Panamá, 21 de agosto de 2004
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Linda Watt, una panameña más

Debemos tomar un rol principal en la persecución de estos maleantes que sabemos bien quiénes son y qué quieren

Rafael Cozzarelli
anticorrupcionpanama@hotmail.com

Las relaciones internacionales son un rejuego de estrategias políticas y de movimientos de fichas en una partida de ajedrez, en donde las jugadas que ponen en jaque tanto a las naciones como a sus miembros son privilegio de los países más poderosos.

Desde sus inicios como embajadora de Estados Unidos en nuestro país, nos ha estado enviando mensajes claros de ayuda ante los graves problemas de corrupción, que desembocan a su vez en una serie de trastornos reales que afectan la economía, la imagen, la inversión, la estabilidad en materia de seguridad, hasta el crédito, y favorecen el injusto enriquecimiento de los cuatreros que se apropian del progreso del país, y a pesar de esto nos quedamos impávidos ante la arremetida indiscriminada de sus feroces intenciones de desangrar las arcas nacionales.

La corrupción es la antítesis de la moral, la ética, la democracia, la honestidad, la decencia, en fin, de los verdaderos valores que todo panameño debe tener y practicar en favor de una sociedad, en la que estamos obligados a respetar la voluntad y los bienes de los demás. Entonces, ¿qué queda de los corruptos después de analizar todos estos adjetivos calificativos? ¡Nada!, solo una putrefacta y empedernida conciencia que sucumbe ante el egocentrismo y el egoísmo de sus viles ambiciones.

Panameño es aquel que quiere lo mejor para su país, para sus conciudadanos, para su futuro, para su democracia; es quien se siente muy orgulloso de las cosas y la gente buena que todavía queda en este privilegiado país, por lo que bien cabe decir que la embajadora Linda Watt es también una panameña más, a pesar de lo que digan algunos pocos panameños, e incluso algunos entendidos en relaciones internacionales.

¿Por qué se sorprenden los corruptos y algunos políticos panameños (no es lo mismo que panameños políticos) ante una decisión de revocación de visas por parte de la Casa Blanca, que dicho sea de paso es muy leve, para lo que realmente se merecen? Es más, señora Watt, ¿no pudiera usted lograr que esta medida sea aplicada en todos los países del mundo para los panameños indeseables? ¿Se imagina usted?

Hace casi un año nuestro brillante canciller negó la ayuda ofrecida por Estados Unidos para limpiar la isla de San José. ¿Por qué más bien no le pide ayuda para limpiar nuestro país de la corrupción? Le aseguro que usted no se atreverá a hacerlo. Lo que sí le pudo vaticinar es que estaremos diariamente buscando e investigando actos de corrupción cometidos en este gobierno, y por cometer en los próximos que vengan; así que, todos, viejos y nuevos, a la bahía de Panamá a remojar sus barbas.

Por otro lado, Martín, la historia está en su contra, pero aún así puede rescatar el nombre del partido que fustigó a tantos panameños junto a los militares. Se equivoca al decir “0 corrupción” porque lamentablemente –y según los expertos en esta materia– la corrupción no se elimina del todo, solo se minimiza para que no le haga tanto daño al Estado, por esto, créame, que aunque haga lo mejor por erradicarla, siempre tendrá una voz detrás que le dirá “no cumplió”. Si todo lo que promete es cierto y existe en su voluntad… lo podrá lograr con la ayuda de todos, solo evite que sus copartidarios se unan a la especie indeseable de panameños que no quieren a este país, y escuche siempre a quienes, como la embajadora Watt, quieren apoyar a Panamá en esta incansable pero posible tarea.

Panameños, no todo debe provenir de manos amigas, debemos tomar un rol principal en la persecución de estos maleantes que sabemos bien quiénes son y qué quieren.

El autor es activista anticorrupción
Además en opinión

Movimiento de Acción Panameñista: Jorge Gamboa Arosemena
Mano Dura o alto al vandalismo y al caos: Ligia M. Justavino
La crisis del Seguro Social: Carlos Iván Zúñiga Guardia
Linda Watt, una panameña más: Rafael Cozzarelli





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