El
nuevo titular del MEF
Ricaurte Vásquez ha sido llamado a una tarea significativa para los intereses del país. Empeño para el cual está calificado de manera sobresaliente Fernán Molinos D.
A caballo entre la crítica caníbal que en el medio lleva a algunos a destruir a los demás por el placer de hacerlo, y la apología desmedida que no hace reparos entre méritos y merecimientos, nos rigen los prejuicios subjetivos cuando se trata de dar a cada cual lo que en justicia le corresponde.
Lo anterior explica que escuchemos hablar tan mal de tanta gente y ni un quinto de todo lo bueno que hace el resto. Dispuestos a avivar la pira donde se inmola a otros, somos mezquinos cuando se trata de reconocer las virtudes de una persona. Esto es notorio sobre todo en la opinión hecha pública a través de los medios. Si no, tómese alguien el trabajo de investigar las proporciones exactas entre ambos extremos. La razón puede ser el temor de proyectar la idea de que cuando se habla bien de alguien necesariamente se “anda” tras algún beneficio. En un panorama así habría que aceptar que si alguien concita de manera casi unánime la consideración ciudadana, se trata de un caso tan especial que trasciende el patrón cultural del que se habla. Tal sucede con la designación del doctor Ricaurte Catín Vásquez al frente del MEF.
Pertenece Catín Vásquez a una generación de panameños que encaró su preparación profesional como un desafío de crecimiento personal y, además, con un compromiso de servicio al país. Doctorado en economía administrativa y con una maestría en economía por el Instituto Politécnico de Rensselaer de Troy, Nueva York y de la Universidad de Carolina del Norte, fue distinguido en 1977 como uno de los ocho participantes del programa de la Fundación Fulbright en el Aniversario de Plata de dicha institución. Como otros jóvenes economistas, pudo hacer fortuna en el desempeño privado –en el cual tiene acreditado un prestigio sólido– y optó por la administración pública donde el premio es lento, si es que llega, y el aplauso público suele ir al viento de los cambios políticos.
El aparato de los Estados funciona gracias al trabajo anónimo, discreto y, por desconocido, olvidado de cientos de profesionales; especialistas en áreas cuyo impacto en el conjunto institucional pasa desapercibido. Son, en su inmensa mayoría, funcionarios honestos, incorruptibles, cuya capacidad y responsabilidad hace de soporte a la gestión de los gobiernos. Y casi siempre, en ausencia de una carrera administrativa que asegure su estabilidad laboral, integran la lista de los despedidos a la hora en que los gobiernos se renuevan. En algún momento habrá que cuantificar todo lo que el país pierde en preparación y en capacitación técnica y profesional para entrenar, a la vuelta de cada cinco años, el personal que debe relevar a los que salen con la simple notificación de la medida.
Hago mención de esto porque en gran medida Ricaurte Vásquez es un ejemplo de lo mejor que pueda decirse de los hombres y mujeres que laboran en la administración pública. Ellos, como lo hacen con igual sentido de la ética otros miles de ciudadanos en el sector privado y en los distintos órdenes de la vida nacional, exaltan lo más positivo de toda sociedad.
Por supuesto que hay quienes cuestionan la designación de Ricaurte Vásquez al frente del MEF. Ese es su respetable derecho. Solo que tal crítica sería válida si se sustentara con argumentos más contundentes que la mención de sus cargos en administraciones anteriores; y, aún más, con el registro puntual de fracasos o desaciertos perjudiciales para el país. Pero nada de esto hay en la trayectoria de este hombre que va a la oficina con una mochila de escuela heredada de su hija, y que se toma la vida con el desparpajo sencillo del hijo de Rosamérica que nunca ha dejado de ser.
Con su designación en el Ministerio de Economía y Finanzas, y el encargo adicional de presidir la junta directiva de la ACP, Ricaurte Vásquez ha sido llamado a una tarea significativa para los intereses del país. Empeño para el cual está calificado de manera sobresaliente, como lo confirman las reacciones positivas que dicho anuncio ha provocado en los círculos financieros internacionales.
Y esta convocatoria a servir una vez más al país se ha dado en momentos que, como los que han sometido tan severamente a prueba sus condiciones de salud, no han hecho otra cosa que comprobar su determinación de ponerle pecho a las circunstancias; de entregar lo mejor de sí.
Vinculado a la administración de la vía interoceánica desde 1996 como director de Finanzas del Canal de Panamá, fue designado subadministrador de la ACP en 1999. Su gestión en el ámbito de las finanzas de la empresa, que como en otros aspectos debió emprender camino a contracorriente de una cultura enraizada de manera estructuralmente secular en la institución; su participación en el Consejo Obrero Patronal, y su iniciativa e impulso decisivo en programas como el de Desarrollo Gerencial; Cultural de Verano, y El Canal de todos –que visita las escuelas del país y trae estudiantes de las provincias a conocer el funcionamiento de la vía– han hecho del suyo un papel estratégico en la transformación de la empresa en un organismo capaz de responder a las expectativas cifradas por los panameños en la plenitud de la soberanía nacional. El tiempo, que atempera las estridencias apasionadas del momento, permitirá apreciar en su dimensión justa la conjugación de sus papeles en el liderazgo que en esta tarea han compartido Alberto Alemán Zubieta y Ricaurte Vásquez Morales.
Aspecto destacado de la gestión de Vásquez ha sido la transformación de El Faro y el Canal al Día, el periódico y el programa de televisión de la ACP, respectivamente, en instrumentos de rendición de cuentas de la organización a todos sus accionistas, los panameños. Así, El Faro se inserta de manera gratuita en los medios impresos de mayor circulación del país. Su fin es informar de manera objetiva acerca de todo cuanto se hace en la entidad con miras a asegurar su transparencia administrativa. El Faro solo hace uso de adjetivos que se consideren indispensables y se diferencia de publicaciones similares por no administrar las relaciones públicas personales de sus directivos.
Al reseñar el ejemplo, voy a contrapelo de la moda en boga para hablar de lo bueno que también sucede en el país.
El autor es periodista
Además en opinión
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