor, patria, trabajo y éxito”.
También evade las preguntas sobre sus planes después
de las Olimpiadas. Lo primero que va a hacer, cuando terminen los
Juegos, dice, es pasar más tiempo con sus tres hijos y su esposo,
aunque por lo visto, tomará la antorcha nuevamente muy pronto.
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