Niños con fiebre, ¡alarma!
Si hay fiebre, hay que mantener una temperatura ambiental agradable, beber mucho líquido y no ponerse mucha ropa
Ricardo Goncebat
Efe Reportajes
| LASERFOTO EFE |
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La fiebre consiste en la elevación de la temperatura axilar por encima de 37.4º C o de 37.9º C
si se toma rectal.
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Frases como "el niño está a 37 y medio" o "a la niña le duele la cabeza" son muy habituales en los hogares y constituyen los motivos de consulta más
frecuente a los pediatras.
Además, los padres y madres se alarman porque ven a sus pequeños desprotegidos.
La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de las cifras normales, que oscilan entre los 36.7 y 37 grados centígrados (ºC), medidos con un termómetro en la axila, la ingle, el recto o el oído, aunque el calor humano varía según la zona del cuerpo, la actividad física, la edad e incluso la hora del día.
Según la pediatra Marisa Herreros Fernández, la fiebre consiste en la elevación de la temperatura axilar por encima de 37.4º C o de 37.9º C si se toma rectal, pero “no decida que su hijo tiene fiebre poniéndole la mano sobre la frente, use el termómetro”.
Temperatura en alza
Si el pequeño tiene fiebre, mantenga una temperatura ambiental agradable, evite ponerle mucha ropa, y dele a beber abundantes líquidos, ofreciéndole líquidos azucarados sin forzarle.
Los expertos aconsejan controlar la temperatura y, si el niño está molesto, tratar su fiebre con fármacos antitérmicos, respetando las dosis e intervalos entre las tomas.
Los baños o compresas con agua templada reducen la fiebre en muy poco tiempo y solo deben usarse para ayudar a los antitérmicos.
¿Cuándo llamar al doctor? Si el niño tiene menos de 3 meses, está adormilado, decaído o muy irritable, si ha tenido una convulsión, si se queja de dolor de cabeza y vomita, si respira con dificultad, si su temperatura axilar supera los 40.5º C o cuando le aparecen manchas en la piel.
El impacto social de la fiebre es importante.
Según la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas, entre los 3 y 36 meses los niños tienen entre cuatro y seis episodios febriles agudos al año.
Los especialistas recuerdan que la fiebre, si bien debe verse como una condición que altera el bienestar físico del niño, también debe considerarse como la mejor señal de que hay alguna enfermedad infecciosa que debe ser controlada. Es como un semáforo que nos avisa de que algo va mal.
Los secretos del termómetro
Según los pediatras, el termómetro debe estar colocado durante un tiempo mínimo de tres minutos. El niño debe estar vigilado en todo momento para evitar posibles alteraciones que se traduzcan en una medición equivocada.
Hay indicios de que un niño tiene fiebre cuando presenta sudoración, enrojecimiento de la piel, escalofríos y respiración agitada.
Por otro lado, ciertos comportamientos como la disminución de la actividad normal, la inquietud e irritabilidad o la pérdida de apetito, son posibles indicadores febriles.
¿Qué tomar?
Los expertos resaltan la importancia de mantener una adecuada relación de confianza tanto con el niño como con sus padres para poder extraer de la historia clínica la información necesaria con el objeto de orientar las exploraciones y decidir el tratamiento más adecuado.
Uno de los medicamentos más utilizados para aliviar las manifestaciones febriles y dolorosas es el ibuprofeno, un fármaco antipirético, analgésico y antiinflamatorio que se presenta en formulaciones de acción rápida, especiales para los niños.
Sus versiones más recientes tienen un sabor a fresa, conforme al gusto de los niños, que a veces se resisten a tomar medicamentos, e incluyen una jeringa graduada para facilitar su dosificación y administración, y un tapón único, que permite llevar la jeringa precargada a cualquier lugar.
La fiebre y el dolor son procesos fisiológicos relacionados con la producción de una sustancias denominadas prostaglandinas. El ibuprofeno atenúa la fiebre y ayuda a normalizar la temperatura al inhibir la síntesis de las prostaglandinas, y alivia los cuadros dolorosos, al bloquear la producción central y periférica de prostaglandinas, actuando en la zona de percepción del dolor.
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